EL HERMANO DE ANELKA

EL HERMANO DE ANELKA

Nicolás Anelka es un jugador de fútbol francés de origen africano. Tuvo una destacada actuación en la Copa Mundo y se volvió famoso. Un equipo inglés, el Arsenal (uniforme como el de Santa Fe) lo compró y, después de dos años, lo vendió al Real Madrid. Este pagó por el pase más de 36 millones de dólares (unos 72 mil millones de pesos) y lo presentó hace tres meses, cuando empezó el campeonato, como la gran figura del fútbol en España. No era para menos: él constituye el segundo traspaso más caro de la historia el fútbol.

29 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Pero resulta que Anelka ha sido un fracaso. Un desastre futbolístico, que calienta banca y ha sido incapaz de anotar un solo gol, y un problema humano. Porque Anelka, que sólo tiene veinte años, revela una personalidad deprimida y melancólica. No habla con sus compañeros de equipo, a duras penas emite monosílabos a la prensa, no conoce nada de Madrid, y se la pasa recluido en su casa, donde lo rodean, protegen y controlan su hermano Didier (Didié) y una nube de primos y sobrinos.

Ahora se ha sabido que se fue del Arsenal porque Londres le parecía triste. Y está resultando que Madrid también se le antoja triste; tanto, que ha expresado su deseo de dejar el fútbol. La verdad, por supuesto, es que el triste es él, Anelka.

Hace poco estuvo en España el presidente de Francia Jacques Chirac. Era la primera visita de un jefe de Estado francés a su vecino y rival en tres cuartos de siglo. El histórico encuentro se cerró con una fastuosa cena de gala que ofreció el gobierno francés a sus anfitriones. Chirac invitó a los franceses más notables de España y en esta lista dorada el Real Madrid logró colar a Anelka para infundir ánimo a su costoso personaje.

Y ocurrió lo impensable. Anelka se excusó de asistir. Cuando la prensa le preguntó la razón de su negativa, la taciturna estrella respondió haciendo pucheros: -- Porque no invitaron a mi hermano Didier.

La respuesta pasó de la sección de deportes a la sección política y aterrizó, de repente, en una trascendental rueda de prensa que ofrecieron Chirac y el presidente del gobierno español.

Cuando uno de los cien reporteros asistentes a ella preguntó al sorprendido presidente francés qué opinaba de que Anelka se negara a acudir al banquete porque no habían invitado a su hermano Didier, Chirac, en vez de defender el recio protocolo oficial o pedir comprensión a la decisión personal del invitado, ofreció una respuesta brillante: -- Permítanme --dijo alzando las manos-- que no me inmiscuya en cuestiones de familia...

El final de la historia es que los jefes del triste Real Madrid, viendo cómo seguían esfumándose los 36 millones de dólares, agarraron al triste Anelka por sus tristes narices y lo obligaron a presentarse en la pomposa cena, posiblemente con su hermano Didier. Lograron, además, que el jugador entregara sendas camisetas del equipo a los dos presidentes, y que éstos posaran para la prensa. Se había salvado por ahora la inversión.

A mí me encantó el comentario de Chirac, pero me gustó más la excusa de Anelka. De modo que hace un par de días, cuando me llamó un amigo para reclamarme por qué no había asistido a un coctel que ofreció su empresa, le dije: -- Porque no invitaron a mi hermano Didier.

Pienso seguir utilizando esta excusa para rehuir toda invitación que me aburra. Hasta ahora había copiado una fórmula de Groucho Marx. Cada vez que a Groucho le llegaba una invitación para una comida, producía una rápida respuesta manuscrita o verbal: -- No iré, porque no tengo hambre.

Lo malo de la gambeta de Groucho es que no era utilizable en conferencias, recitales, apertura de exposiciones, sesiones solemnes ni lanzamientos de libros. La de Anelka sí. La próxima vez que reciba la invitación a un matrimonio --una de las amenazas más temibles de la vida en sociedad--, atenderé así la solicitud del de R.S.V.P: No voy, porque no invitaron a mi hermano Didier . Y daré gracias por la inspiración a Anelka, quien, para entonces, seguramente ya se habrá hecho cartujo y habrá dejado al Real Madrid con una deuda impagable por 36 millones de dólares.

En cuanto a Chirac, pude saber que recibió la camiseta de Anelka, agradeció el gesto a su lacónico compatriota, pero nunca quiso ponérsela. Hace poco su hijo le preguntó por qué. Y Chirac contestó muy sentido: -- Porque no le mandaron una a mi hermano Jean-Pierre.

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