SE ME ACABARON LAS ILUSIONES

SE ME ACABARON LAS ILUSIONES

La angustia existencial acabó con la vida de Carlos Montoya, jugador del América, quien jugaba con el número 5 en la espalda de su camiseta , fue la frase que más se escuchó en el Hospital Primitivo Iglesias, ubicado en el popular barrio La Floresta de esta ciudad.

11 de diciembre 1999 , 12:00 a.m.

Nadie entiende aún la razón del suicidio de Montoya. Era tan joven , dijo una enfermera, quien confesó ser hincha del América. Lloré en el momento que lo bajaron de un taxi y lógicamente, después de reconocerlo .

A las 12:30 del día de ayer, el cuerpo sin vida del jugador fue bajado del vehículo que conduce Héctor Fabio Saavedra de la empresa Tax Ríos. Lo llevaban algunos familiares en sus brazos y de inmediato fue atendido por el médico de turno, Jairo Martínez, quien después de evaluarlo, expresó: No hay nada qué hacer .

La noticia corrió como pólvora. En la memoria de todos volvieron las imágenes de cuando Montoya, quien nació el 28 de octubre de 1973, jugaba como defensa central en las filas de los diablos . Ahí, en la cancha, mostraba los recursos para manejar la pelota y pegarle con justeza y cambiarla a 30 metros con la derecha o con la izquierda.

Mientras los recuerdos volaban, se escuchó en el área de urgencias del Primitivo Iglesias: Por qué? . Fue la voz de Jorge Montoya, padre de Carlos, quien había llegado después de conocer lo ocurrido.

El se encontraba bien , dijo y observó alrededor. Anoche hablé con él y estaba hasta contento. Iba a regresar a los entrenamientos del América. Atrás habían quedado las deudas que contrajo al comprar una camioneta y un apartamento .

Guardó silencio y dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Por qué se ahorcó? No lo sé. La razón de la decisión solo la sabe él y Dios .

En el primer semestre de 1999, Montoya fue vital para la campaña de su equipo debido a la medida que tenía para el anticipo y por su capacidad para ir arriba, a pesar de sus 1,70 metros. Tenía, como dicen los técnicos, visión periférica para no perder nunca la posición. Para ordenarse y ordenar los movimientos de los otros.

Este es un dolor inmenso , fue la frase de Héctor Hurtado, quien llegó de Brasil. El era mi hermano . Hurtado dejó de hablar. Veía el cuerpo de Montoya, en la camilla, con ojos incrédulos. Lo abrazó, le dio un beso y musitó: Descansa en paz .

Uno a uno empezaron a llegar los jugadores del América. Leonardo Fabio Moreno no hablaba. Sólo se limitaba a observar al igual que Frankie Oviedo; mientras Jersson González, confidente y amigo, decía, Esto nadie lo entiende. El nos había expresado que estaba bien y con ánimo de volver. Nunca lo dejamos solo en el momento de la angustia existencial que le tocó afrontar por falta de dinero. Si antes estuvimos con él, ahora menos vamos a desamparar a su hija, Helen, de seis años, y su compañera, Esmeralda .

Todos estuvieron ahí. Nadie quería referirse al momento en que Montoya se alejó de las prácticas del equipo. Profesor, no tengo ganas de volver , le dijo un día a Jaime De La Pava, técnico americano. Las ilusiones se me acabaron .

Y desde ese momento, Montoya cambió. La falta de dinero lo agobiaba. A sus más íntimos les contaba: Compré un vehículo y un apartamento para que lo disfrute mi familia. Pensé que el fútbol me iba a dar para pagarlo y sólo tengo un salario mensual de un millón de pesos. No sé cómo voy a salir de esta. No quiero que nadie diga que soy un tramposo .

Debido a esta situación, el defensa central del América fue internado durante tres días en la Clínica Imbanaco por una depresión. El factor económico afectó a Montoya , dijo Héctor Fabio Cruz, en el momento que se le preguntó por el jugador.

Los meses transcurrieron. La vida del futbolista continuaba, pero alejado de la profesión. Permanecía encerrado. Hablaba poco y cuando regresó a prácticas, se le veía retraído.

Hace poco estuve en una clínica mental y no por estar loco o por otra razón , comentó una mañana que volvió a prácticas. Sus compañeros lo recibieron, aquel día, con aplausos para darle ánimo. En la final del campeonato te necesitamos , le dijeron.

Ese anhelo quedó en eso. Montoya descansa en paz. Sus exequias serán hoy luego de permanecer en cámara ardiente en la casa de sus padres, en el barrio 12 de Octubre.

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