EXTRADICIÓN Y EXPECTATIVA

EXTRADICIÓN Y EXPECTATIVA

Una larvada expectativa frente a la manera como culminarán los procesos de extradición que solicita Washington, se ha hecho más inmediata y evidente tras la captura de más de 30 presuntos narcotraficantes en la llamada Operación Milenio, calificada como uno de los más duros golpes de los últimos años contra el narcotráfico internacional.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Se inicia así un período lleno de tensos interrogantes y no pocos temores. Aquellos que podría suscitar en el país el recuerdo de épocas aciagas del pasado, cuando la consigna contra la extradición se convirtió en el pretexto para una brutal ofensiva narcoterrorista, que pretendió intimidar al Estado y a la sociedad colombiana en su conjunto. No es gratuito aunque pueda parecer imprudente que el presidente Pastrana haya advertido durante su último viaje al exterior que si hay narcoterrorismo los extradito a todos . Alude presumiblemente el Presidente a la declaratoria del estado de conmoción interior que podría producir esta circunstancia, lo que según algunas interpretaciones le permitiría aplicar la extradición mediante un acto administrativo. Porque, de lo contrario, desde cuando fue restablecida en diciembre de 1997, la extradición tiene hoy un proceso legal muy definido, no retroactivo, que abarca distintas instancias, donde la Sala Penal de la Corte Suprema debe evaluar caso por caso, y cuyo última decisión depende del Presidente.

Desde hace más seis meses la Corte Suprema estudia varias solicitudes de extradición presentadas por Estados Unidos, que hace un mes envió otras cinco y que en estos días hará llegar el gran paquete de los capturados en la Operación Milenio. Es de presumir que Washington entiende lo que significa para Colombia emprender de nuevo la brega de la extradición, así como los requerimientos de nuestro Estado de Derecho. Lo que no quiere decir que no esté vivamente interesado en que se produzcan en este campo y pronto hechos categóricos. Formas de presionarlos no le faltan, comenzando por el paquete de ayuda económica que está pendiente para Colombia. Pero si los procedimientos son claros, las pruebas resultan contundentes y la Corte Suprema avala las solicitudes, no habría razón para que el Presidente no tomara la decisión final.

Otra cosa es hasta dónde en países donde campean el desempleo y la pobreza las extradiciones constituyen un real disuasivo frente a un negocio ilegal que produce tan impresionantes utilidades. El medio centenar de extraditables colombianos capturados después del 97, indica que nunca falta gente que se le mida a suplir la demanda de un mercado internacional cada vez más ávido como hoy lo demuestra el caso de Europa de estimulantes prohibidos.

La triste realidad es que el balance de la guerra contra la droga deja mucho qué desear. Billones de dólares y miles de muertos y la producción y el consumo se mantienen, o crecen; mientras nuevas mafias remplazan a las viejas, en medio de las impresionantes ganancias, violencia y corrupción que genera un negocio apabullante que se alimenta de la ilegalidad. Colombia, que ha sufrido como ningún otro país los costos humanos, sociales y ecológicos de esta guerra, además de sus estragos corruptores, no será inferior a sus compromisos internacionales. Pese a las dudas que pueda tener sobre la eficacia de la estrategia aplicada hasta ahora para erradicar el narcotráfico. O sobre la mayor cuota de sacrificio y responsabilidad que les cabría a quienes la lideran.

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