APERTURA INDISCRIMINADA

APERTURA INDISCRIMINADA

La verdad es que la apertura nos cogió demasiado biches . Durante muchos años habíamos tenido una economía cerrada, con la cual no se podía importar nada que pudiera competir, ni lejanamente, con la producción nacional. El que quería montar una fábrica de tornillos solo tenía que informar al Ministerio de Comercio Exterior y este prohibía la importación de tornillos. Entonces, el que quería pedir un tornillo de repuesto al exterior, de especificaciones especiales, no lo podía hacer. Así, en muchos casos, la política de sustitución de importaciones iba contra el mismo desarrollo industrial. La apertura era, definitivamente, necesaria.

19 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Pero no la apertura indiscriminada, porque esta no la tiene ninguno de los países altamente desarrollados, que aquí, equivocadamente, estamos creyendo que la tienen. Las importaciones a Estados Unidos están controladas por múltiples cuotas, lo mismo que las del Mercado Común Europeo. Ya nos hemos olvidado de la pelotera entre Estados Unidos y el MCE por las cuotas de banano de América Latina? Y el colombiano que intente exportar al Japón, aun cuando sea café, se encuentra con mil trabas. Lo mismo que el que quiera exportar a Corea del Sur. Todos los países que protegen su sistema de producción, que son muchos, tienen su manera de no importar sino lo que les conviene, como lo dijo The Economist en un artículo reciente. Cuando no es con cuotas es con regulaciones sanitarias, como las que emplea el MCE para impedir las importaciones de carne de Estados Unidos.

Colombia no debió haber hecho la apertura para la producción agrícola sin haber establecido cuotas para determinados productos. Entre otras razones porque gran parte de la producción agrícola está fuertemente subvencionada en los países desarrollados. Cuando no tiene subvenciones directas, las tiene indirectas, con crédito especial, ayuda técnica, abonos, etc. Además, la agricultura es una actividad muy distinta a la industria y mucho más complicada; luego, cuando se hizo la apertura, no se debió dar a la agricultura el mismo tratamiento que se dio a la industria. La agricultura debió haber quedado protegida con cuotas, a discreción del Gobierno.

El caso de la industria es muy distinto al de la agricultura y muy pocas veces se justifican las cuotas, salvo en el comercio con la China. El caso de China comunista es muy especial, aun para Estados Unidos, que no ha querido aceptar, hasta ahora, a ese país como miembro de la Organización Mundial de Comercio (OMC). No lo ha querido hacer porque sabe que la producción china no obedece a las leyes del mercado, sino que es una producción cuya exportación obedece a las necesidades de recursos externos del gobierno. Luego, los precios de exportación obedecen a las disposiciones del gobierno, no a los precios del mercado. Cómo pueden, entonces, las empresas del mundo libre competir con la producción china? Nosotros hicimos la apertura indiscriminadamente y, entonces, los productos chinos acabaron con nuestra industria de calzado, de tejidos y muchas otras. Cómo podía la producción de las empresitas colombianas competir con la producción china estatizada? Podemos estudiar uno por uno los países industrializados y ver que en ellos las importaciones chinas están controladas con cuotas.

Pero a los tres países andinos, Colombia, Venezuela y Ecuador, no nos ha alcanzado la cabeza para comprender que el caso del mercado andino es cosa muy distinta, en el que no se pueden emplear cuotas. Se ha tratado de formar un mercado más grande, que va desde las bocas del Orinoco hasta el Guayas, con algo así como 80 millones de habitantes, un mercado de tamaño suficiente para justificar el establecimiento de cualquier industria.

Si queríamos crear ese mercado teníamos que estar preparados a correr con las consecuencias. Al principio logramos que el mercado ampliado funcionara. Ultimamente eso ya no es posible, porque los gobiernos y la población de los tres países están obnubilados y no entienden cuáles eran los objetivos.

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