UN SANADOR DE HERIDAS DE GUERRA

UN SANADOR DE HERIDAS DE GUERRA

A los 11 años Germán Casas supo que su futuro eran los niños, aunque aún no sabe con certeza por qué. A esa edad participó en el Gabinete de Pedagogía de España, un concurso promovido en 1979 por la Unesco a raíz de la publicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño. En él podían participar todos los niños del mundo con un escrito sobre ellos mismos.

15 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Entonces, Casas elaboró una encuesta y la aplicó a sus compañeros del Colegio San Bartolomé y a los de un colegio público.

Qué quiere que le regale el Niño Dios ? fue la pregunta que lo llevó a interesarse por los preocupaciones de los niños.

Los ricos pedían bicicletas o tenis Nike y los pobres, que sus papás dejaran de beber, consiguieran trabajo o que no lo perdieran. Esas conclusiones las escribí y envié a España , recuerda Casas, médico psiquiatra, director de salud mental del Instituto Roosevelt.

l nunca sospechó que su trabajo fuera a tener eco y menos que lo llevara a montar por primera vez en avión rumbo a Madrid, en donde el propio rey Juan Carlos de Borbón lo felicitó por su investigación .

Eso marcó mi vida. No me explicaba porqué me premiaban por decir que los niños su fren. Ahí comencé a darme cuenta que la gran mayoría de la gente no es consciente de su sufrimiento. Pensé en ser médico o pediatra para ayudar a los niños .

La convicción de que lo suyo eran los niños se la afianzó la siquiatra infantil Esperanza Hernández de Alonso, que lo hospedó durante el mes que estuvo en Madrid. Era la agregada cultural de Colombia en España y tenía una institución para niños espe ciales. Su trabajo me llamó la atención, regresé y decidí estudiar medicina .

Y es que todo en la vida de Germán Casas parecía confabularse para que no perdiera su rumbo.

Todo por los niños En 1981, el Ministerio de Educación lo buscó para que escribiera sobre los niños co lombianos para la Asamblea Internacional de Niños por la Paz. Con sus cuentos y poe sías, Casas consiguió el tiquete a Bulgaria.

Conoció a niños de todas partes, principalmente de países detrás de la desaparecida Cortina de Hierro . A través de sus historias comprendió el drama que deja la guerra. Allí, durante cuatro meses, aprendió la cultura de no a las armas.

Ahora, este médico javeriano especializado en psiquiatría del niño y del adolescente en la Universidad París Sud en Francia -gracias a una beca de Colfuturo- (ver nota anexa) está convencido de que Colombia vive la peor guerra del mundo.

Pero también cree que este sufrimiento no es gratuito y que, aunque los cambios no se verán a corto plazo, la esperanza, optimismo y capital humano, mantienen vivos a los colombianos.

Esas características son las mismas que llevaron a Casas a rechazar en 1998 una oficina en París y un sueldo en francos, ofrecidos por una ONG internacional. l decidió quedarse.

Todo lo cambió por la docencia y por el Instituto Roosevelt, en donde tiene a su cargo un equipo médico que busca rehabilitar a niños que padecen trastornos ocasionados por la guerra. Niños de la zona de despeje que no tienen acceso oportuno a un médico, que padecen desarraigo por ser obligados a desplazarse o a separarse de sus padres por causa del conflicto.

Casas también saca tiempo para viajar 3 ó 4 veces al año por Centroamérica y a París para cumplir sus funciones como referente de los programas de salud mental del capítulo Centroamérica de Médicos Sin Fronteras, la organización que lo acercó a la realidad de los niños de otros países afectados por la guerra y le afianzó su devoción por el trabajo humanitario.

Hoy, lo que más le preocupa al médico Casas es cómo curar las heridas que dejan el maltrato y la guerra en los corazones y las mentes de los niños de su patria, un lugar al que no se arrepiente haber regresado.

De los niños afectados por el conflicto colombiano dice que tienen gran resiliencia -esa capacidad para crear algo bueno de lo adverso-, el mismo motor que, está seguro, les ayudará a los niños colombianos a construir una patria próspera.

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