CONFUCIO ESTÁ DE CUMPLEAÑOS

CONFUCIO ESTÁ DE CUMPLEAÑOS

Por estos días China celebra el cumpleaños de un hombre tan vasto, tan antiguo como ella misma: Confucio, el sabio y filósofo que dio cuerpo racional al Estado y la sociedad china, nació hace 2.550 años.

19 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Tan influyente para esta parte del mundo como Aristóteles en Occidente, Kong Fu Zi, el maestro Kong, más conocido como Confucio de acuerdo a la transliteración de los jesuitas que primero tradujeron sus escritos, es, quizá, más perdurable.

Desde su muerte en el año 479 antes de Cristo, su doctrina ética y filosófica, con altibajos propios de la política, se convirtió en la ideología oficial de los monarcas por mandato del cielo que gobernaron a China durante casi toda su historia. Y pese a que a partir de la revolución democrática de 1911, la comunista de 1949 y, en particular la Revolución Cultural de los años sesenta, su enseñanza se declaró reaccionaria, muchos chinos, aún sin saberlo a veces, viven de acuerdo a las reglas que este contemporáneo de Buda proclamó en sus tiempos.

Confucio tuvo la vida de los profetas sin convertirse en abanderado de una nueva religión. Nació en 551 Antes de Cristo en el Estado de Lu, en el hoy día pueblito de Qufu, provincia de Shandong. Hijo de una familia aristocrática venida a menos, fue sirviente en otra casa noble, fundó a los 22 años una escuela que le valió empezar a ser consultado por el monarca local en cuya administración ocupó algunos cargos, antes de renunciar e irse a vagar por China, acompañado por sus seguidores, durante 13 años. Volvió a Lu, donde pasó los 5 últimos años de su vida, enseñando.

Doctrina resistente Sus discípulos compilaron sus enseñanzas en nueve textos, los Cinco Clásicos y los Cuatro Libros, que siguen siendo la base, pese a 2.550 años de una historia llena de cataclismos y 50 años de negación comunista, de lo que en Occidente se conoce no sin esquematismos como el modo de vida chino .

Confucio reinterpretó los clásicos de su tiempo, rescatando algunos principios básicos, emprendiendo una vasta sistematización de las reglas para vivir en sociedad. Más que una filosofía, su obra es una suerte de minucioso código ético, normas del cual a veces repetimos sin saber a quién pertenecen ( no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo , por ejemplo). Normas que rigen la relación entre padres e hijos, entre marido y mujer, entre soberano y súbditos; rituales meticulosamente descritos para el matrimonio, los entierros o las ceremonias públicas; y una Vía para que el individuo perfeccione a lo largo de su vida la bondad inherente al género humano, encarando cada pequeña cosa de la vida cotidiana como un campo para trascender, son la esencia de las enseñanzas de Confucio.

El primer monarca que unificó China vio un peligro en los llamados de Confucio a que el soberano sea recto y ordenó quemar todos sus libros y matar a sus seguidores. Desde la dinastía Han (206 antes de Cristo), empero, los gobernantes por mandato del cielo (idea confuciana, de paso) entendieron que el conformismo que pregonaba les venía como anillo al dedo: los súbditos deben obedecer al soberano, el hijo reverenciar al padre, la esposa someterse a su marido. Desde entonces hasta 1911, por más de dos mil años con algunos altibajos, el confucianismo fue ideología de Estado y base para los exámenes del servicio civil.

Y, sobre todo, moldeó los cánones para la vida en sociedad. Al punto que, pese a que estos años de comunismo pusieron en segundo plano al sabio y sus libros dejaron de editarse por años, muchos chinos siguen viviendo, honrando a sus ancestros, casándose y sometiéndose al poder establecido, acorde con lo que Confucio enseñó. Y, aún los que se rebelan, en estos tiempos en que la cultura occidental penetra cada día más en el tejido social chino, lo hacen en términos de la vieja dicotomía confucianismo-anticonfucianismo, como entre lo tradicional y lo nuevo. El despliegue con el cual el régimen chino celebra estos días el aniversario del viejo sabio es quizá revelador, tanto de la utilidad de sus tesis para los poderosos de China, como de su vigencia entre el pueblo raso, pese a los cambios introducidos en esta sociedad por la economía de mercado.

FOTO: Confucio tuvo la vida de los profetas sin convertirse en abanderado de una nueva religión

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