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EXPRESIÓN Y BELLEZA EN ARCILLA

EXPRESIÓN Y BELLEZA EN ARCILLA

La imagen de la mujer la trabaja con su belleza tradicional, al que le incorpora ese otro símbolo que se asocia con la maldad, la feura e incluso la violencia. Cada trabajo que realiza refleja las vivencias que afrontó durante su infancia en la década de los 50 s.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
31 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

Hijo de una tolimense con tendencias artístiscas y de un padre que, aunque no gustó del arte, jamás le retiró su apoyo moral y económico.

Carlos Cortés Hernández simpatizó desde muy niño con los colores. Eran su diversión. Le preocupó siempre que sus manos no crearan figuras y trazos nuevos en las cartulinas y lienzos con las que se entretuvo por varios años.

Pero su capacidad artística se vislumbró tempraneramente. A los nueve años de edad realizó sus primeros trabajos en piedra de calicanto. Las otras técnicas no las olvidó.

La estabilidad del hogar permaneció hasta cuando la violencia lo permitió.

Como buenos liberales no gozaban del aprecio de la mayoría de habitantes del Espinal, en el departamento del Tolima, donde vivieron algunos años.

El poco ganado que tenía mi padre, dice Cortés, se lo robaban permanentemente; los trabajadores de la familia eran insultados en el pueblo y, desde el púlpito se lanzaba toda serie de improperios contra los Cortés Hernández.

El destino fue Bogotá. En la capital ingresó a la Universidad de los Andes donde culminó sus estudios de Escultura.

Aquí tuvo la oportunidad de conocer a Negrett, quien fue su profesor. Con él afianzó sus conocimientos de las formas y los colores.

Pero hubo un acontecimiento que recuerda permanentemente. En mayo de 1965 realizó su primera exposición.

Recuerda que siete de sus 13 obras fueron adquiridas por el público. La satisfacción fue grande.

Pero no más que la sentida cuando se enteró que entre los analistas de su obra estuvieron el presidente Guillermo León Valencia y crítica Marta Traba.

Tampoco olvida que por esos dias reclamó su cédula de ciudadanía. Posteriormente, ingresó a la Escuela de Cerámica del Distrito. Luego de cinco años se graduó como cermista.

Pero todo no era solo estudio. Y no podía serlo, porque hay algunas necesidades que no se satisfacen exclusivamente con las realizaciones artísticas. A la vez que profundizaba el conocimiento, lo daba a conocer a las nuevas genraciones.

Cortés se dedicó a la pedagogía. Los primeros estudiantes que tuvo a su cargo eran jóvenes inquietos de la Universidad de Caldas. También orientó, durante cuatro años, a los estudiantes de Bellas Artes en Cali que tomaban la clase de cerámica.

A mediados de los 70 s trabajó su primera escultura de cinco metros de altura. La Presidencia de la República fue su contratista en vista de que en 1980 se conmemoraban los primeros 150 años de la muerte del Libertador.

En este trabajo diseñó al prócer sentado sobre su caballo Palomo . Pero el conocimiento no fue exclusivo para los estudiantes del arte que exponen en los recintos cerrados de las universidades o en los institutos de la cultura académica.

A este también tuvo acceso un grupo de jóvenes, que por diferentes motivos, se rehabilitaba en la Casa Bosconia Marcelino. Allí, no sólo expuso sus destrezas en la cerámica.

Sin proponérselo aprendió, durante tres años y medio, por qué la actitud resentida de los niños de la calle hacia los demás. Conoció que, estos seres que -según él- son golpeados por la sociedad, también son capaces de producir.

Quizás, dice Cortés, el arte es el mejor incentivo para estos menores. Pero este artista no es ajeno a la situación del gremio artesanal.

Su meta: el rescate de la artesanía auténtica como expresión popular. Considera que esta labor conlleva a una selección de la obra artística.

Por ejemplo, dice Cortés, el bordado tiene visos artesanales pero, carece de concepto.

Como este, los ejemplos sobran. Para este trabajo, cuenta con Alicia -su esposa y motorcito de su vida-.

Y con ella y su hijo compartió la Medalla al Mérito Cívico Santiago de Cali, otorgada recientemente por la alcaldía local.

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