UN SEGUIMIENTO A LA ESPERANZA

UN SEGUIMIENTO A LA ESPERANZA

La del domingo fue una explosión de esperanza. Se exigió el fin de los secuestros y se afirmó la convicción de que los secuestrados regresarán. Con la misma firmeza se planteó el silencio de las armas, el final de la violencia y la muerte de la guerra. Fue un largo, interminable y clamoroso desfile movido por la esperanza. Pero como la esperanza no figura en el vocabulario con que se hacen las chivas, ni conmueve el olfato de los cazadores de noticias de impacto, uno sentía que los reporteros de los distintos medios se movían por entre los datos y la realidad de las marchas como por un terreno extraño. Para caminar por terreno llano y conocido prefirieron volver los ojos a la mesa de conversaciones en la Uribe, en donde la presencia de los guerrilleros hacía más periodística la información.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Un problema parecido tuvieron los editores de este periódico con la noticia sobre el premio Príncipe de Asturias entregado la semana pasada al Instituto Caro y Cuervo. Cuál era la noticia, el premio o la presencia, en el mismo recinto, de dos adversarios políticos? La vieja convicción de que lo periodístico es el enfrentamiento, el choque, resolvió el conflicto en favor de un titular y un enfoque en que la anécdota, más supuesta que real, prevalecía sobre el esfuerzo y el hecho admirable y admirado. El lenguaje de las chivas es demasiado limitado para destacar un triunfo intelectual como el que brilló en Asturias, pero abunda en palabras para crear un chisme parroquial.

Para moverse con soltura por el terreno de temas como el de las marchas del domingo, habría que reunir elementos como estos: .- La esperanza colectiva manifestada en esos eventos es más que un apoyo circunstancial, es esencial para un proceso de paz. Anotaba el profesor Malcom Deas que un verdadero acuerdo de paz tiene que incluir una sustancial y eficaz mayoría de los colombianos; me parece que sin eso un acuerdo de paz no puede funcionar. Era la dimensión que la prensa tenía que ver y hacer ver: mientras el proceso tenga apoyos como ese, el camino hacia la paz está abierto.

.- Otra parte de la verdad de las marchas es que millones de colombianos creen que, a pesar de todo, hay posibilidades que aún existen y que atraviesan lo real. Este, desde luego, no es un mensaje común en los medios. Separatas como las de los rabiosamente optimistas son excepcionales cualitativa y temporalmente, y provocan reacciones como la del lector que preguntaba: por qué esas noticias no hacen parte del material informativo de todos los días? Los millones que corearon no al secuestro, no a la guerra, no a la guerrilla, no a los paramilitares, no a la corrupción, creen en eso. A la prensa le toca informar que son millones los que creen en eso. En una críptica sentencia, Heráclito decía: el que espera lo inesperado, lo encontrará.

Pero esa esperanza, clave en el proceso, es vulnerable. Basta examinar los elementos de que está hecha: la esperanza colectiva se apoya en la autoestima. A una mayor autoestima corresponde una más vigorosa esperanza. Noticias ciertas como el premio Príncipe de Asturias, fortalecen esa autoestima; en cambio, el chisme del saludo o no saludo entre el presidente y el expresidente empobrece la estima colectiva, como anotaron esta semana los lectores.

La esperanza es fe en el futuro, es capacidad de poseerlo y construirlo, pero puede anularse cuando la visión se acorta y se queda en la contermplación de lo negativo. La contribución de los periodistas irlandeses a su proceso de paz comenzó cuando, a pesar de los atentados y de la radicalización de los combatientes, descubrieron que el odio era enfermedad de una minoría y que aún había una historia por hacer. ese día comenzó el futuro para Irlanda.

Ese mismo carácter puede llegar a tener lo que lograron los medios el domingo. Buena parte de la motivación de las marchas, salió de los medios. Se trataría de hacerle un seguimiento a la esperanza que ese día se manifestó multitudinariamente. No es lo mismo que confirmar un chisme o que contar una tragedia. Es algo más exigente: es oír cómo crece la yerba de la historia, y ser capaz de contarlo..

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