SOLO FUE UN ERROR...

SOLO FUE UN ERROR...

Corrió al centro del campo del estadio Olímpico de Roma, con el banderín empuñado en la mano izquierda. El juego... Un juego? No, la final de la Copa del Mundo del 90 ya había terminado. El colombiano Armando Pérez Hoyos, uno de los jueces de línea, recuerda cuando el otro asistente, el polaco Michal Listkiewicz, le estrechó, sonriente, la mano al árbitro mexicano Edgardo Codesal.

24 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Ni el grito eufórico alemán ni el alarido atormentado argentino, hicieron que dejara de oír el sonoro Very good, very good! , con el que el árbitro suplente, el danés Peter Mikkelsen, felicitó a Codesal por la dirección del juego.

Armando, fue o no fue penal...?, rugió Codesal a Pérez, sin mirarlo, justo en ese instante.

Edgardo, me lo estás preguntando? contestó.

Sí. Te lo estoy preguntando.

Te equivocaste...

El penal ocurrió a seis minutos del final. El delantero alemán Rudi Voller ingresó al área y el defensor José Tiburcio Serrizuela se lanzó delante suyo. Alemán al piso y Codesal sopló el pito: Andreas Brehme pateó y Alemania ganó, con un 1 a 0, su tricampeonato mundial.

Defensa de Codesal Armando Pérez recuesta en la silla que está detrás del escritorio sus 47 años y los recuerdos de aquella noche del 8 de julio de 1990. A través del aparato telefónico que está en su oficina de distribución y representación de insumos hoteleros y cajas electrónicas de seguridad, desmiente con energía la versión que surgió el martes pasado, en voz del ex presidente de la Asociación Mexicana de Arbitros, Jorge Rojano. Aseguró que Codesal recibió presiones para favorecer a Alemania en la final de aquel Mundial.

Ese fue el partido más importante de mis 25 años de carrera arbitral, por eso lo recuerdo detalle a detalle. A mí tocó justo al frente la jugada y en mi concepto no fue penal. En el momento de la acción consideré, en mi interior, que Edgardo se había equivocado.

Pero solo fue eso, una equivocación, un error de apreciación. Edgardo es un gran señor. A mí nadie se me acercó para presionarme de algún modo para favorecer a ningún equipo durante el Mundial. Estoy seguro de que él actuó de buena fe y hoy, después de tanto tiempo, estoy absolutamente convencido de que fue un simple error. A Edgardo lo defiendo , dice.

Cómo explicar, entonces, las culpas que se reparten ahora? Pérez no sabe el porqué. Intuitivamente apunta a que alguien quiere sacar algún provecho o buscar protagonismo. Yo hice parte de la historia, estuve ahí... Me parece que todo esto es absurdo. No hubo ningún robo ni nada por el estilo ..

Esa noche El ex juez antioqueño, que colgó el pito en 1996, se hizo célebre por el secuestro de que fue objeto por supuestos apostadores en 1988. Tiene tatuados los recuerdos de esa noche en que Diego Armando Maradona lloró como un niño, frente a los ojos del mundo. El, uno de los futbolistas más grandes de todas las épocas, siempre habló de un robo en Roma. Ahora, con la rabia aún fresca, tiene más razones para asegurarlo.

Maradona lloró delante de mí recuerda Pérez. Todos los argentinos estaban muy molestos, y se referían a Edgardo en unos términos muy desobligantes, muy soeces. Con el único que yo tuve un encontrón fue con (Claudio) Caniggia, que no jugó ese partido por suspensión, y eso porque quise intervenir , recuerda Pérez.

Codesal no quería perderse la entrega de las medallas y de la Copa del Mundo. Tampoco los fuegos artificiales adornando la noche romana, a pesar de los insultos en su cara. Al fin y al cabo, era el momento más especial de su vida arbitral. Vámonos al camerino, vámonos al camerino! , le insistía Pérez.

En mi presencia, el señor (Julio) Grondona, uno de los vicepresidentes de la Fifa, el presidente de la Asociación Argentina; delante mío, a menos de un metro vio a Codesal y le gritó: Ladrón, hijo de puta...! .

Al oíro, Codesal atendió la sugerencia y se metió al vestuario. Y mientras Alemania daba la vuelta olímpica, el colombiano Armando Pérez pensaba que Maradona lloró por una equivocación de Codesal.

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