CHIQUI MANIPULADOR

CHIQUI MANIPULADOR

Todo no ha sido más que un magnífico espectáculo circense de maromeros y manipulación. El anunciado debate al ministro de Minas, Luis Carlos Valenzuela, en el Congreso, no resultó debate. Y no resultó por varias razones...

12 de diciembre 1999 , 12:00 a.m.

En un acto de injerencia sin precedentes, el Gobierno logró que por Señal Colombia se transmitiera la intervención del Chiqui , pero no la del senador Hugo Serrano y parcialmente la del ex ministro Carlos Rodado. Pero lo más grave es que el Gobierno a través de sus parlamentarios impidió la intervención de Jaime Castro, a pesar de que había una proposición previa en ese sentido para participar, por simple temor ( culillo lo llaman algunos) a que Castro sí descubriera la trama del Chiqui , versado como es en estos temas de las incompatibilidades e inhabilidades de funcionarios que saltan del sector privado al público sin limitaciones ni reatos morales.

No hubo debate. El Gobierno, con su carga de congresistas comprados con puestos, impidió que lo hubiera. Y la opinión se quedó con la versión histriónica de Valenzuela, pero sin conocer a fondo las posiciones e inquietudes de la contraparte. En cambio, lo que sí resultó sorpresa, por la carga de acusaciones, fue el reportaje que Rodado concedió a El Espectador el jueves pasado, en el que el ex presidente de Ecopetrol formula denuncias graves, como que la famosa Carta de Intención fue hecha entre el Ministerio de Minas y la empresa Enron sin su conocimiento.

El cuento es como sigue: la junta directiva de Ecopetrol le pide a Rodado que elabore un memorando de entendimiento con la Enron, encaminado a llegar a un acuerdo para exportar gas colombiano a Panamá. Pero ojo! ni el Ministro ni la junta le dicen que ese documento se tiene que firmar en su próximo viaje a Houston. Rodado se desplaza a esta ciudad a exponer la nueva política petrolera de Colombia y las oportunidades de inversión en el sector de hidrocarburos. No tiene contemplada en la agenda de su visita a Houston la firma de un memorando de entendimiento con la Enron. Sin embargo, al final de una cena, la viceministra de Hidrocarburos, María Mercedes Prado, le dice a Rodado que si no va a firmar dicho memorando, tiene que explicarles a los ejecutivos de la multinacional las razones por las cuales se abstiene de hacerlo.

Rodado expone sus razones, aunque se le insiste en que redacte una Carta de Intención para ser revisada en un desayuno al día siguiente. Rodado sale bien tarde de la cena, trasnocha y redacta su versión. Llega al lugar convenido y encuentra allí a funcionarios de la Enron y de la Texaco y a la Viceministra de Hidrocarburos. Esta se levanta, lo invita a una mesa vecina y le dice que el documento que se va a firmar es el que ella le entrega. Rodado lo lee, reacciona con disgusto y se niega a suscribirlo. Considera que es una versión sutil de algo que él ya había rechazado en Colombia. Además, no entiende por qué aparece el Ministerio de Minas y Energía como una de las partes firmantes de tal documento. No acepta que le impongan el plazo perentorio del 15 de noviembre para tener acordada y ejecutada la firma de un contrato de venta de gas , lo que reduce a Ecopetrol al papel de simple vendedor de un recurso natural colombiano, sin beneficiarse del servicio de transporte y comercialización hacia el exterior. Y tampoco acepta que se coloque al Presidente de Colombia como árbitro, en el evento de no llegar a un entendimiento el día 15 de noviembre.

Todo lo anterior lo lleva a uno a pensar que el Chiqui Valenzuela estaba bastante interesado en que se cerrara la negociación con la Enron, aunque la prensa la prensa blanca y sus revistas de que bien habla Daniel Samper oculte semejante hecho. Y también se advierte de sobra que, cualquiera que sea el nombre que se le quiera dar, existían presiones y no tan disimuladas para que se cerrara de manera precipitada un proceso en condiciones contractuales y económicas que al entonces representante legal de Ecopetrol le parecieron lesivas para la empresa y el país.

En el supuesto debate en el Congreso, el Ministro de Minas no niega la desafortunada intervención de su subalterna, la doctora Prado. Lo acepta. Sostiene que el texto lo elabora Enron, pero la pregunta difícil de responder es por qué el Ministro estaba dispuesto a firmar un documento cuya competencia les corresponde a otros actores, y por qué se anticipan a presentar al presidente de Ecopetrol un texto con cláusulas que él ya había rechazado. Otra pregunta sin respuesta es por qué la Viceministra de Hidrocarburos fue portadora de un documento que preparó la Enron y que servía a los intereses de esta y no a los del país, y promovió su firma. Documento que involucraba al Presidente de Colombia en un papel que no tiene nada que ver con sus funciones oficiales.

Lo relatado prueba dos cosas: que el Ministerio tenía interés especial en que se firmara el contrato y que Rodado fue presionado por todos los medios para que así ocurriera, según sus propias denuncias. El documento de Houston es la prueba reina de todo lo dicho. Que investiguen, pues, la Procuraduría y la Fiscalía tales denuncias, porque de lo que no cabe duda es de que aquí hay o hubo gato enmochilado

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