EL NOMBRE NO HACE AL MONJE, PERO...

EL NOMBRE NO HACE AL MONJE, PERO...

Cuando uno tiene gran talento, enorme sentido de la autocrítica y una cara cómica no puede llamarse Allen Steward Koningsberg. Es lo que creían los productores de Hollywood; por eso sugirieron al joven escritor y aspirante a actor que cambiara su nombre. Luego de algunos minutos, un grupo de expertos halló un nombre que encajara con su personalidad y con sus singulares facciones. Koningsberg pasó a llamarse Woody Allen.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Woody o Steward es la clara muestra de que muchas veces el nombre no tiene nada que ver con la personalidad. Si uno piensa en alguien llamado Arnold Strong, puede imaginarse a un músico o tal vez a un futbolista austríaco, pero si hablamos de Arnold Schwarzenegger la cosa cambia. Lo mismo podríamos decir de Sofía Scicolone, nombre perfecto para una costurera italiana pero no para una seductora actriz. Una mujer como la Scicolone, armoniosamente pulposa, sólo puede llamarse Sofía Loren.

Durante años Hollywood le rehizo la tarea a miles de padres que bautizaron a sus hijos con nombres que no tenían nada que ver con sus habilidades. Aunque Bernie Schartz, Isser Danielovitch Demsky y Greta Gustaffson vivieron orgullosos de sus nombres, sabían perfectamente que parte importante de sus éxitos se debieron a que se llamaron Tony Curtis, Kirk Douglas y Greta Garbo.

Pero no siempre el cambio de nombre es una práctica feliz. En ocasiones, el segundo bautizo es el camino más rápido para encontrase con el ridículo.

Exceso de originalidad Los integrantes de una tribu de Malawi estaban seguros de que su prestigio y posición social mejorarían si llevaban nombres occidentales. Sólo cuando llegó a sus manos un catálogo editorial inglés pudieron cumplir su sueño.

El jefe de la tribu se puso de nombre lo que decía en la tapa, Oxford University Press. Otro habitante se rebautizó como Paideia y uno de los notables de este grupo étnico sólo volteaba cuando lo llamaban por su nuevo nombre: Crítica de la Razón Pura. Una agradecida madre que no llegó a tiempo a la repartición de nombres, optó por bautizar a su pequeño como Unesco. La modernidad había llegado a la tribu de la mano del absurdo.

El nombre juega un papel importante en la personalidad. Esto lo saben muy bien tanto en Hollywood como en Panamá, pero con resultados distintos. Chanel, Agfa, Aiwa, Avianca, Casio, Army, Anciano, Amperio Etaira, Ano, Andamio y Axila, son algunos de los 176 mil nombres propios que el registro civil panameño ha declarado degradantes o despectivos. La búsqueda de originalidad fue el camino más corto para que los padres caribeños, y sus hijos, ingresen a la historia universal del absurdo.

Para alguien llamado Pedro el tema no tiene la menor importancia, pero para llamarse Andamio, Axila o Ano hay que tener un sentido del humor a prueba de misiles. Por ese motivo varios países ponen límites al momento del bautizo.

La Neurona H20 En Argentina y Francia, por ejemplo, sólo se pueden poner nombres que figuren en el santoral o que correspondan a la tradición. Pero en otros lugares cuando se ha tratado de legislar sobre este tema, han saltado los defensores de la libertad pidiendo autonomía ante la pila bautismal.

En Colombia, sobresalen por su desafío a la imaginación los nombres escogidos por los padres del Chocó, quienes, no contentos con escoger los más raros, buscan combinaciones que los hagan aún más irrepetibles. Solo basta echarle un vistazo a las páginas del directorio telefónico de Quibdó para dar con algunos ejemplos: Benhur Oswaldo, Darcio Enoth, Cenovia Smith, Exomina, Yerly Sebastiana, José Glovaldo, Daffny Amadeo, Hitler Darío, Jhonfer, Gorgonio, Centro América, Yubeth Antonio, Dayling Yadira, Criyen María, Neftalina, Pragmacio, Felicidad Aracelis, Ovith Francisca, Merling Edith y Hilton José.

El mundo de las reinas de belleza en Colombia no se queda atrás, al punto de que hoy los padres al bautizar a sus hijas, si quieren que su niña llegue a ser de concurso algún día, lo primero que debe tener en cuenta es ponerle un nombre real. Desde Nini Johanna Soto en adelante, pocas se llamaron María Eugenia y Teresa. Ahora deben tener componentes extranjeros para que suenen a reina: Liz Lady, Katherin Carolina, Yeris Paola y Talia Maía, son algunas de las vigentes.

En materia de originalidad, los padres peruanos no han ido muy lejos. Los atrevimientos no van más allá de un nombre inglés seguido de un apellido autóctono o de bautizar según dicte la moda. Dalina, Golmodie o Kenyo son algunos ejemplos de estos excesos. Caso aparte merece Neurona H20, singularísimo nombre que puso a su hija Mario Poggi.

Cansados de los continuos enfrentamientos con su vecino del sur, una pareja de Huaquillas decidió poner a su primogénito, nacido en medio de tiroteos, hitos y comunicados, Carlos Conflicto.

Queremos manifestar nuestra molestia por los problemas entre ambos países , dijeron los osados padres.

Famosos rebautizados David Kaminsky: Danny Kaye.

Melvin Hesselberg: Melvin Douglas.

Emanuel Goldemberg: Edward E. Robinson Charles Buchinski: Charles Bronson.

Frederick Austerlitz: Fred Astaire.

Richard Jenkins: Richard Burton.

Archibald Leach: Cary Grant.

William Henry Pratt: Boris Karloff.

Rew Dougson: Lewis Caroll.

Max Peshkow: Máximo Gorky.

Rocco Marchegiano: Rocky Marciano y Walker Smith: Sugar Ray Robinson.

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