TERROR URBANO TAMBIÉN HAY

TERROR URBANO TAMBIÉN HAY

Hermanito, Sabe qué? Por qué no viene y vemos juntos la televisión y deja de cansar por allá en la cocina , grita a voz en cuello Olga, casi siempre, cuando se queda sola en su casa, ubicada en el barrio Ciudad Montes, del sur de Bogotá.

31 de octubre 1999 , 12:00 a.m.

Entonces, el ruido de las ollas agitadas cesa y Olga Montoya continúa plácidamente viendo la TV. Otras veces, cuando está acostada en su cama, siente el vacío en el otro lado del colchón, exactamente como si alguien se acostara junto a ella, pero no hay nadie. O de pronto, mientras duerme, un brazo invisible se posa sobre su cuello, como el marido que todavía no tiene. Y ella solo reacciona con una frase Hay, viejito, deje dormir , y se vuelve a tapar con las cobijas.

Desde que su familia construyó la casa (hace 20 años) y se pasó a vivir en ella, sus siete integrantes han sido testigos de todo tipo de fenómenos paranormales. Golpes en las puertas, voces que les hablan al oído, sombras, pasos, manos invisibles que prenden y apagan el televisor e incluso una dama vestida de negro que a veces se ve bajando las escaleras que llevan al segundo piso.

Hemos pensado en traer un sacerdote, pero a mí me da lástima. Lo que sea que se aparece no es malo, y yo creo que si lo sacáramos nos haría mucha falta , explica Olga cuando se le pregunta el por qué de 20 años viviendo con fantasmas.

Historias como la de los Montoya abundan en Bogotá más de lo que cualquiera pudiera pensar. Todos hemos tenido algo que ver con un fenómeno inexplicable directa o indirectamente. Por ejemplo, en la 170 con carrera 7, es una pareja la que espanta a los conductores.

Siempre van bien vestidos y le hacen señas a los carros para que les den un aventón. Cuando el vehículo se detiene, la pareja dice que están varados y que necesitan que los lleven. Abordan el auto y cuando el conductor arranca y se voltea para preguntar los pormenores de la varada, ya no están.

En la sede del Ministerio del Medio Ambiente, antigua embajada de Estados Unidos, dicen que en la noche se ve hombre muy alto con uniforme de marinero que sube las escaleras siempre hasta el quinto piso, y las vuelve a bajar, en una rutina que ya lleva cerca de año y medio.

El economista Fernando Villa recuerda que tuvo tres contactos de este tipo. El primero fue en la carrera 7 con 67: Salía solo de la universidad, y de pronto sentí que alguien me cogía del brazo. Me llevó como cuatro cuadras, y cuando volteé a mirar no había nadie. La segunda fue en mi casa. Estaba durmiendo y de repente las cobijas se me bajaron hasta los pies. Vi una figura difusa que se movía y después desapareció .

La última fue en su apartamento, la misma figura, pero sin atacarlo, se sentó en una silla de la sala y luego se movió hacia el lavadero, cuando él le preguntó por qué lo seguía, la imagen desapareció. Y hasta el momento no lo ha vuelto a molestar.

Y es que el miedo a lo desconocido siempre ha sido patrimonio de la ciudad. En la colonia, por ejemplo, se hablaba de espantos como el Espeluco de Las Aguas y la Mula Herrada. En el libro Leyendas e historietas santafereñas, Julio Barriga Alarcón, su autor, relata que el primero de aquellos espantos era una niña muy linda, que poseía una cabellera prodigiosa.

Cierta noche, uno de sus enamorados le dijo: Tienes una cabellera casi tan bella como la de Nuestra Señora de Las Aguas , ante lo cual respondió: Ni Nuestra Señora de Las Aguas tiene una cabellera tan bella como la mía! , y desde entonces sus cabellos se convirtieron en serpientes. Dicen que se la ve por los lados de la Iglesia de Las Aguas, perseguida por Satanás disfrazado de fraile.

En cuanto a la Mula Herrada, la leyenda cuenta que se la veía pasar por las calles de La Candelaria con el diablo en su lomo, lanzando chispas con sus cascos al golpear el empedrado de algunas de las calles.

Por lo visto, por más grande que sea una ciudad, nunca podrá escapar a lo desconocido. En cualquier calle o en cualquier esquina puede aparecer una nueva leyenda. Antes de terminar, mire a su lado, a lo mejor tiene en estos momentos junto a usted un nuevo fantasma urbano.

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