EL CHIQUI

Intentar convencer a alguien de que X o Y personaje es el mejor técnico de fútbol del país, debe ser tan jarto como una Polémicai entre Edwin Tuirán Ruiz y Oscar Rentería.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Sin embargo, si se mezclan las estadísticas con eso que llamamos los hinchas lo futbolístico-emocionali, entonces el Chiquii García sería el tipo ideal para el honor.

En cuanto a los números, el hombre va más que bien. Su carrera se resume en que en 1985 cogió al Quindío de último y lo metió de noveno. En el 86, con el mismo equipo regular, entró a las finales. En el 87, recibió a Millos y lo sacó campeón, lo mismo que en el 88 y casi lo mismo en el 89 cuando decidieron cancelar el campeonato.

En el 90, le desbarataron el equipo azul (adiós Gambetai, Pimentel, Rubenchoi, etc..) y con una camada de jóvenes (Cortés, Pocilloi Díaz, Niguai Torres, etc...) quedó de noveno. En el 91, agarró la Selección Colombia y logró el cuarto puesto en la Copa América (única vez en la historia de la Copa que le ganamos a Brasil) mientras que, paralelamente, metió al Quindío en las finales locales.

En el 92 dirigió a un recién ascendido Envigado y quedó de noveno. En el 93 fue subcampeón con el DIM. En el 94, otra vez con el Poderosoi, fue protagonista en el cuadrangular final. En el 95, quedó campeón con el Saprissa de Costa Rica. En el 96 y 97 (aquel largo y absurdo torneo) coronó campeón al América. Y en el 98, en el Sporting Cristal de Perú, salió de segundo.

En este año sacó a un Tolima del último puesto y lo dejó de quinto; y luego, hace unos meses, se comprometió con el Millos que Pinto dejó en el puesto doce y hoy lo puso en la punta.

Ahora, en cuanto a lo futbolístico-emocionali, el Chiquii es un buen lector del fútbol y un muy buen manejador del jugador colombiano que, ya fríamente, es un jodidazoi. Se conecta bien con él, lo motiva, lo entiende y lo estimula (léase, le cuida el bolsillo). Todo eso debe ser porque él también es un gran jodidazoi.

Es un técnico con clara actitud ganadora que, cuando tiene el balón, va para adelante y cuando no, lo lucha a morir. Es un entrenador que, a la hora de los cambios, difícilmente se equivoca, hace la fácil.

Es un tipo que, sobre todo, no habla paja. Es un cero versoi.

El gran pecado de él es que no les cae bien a las roscas y eso, en este país, es definitivo. Es el Chiquii.

Nota: Antes de diciembre, en nombre de la hinchada azuli, por favor, Señor Presidente, de rodillas, no le vaya a entregar al Chiquii la Cruz de Boyacá.. Va y nos lo sala

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