NO HUBO PERSECUCIÓN SOCIAL

NO HUBO PERSECUCIÓN SOCIAL

Señor Director: No sin sorpresa he leído el ensayo sobre 35 años de conflicto , escrito por don Francisco Reyes Posada, en quien pudo más la mala voluntad hacia el suscrito que el rigor investigativo. Es lástima que una publicación que hubiera podido ser importante haya caído a los niveles de un comentario sectario, pleno de vaguedades.

22 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Afirma el autor del ensayo de la referencia que el fracaso de la reforma agraria y el hostigamiento del gobierno de Turbay Ayala contra la movilización social les permitió a las guerrillas capitalizar a su favor la represión .

Nada más reñido con la realidad que la tendenciosa afirmación de una imaginaria persecución de los movimientos sociales durante mi gobierno. Hubo sí una estrategia constitucional para reprimir el alzamiento y asegurar la honra, vida y bienes de los colombianos, que se vieron amenazados por actos delictuoso, realizados por la subversión, como el asesinado del ex ministro de Gobierno doctor Rafael Pardo Buelvas, el robo de las armas del Cantón Norte, la toma de la Embajada de la República Dominicana y los constantes asaltos a puestos militares y estaciones de Policía.

El Ejecutivo, con el pleno respaldo de los partidos que colaboraban en el Gobierno, decidió hacerle frente a la subversión y al efecto autorizó a la fuerza pública para reprimir el alzamiento en los términos que la Constitución establece. No era la apelación a la guerra sucia, sino la aplicación de la legalidad marcial.

El dilema que tenía el país era el de optar por la rendición a la guerrilla o el restablecimiento del orden público, utilizando todas las herramientas constitucionales. Naturalmente, no descartamos la posibilidad de una paz negociada y por ello, bajo mi gobierno y con la valiosa colaboración del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, se constituyó la primera Comisión de Paz, que reglamentó el artículo 28 de la Constitución Nacional y decretó una amnistía que no fue atendida por la subversión.

Naturalmente, existían otras alternativas que el Gobierno no intentó y que luego probaron su ineficacia, como las políticas de casa, taxi, beca y viaje.

Tengo la absoluta tranquilidad de conciencia de haber cumplido con el juramento que presté al tomar posesión de la Presidencia de la República, de entregarle a mi sucesor intactas las instituciones jurídicas y democráticas.

Recuérdese que en virtud de la política de respeto a la Constitución que mi gobierno adelantó, se crearon las condiciones para levantar el estado de sitio, derogar el Estatuto de Seguridad y entregar el mando en plena normalidad constitucional.

A este respecto bien vale la pena destacar en esta carta el reconocimiento que el presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, señor Don Tom Farer, hizo en Santa Lucía en las sesiones de dicho organismo en 1981. Dijo textualmente: Para concluir, señor presidente y señores representantes, en las recomendaciones que formulamos, con respecto al estado de sitio, en cuanto a reducir el alcance de la jurisdicción militar al punto que pueda aplicarse a los civiles, con respecto a mejorar las garantías de seguridad personal, para todos estos casos, las recomendaciones han sido concebidas para ayudar a un gobierno y a una nación, la cual, a juicio de la Comisión y de acuerdo con las observaciones que se han realizado in loco en la historia de la Comisión, un gobierno y una nación que están consagrados al principio de los derechos y a la protección de los Derechos Humanos. La relación de la Comisión con el Gobierno de Colombia han sido continuamente de positiva colaboración y no de antagonismo.

Solo puedo terminar ofreciendo mis sinceras felicitaciones al Gobierno de Colombia por haber sentado uno de los más importantes precedentes en lo concerniente a la defensa y promoción de los Derechos Humanos que hemos contemplado en la última década. Con esto termino, señor presidente, mi comentario sobre el caso de Colombia .

En estos términos dejo fijada mi posición respecto a los mal intencionados comentarios del sociólogo doctor Reyes Posada en las Lecturas Dominicales de EL TIEMPO, correspondientes al 17 de octubre de 1999.

Julio César Turbay Ayala

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