DUEÑOS DE LA PAZ

DUEÑOS DE LA PAZ

Una de las pendejadas que repetimos los del Eme durante los años 80 fue una frase que dijo Jaime Bateman en una entrevista con Germán Castro Caycedo: El que se quede con la bandera de la paz gana la guerra .

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Eran los momentos en que Rosemberg Pabón, con un comando armado, se había tomado la embajada de República Dominicana para demandar la libertad de los presos políticos de las cárceles colombianas. Bateman, visionario, descubrió que en el proceso de negociaciones de la camioneta amarilla, entre el Gobierno y la guerrilla, con la intermediación de la comunidad internacional y el testimonio de la opinión pública nacional, lo que se había abierto era una nueva etapa en la vida de Colombia, la esperanza de paz a través de la negociación política.

La frase de Bateman se movía todavía dentro de la exaltación de la guerra, que era lo aceptable en las filas revolucionarias. Por ello, los que asumimos esa frase al pie de la letra creímos que la paz era solo un pretexto para azuzar a los jinetes de la guerra. Esa creencia la tuvo, también, el entonces presidente de la República, Belisario Betancur. Muerto Bateman, quedó la frase sin dueño y sin contexto, se convirtió en consigna, en doctrina, y la paz como bandera, en un ingrediente más de la disputa armada. Esa exacerbación terminó en el holocausto del Palacio de Justicia.

De ello hace 15 años. Y, sin embargo, hay todavía quienes creen que la paz es un objeto , una frase, un símbolo, un botín de guerra, una palomita, un papagayo, un moño, una firma, un cargo, una plataforma política, un truco, una foto, un premio, un contrato.

El peor enemigo de la paz es esa pequeñez. La tenemos los ex guerrilleros cuando creemos que lo hecho es lo único válido. La tienen también los que desprecian el doloroso y difícil camino de paz ya recorrido. La guerrilla, que aún piensa que lo que se ha hecho es inútil y que la verdadera paz la tienen ellos, secuestrada en algún lugar de su geografía ideológica. Los paramilitares, cuando se asumen como garantes armados de la negociación, para que la guerrilla no le ponga conejo a la paz . La Iglesia, cuando predica que la paz es un bien espiritual cuya administración le compete fundamentalmente a ella. Las ONG, cuando, en lugar de apoyar la civilidad, la manipulan o la sustituyen.

La paz es, ante todo, un reclamo nacional. Y le pertenece más a ese ciudadano anónimo que le ha dicho NO MAS a la matazón de colombianos, a ese civil indefenso que marcha contra la guerra porque es su gana, a esa familia con una víctima en su seno y que no quiere más dolor ni más sangre, a esa comunidad, como Mogotes, que quiere construir relaciones sanas y libres y ya sabe que hacerlo en medio de las balas es imposible.

Por ello, esa paz de todos, simple, sencilla, de a pie, pero multitudinaria y entusiasta, es la que finalmente derrotará a la guerra

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