DANIEL DE LA AMISTAD, DANIEL DEL TRIGO

DANIEL DE LA AMISTAD, DANIEL DEL TRIGO

Con estos versos, hace cuarenta años, se refirió Eduardo Carranza, a Daniel Arango Jaramillo, en el homenaje que se le rindiera, luego de renunciar a su cargo como vicerector de la Universidad de los Andes, días antes de viajar a Europa donde adelantaría estudios de humanidades en la Sorbona de París.

26 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Decir adiós , poema tan bello como desconocido, al decir de Daniel Arango, plasma en versos insuperables una de las definiciones más válidas de lo que significa ser amigo y además, llanero.Y es desde allí, del Salón Rojo del Hotel Tequendama, lugar donde leyó Carranza este emocionado poema de despedida, que el viaje a Europa se convertiría en el inicio de otra etapa de realizaciones y reflexiones futuras, que muy pronto se verían compensadas con la Cruz de Boyacá, la orden Andrés Bello de Venezuela y la placa de Oro como ciudadano honorario de Ecuador y Bolivia.

Tanto así como la orfebrería precolombina o el obelisco de Puerto López, los metenses tenemos variados motivos para sentirnos orgullosos. Muchas de esas razones residen en nuestra cultura, en el paisaje de morichales, de verdes llanuras y de parques naturales como el Tinigua, Los Picachos y La Macarena.

Y en medio de todo ello, los hombres que han dejado huella en la historia y que dan brillo a cada uno de sus episodios. Un hijo de Villavicencio, Daniel Arango Jaramillo, ha hecho posible que cincuenta años de docencia universitaria en Los Andes, no pasen en vano, y que bajo la sombra de Teócrito, Aristóteles, Platón, Esquilo, Sófocles, Guillén, García Lorca, Baudelaire, Alberti y Leconte de Lisle, sus discípulos comulguen de alguna manera con esa mañana escrita de palmeras que en aquel emotivo festejo prometieran enviarle sus amigos, doblada entre una carta, a París.

La selecta historia del departamento del Meta, pocas veces se reitera en cada una de sus páginas. De ahí que sea necesario honrar a quien le ha servido, distinguir a quien lo ha llevado fuera de sus fronteras, conocer a quien no solo en el ejercicio político en el Congreso de la República o en la Gobernación del Meta sino en la enseñanza de una pulcra cátedra, se eleva con sinceridad incuestionable y límpido afecto por el Llano.

Por los senderos misteriosos de la sangre, en Daniel Arango Jaramillo confluye el tradicional linaje de un hogar memorable de viejos cristianos que creyeron en las bondades de la tierra llanera, el brillante ingenio que lo hace amigo del comentario impiadoso, inteligente y rápido, así como la habilidad para conocer más allá de las apariencias a quien tiene el privilegio de compartir con él una clase, una conferencia o una amena conversación.

Lector asiduo a un tesoro bibliográfico en español y francés, que como fiel guardián vela impasible todos sus días, es amante de la poesía que hace soñar, conocedor de las mejores expresiones plásticas colombianas, diplomático de corte y de campo, pero sobre todo, de palabra cierta, horario inglés y honor a flor de piel.

Daniel Arango Jaramillo, el Ministro de Educación Nacional, el embajador de Colombia ante la Unesco, el ensayista de La ciudad de Is y el experto conocedor de las intimidades y vericuetos de la carretera marginal de la selva, ha posado su amorosa mirada de bibliotecario devoto, en Villavicencio, en la Biblioteca Germán Arciniegas; circunstancia agradecida que sin excepción, nos inclina a mirarnos al espejo de los eruditos, de aquellos notables incomprendidos, y de quienes no nos sustraen del grato deber de proponerlos como figuras ejemplares del departamento.

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