DURA RÉPLICA DE VÉLEZ A MINCOMUNICACIONES

DURA RÉPLICA DE VÉLEZ A MINCOMUNICACIONES

El senador Luis Guillermo Vélez rechazó ayer las acusaciones que le hiciera el grupo liberal que sigue las orientaciones del ministro de Comunicaciones, William Jaramillo, en el sentido de que una vez obtuvo su reelección al Senado con el apoyo del jaramillismo, se retiró del movimiento y propuso su disolución. Las acusaciones contra Vélez fueron plasmadas en carta al Ministro, suscrita por la senadora electa Piedad Córdoba, Evelio Ramírez y presidentes de directorios municipales antioqueños.

07 de abril 1994 , 12:00 a. m.

Vélez ahora responde que los desleales son sus acusadores, quienes incumplieron un compromiso político según el cual él sería cabeza de lista única para Senado por el liberalismo antioqueño. Vélez dijo que el garante de tal compromiso fue el ministro Jaramillo. Revela también que en diciembre de 1993 su jefe político, José Prieto Mesa, envió una comunicación a Jaramillo que no fue atendida extrañándose de la alianza de la parlamentaria Córdoba con Ramírez, en una nueva lista liberal a Senado, encabezada por ella. Esta es la parte central del comunicado de Vélez Trujillo: La carta del señor Prieto fue olímpicamente desatendida por el señor Jaramillo, pese a que el Ministro estuvo directamente comprometido en la organización de ese complot contra el Directorio Departamental, para lo cual, realizó varias reuniones en Medellín disfrazadas de actos sociales y cumpleaños extemporáneos, manteniendo permanente comunicación telefónica directa con los principales líderes del movimiento.

El incumplimiento de su compromiso de honor por parte de los señores Jaramillo, Córdoba y Ramírez, fue un hecho ampliamente conocido por la gente de Antioquia, llegando a adquirir la lista impulsada desde Bogotá, la categoría de disidente. La confrontación de los dos grupos fue notoria y pública en el departamento de Antioquia y aún a nivel nacional. Se estimó la situación como un desacato al Directorio Liberal Departamental de Antioquia por parte de Jaramillo, Córdoba y Ramírez.

Durante este largo período de desaveniencias, el manejo del Directorio resultaba impracticable, que a pesar de todo pudo sobrevivir gracias al estoicismo de un grupo dirigentes con gran experiencia política, en medio de un ambiente cargado de odio, y en el cual no se respetaron las más mínimas reglas de la cortesía y el decoro social. La rotura de elementos físicos, la destrucción de propaganda velecista y las intimidaciones a los directivos de la candidatura legítima, mediante panfletos y vías de hecho, fueron las armas preferidas del grupo comandado por Jaramillo, Córdoba y Ramírez, y de las cuales conservamos pruebas irrebatibles.

De esta suerte, la disolución del Directorio era inminente...

Al no favorecer los resultados electorales al grupo disidente, el señor William Jaramillo ha montado en cólera, actitud nada extraña a su temperamento, otorgando una tregua a sus enemigos de turno, los Santos, las directoras de Q.A.P, los López, los Galán, la intersección telefónica, etc., etc., declarándome a mí, por ahora, y a través de sus portavoces, su enemigo favorito. Otra actitud muy diferente fue la que observó el señor Jaramillo cuando se cayó aparatosamente de la Embajada de España, habiendo tenido yo que recogerlo con mis propias manos para volver a incrustarlo en el Gobierno; también distinta fue cuando frente a toda la delegación política de Antioquia, solicité en compañía de Jaime Henríquez al Presidente de la República, doctor César Gaviria, que lo incluyera en el Gabinete Ministerial y, posteriormente, me tocó afrontar inmensas dificultades por haber liderado su designatura que resultó tan impopular; como también fue diferente cuando, ante el mismo Presidente, volví a ratificar mi apreciación sobre la buena conducta moral de Jaramillo, que en ese entonces había quedado en cierto entredicho con la publicación de una foto aparentemente comprometedora. Si después de lo anterior puede el señor Jaramillo, o cualquiera de sus obsecuentes, tratar de revertir la verdad de las cosas, sólo me queda por exclamar que el cinismo del Ministro de Comunicaciones aterraría al mismo Voltaire .

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