AL AIRE, EMISORAS DE LA PAZ

AL AIRE, EMISORAS DE LA PAZ

Nadie en la cabina de la emisora intentó cerrar los micrófonos, a pesar de las ofensas que comenzaron a dedicarse las dos estudiantes de noveno y décimo, enfrentadas desde hacía rato por un pisón en el bus.

24 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Las muchachas apenas terminaban de sacarse los trapos al sol, cuando el coordinador de la estación y el técnico de sonido dejaron rodar el casete que las registraba en pleno combate verbal.

Después del replay de palabras grandes llegó la vergenza de las alumnas. La pena las dejó cortas en insultos. Para tranquilidad no habían salido al aire.

Las voces que al día siguiente se amplificaron por los ocho parlantes distribuidos en patios y corredores del colegio Luis López de Mesa, hablaban de tolerancia, respeto, perdón y otras claves de convivencia.

Para gusto de los 1.050 estudiantes que van a ese centro educativo del sur de Bogotá en la jornada de la mañana, las conductoras de la emisión eran las mismas muchachas de noveno y décimo que se maldijeron por un encontrón en la ruta.

Como enmienda, ellas habían acordado la realización del programa con el coordinador de la emisora colegial, Juan de Jesús Guzmán, profesor de matemáticas.

A la cabina, que no ocupa más de dos metros cuadrados, van desde hace dos años docentes, estudiantes, y hasta padres de familia, que quieren remediar contradicciones.

Al aire, varios alumnos de sexto grado, y sus papás, superaron el malestar que tenían por la rebeldía de los muchachos, que pasaron una noche fuera de casa.

La consola y los micrófonos que hoy manipulan en el Luis López de Mesa no llegaron al centro educativo por goma de colegiales que querían imitar disc jockeys.

Tomaron su lugar en la institución por la necesidad de un medio para desahogar las tensiones producidas por las amenazas entre estudiantes, por las intimidaciones a profesores y por las peleas entre pandillas o amigos.

De la utilidad de estos instrumentos dan fe los muchachos.

- Antes este era un guache que no hablaba con nadie, pero desde que está en la emisora es otro , dice Viviana García, de décimo grado, al señalar a su compañero Antonio Zárate.

- Ahora si tengo problemas hablo con la gente para mirar si puede ser mi amiga , confirma el joven, sin ofenderse por lo de guache .

En red Los directores, productores, libretistas y técnicos de sonido dedicados a programar para la paz en el Luis López de Mesa son estudiantes de noveno, décimo y undécimo.

Se entrenaron en la Unidad de Radio del Ministerio de Cultura y este año han sido los maestros de los alumnos de otros 16 colegios distritales con problemas de convivencia, que comprobaron el provecho de la estación radial (ver recuadro).

Ahora forman la Red de Emisoras Escolares. Aunque todavía no se enlazan por dificultades técnicas, están listas para intercambiar programas.

César Rocha, del equipo investigador de conflictos escolares del Instituto de Estudios Políticos (Iepri) y guía de los estudiantes en el camino de las ondas hertzianas, piensa que la ganancia más importantes con la red de emisoras ha sido la posibilidad de visibilizar los conflictos.

Los muchachos dramatizan los problemas, hablan sobre las amenazas, sobre los parches y convierten a los enemigos en adversarios, es decir en personas que pueden pensar distinto y que no por eso se agreden , explica.

Las instituciones con problema de violencia, identificadas el año pasado por una investigación de las secretarías de Gobierno y Educación, fueron 60.

Sin embargo, el impulso para hacer radio de convivencia pacífica fue para los de mayor conflicto. Pertenecen a las localidades de Bosa, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe, Usme y Engativá.

En todos los casos los pelaos eran un problema para el barrio porque quebraban los vidrios, porque atracaban dentro o fuera del colegio, porque los profesores estaban amenazados, porque había agresiones a los directivos... , cuenta el asesor de seguridad de la Secretaría de Gobierno, Hugo Acero.

Equipos de sonido, muebles y todo lo que los estudiantes utilizan para cambiar las caras de los amigos de la violencia, fue conseguido con la ayuda de las juntas administradoras locales.

La hora de la lonchera, para los más pequeños, o del descanso para los más grandes, es la hora de la paz. Las emisoras se encienden solo durante los recreos, y sus señales, no atraviesan los muros de las instituciones.

Oírse y oír a los amigos de barra o a los compañeros de clase por todos los rincones del colegio, ha disminuido el desgano por el futuro, común entre los muchachos de zonas conflictivas.

Ahora sueñan con ser comunicadores, politólogos, antropólogos y otras cosas que definitivamente tienen que ver con la vida en sociedad.

Son 250 colegiales los que hacen libretos, arman tortas y decoran cabinas en distintos puntos de Bogotá, pero son miles los que pueden tocar las puertas de los rincones radiales para ser oídos sin necesidad de gritar.

Quiénes son -De la localidad de San Cristóbal: colegios Los Alpes, Manuelita Sáenz, Tomás Rueda Vargas y el San Cristóbal.

-De la localidad Rafael Uribe Uribe: los centros educativos Luis López de Mesa, Bravo Páez, General Páez, Nacional Restrepo Millán y Néstor Forero Alcalá.

-De Usme: los colegios Almirante Padilla y Miguel de Cervantes Saavedra.

-De Engativá: las instituciones Antonio Nariño y Magdalena Ortega.

-De Bosa: los colegios Fernando Mazuera, Carlos Albán, Brasilia y Pablo de Tarso.

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