PAÍS DE BRUJAS Y ESPANTOS

PAÍS DE BRUJAS Y ESPANTOS

31 de octubre 1999 , 12:00 a.m.

Miedo en la carrera 65 Cali La llegada de la noche para Alfonso Holguín García, quien habita una de las 12 viviendas de la carrera 65 con calle primera, en el sur de Cali, es sinónimo de temor.

Pucho , como se le conoce a Holguín, un hombre de 38 años que desde hace más de tres trabaja como vigilante de la cuadra, dice que en varias oportunidades ha sentido pasos de personas que suben hacia la segunda planta de la vivienda.

No he podido explicarme por qué, si yo aquí vivo solo , dice el celador.

En la cuadra, del barrio La Cascada, el temor es la constante, pues situaciones similares a las vividas por Pucho han afectado a otras personas.

Luis Fernando Sánchez, un taxista de 40 años, recuerda que en 1983 su familia tomó en alquiler una de las viviendas del lugar porque les parecía una zona muy tranquila.

No duramos más de una semana, pues los sonidos de cadenas arrastradas en el suelo no nos dejaban dormir , dice Sánchez, quien agregó que de inmediato solicitaron al propietario del inmueble anular el contrato de arrendamiento. No nos importó pagar el destrate , por ser una determinación unilateral , dice el taxista.

Los sonidos y la presencia de extraños en el lugar, según vecinos de la cuadra, obedecen a que en el pasado las viviendas eran habitadas por personas sindicadas de narcotráfico y que en varios casos murieron violentamente.

Se cree que los espíritus de esos señores son los que andan en pena por la calle , recuerda un vigilante que trabaja a dos cuadras de la carrera 65 en donde solo siete casas están habitadas.

Las brujas de La Jagua Neiva Dicen que buscaban esas noches en las que la luna estaba brillante, redonda y resplandeciente.

En medio del espeso bosque, ese esplendor lunar era matizado con las llamas de las velas dispuestas para el aquelarre.

Ellas, vestidas con largas mantas negras, mezclaban afanosamente esencias de plantas y de flores y, en algunos casos, vísceras de animales, con el único fin de preparar la pócima mágica que atrajera hacia sus redes a los hombres que cada semana iban de paso por La Jagua, su pueblo. Querían ser desposadas.

En esas noches, entre 1760 y 1780 los aullidos de los perros eran más agudos, las gallinas se estrellaban contra las mallas del gallinero, los caballos relinchaban con más fuerza y el frío helado que paralizaba los huesos eran las señales para los habitantes de aquella comarca de que las brujas harían de las suyas.

Dos siglos después, La Jagua, corregimiento del municipio de Garzón (Huila), sigue siendo un pueblo de brujas. Sus moradores lo negaron durante mucho tiempo pues decían que esas historias son producto de la imaginación barata de algún desocupado.

Sin embargo, muchos de ellos se prepararon en el arte de descubrir entre los rostros hermosos de las mujeres del pueblo, quiénes eran realmente las brujas.

Dejaban en las puertas de las casas pantaloncillos largos con una manga al derecho y otra al revés, junto con unas tijeras y semillas de mostaza. Con estos elementos ellas se entretenían hasta que les llegaba la luz del día y así los dueños de la casas las descubrían , dicen los libros de historia de Huila.

Ahora, los habitantes de La Jagua aceptaron el remoquete con humor, incluso para atraer a los turistas, y pintaron en el piso de la plaza central y en la pared de la casa artesanal dos grandes brujas.

Tan propia hicieron la fama de pueblo de brujas que este fin de semana se lleva a cabo en esta población el primer festival Brujas de La Jagua .

Un fantasma con ritmo Bucaramanga Los agentes que trabajan de noche en la emisora de la Policía de Bucaramanga ya tienen quien les cante el triqui, triqui . Y no se trata precisamente de un niño disfrazado. Sino de un fantasma que los acompaña desde hace unos seis meses y que al principio no los dejó dormir.

Cuando aparece este misterioso personaje golpea los vidrios de la estación radial, abre las puertas, apaga las luces, abre los grifos y juguetea con el equipo de discos compactos para manifestarse ante los cuatro operarios que realizan turnos nocturnos individuales, pues la emisora funciona 24 horas.

Pero además del temor que han sentido por esta extraña presencia, los agentes han soportado burlas y críticas de muchas personas que no creen en esta clase de fenómenos. Es una fuerza extraña que se siente en toda la cabina, sobre todo desde la media noche hasta las 6 de la mañana , dice uno de los operarios que pide reserva de su identidad para no ser objeto de nuevas burlas.

Otro de los patrulleros del sabor asegura haber visto una figura masculina reflejada en los vidrios de la cabina. Es una persona rubia, con kepis y muy alta, que cuando uno va a asegurarse de quién es, repentinamente desaparece .

Lo común entre quienes aseguran sentirlo es que su presencia no es agresiva y que sólo parece observar. Pero hay quienes por temor a las fuerzas sobrenaturales evaden hablar del tema.

Según la historia del edificio que sirve de sede a la Policía Nacional en Bucaramanga, antes funcionaba un alojamiento donde hoy queda la emisora. Allí dicen un patrullero se suicidó...pero la verdad yo no he sentido nada ni he visto cosas extrañas , dijo el jefe de prensa, teniente Julio César Rincón, cuya oficina queda en los estudios de la emisora.

Lo cierto es que mientras millones de niños estarán este 31 festejando el Día de las brujas y reclamando dulces, en la emisora, probablemente, el fantasma uniformado golpeará los vidrios y disparará el lanza discos pidiendo un cambio de ritmo para amenizar la fiesta que de seguro armará con sus amigos, celebrando el día de sus parientes cercanos.

El monje del Paraninfo Medellín Iban a ser las 2 de la madrugada cuando Pedro Orrego llamó a su compañero de vigilancia en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, para que juntos registraran el pasillo del segundo piso. Se nos metieron y no nos dimos cuenta , le susurró al vigilante cuando comenzaron a subir las escaleras.

El sonido fuerte de unos pasos rápidos, que nunca había oído en su turno de noche en la que fue la primera sede del alma máter, lo pusieron alerta en la oscuridad de la madrugada, hace dos meses.

Cuando los dos celadores se cansaron de buscar por todos los recovecos del recién restaurado edificio a un intruso que nunca apareció, Orrego se acordó de la famosa historia del fantasma del Paraninfo, en la que nunca había creído.

Aunque nadie lo ha visto, los que creen en el espanto aseguran que es un monje, de los que habitaron desde 1803 el convento y el colegio de la comunidad franciscana, el antecedente más remoto de lo que es hoy la U. de A.

Otros, que se atreven a ponerle cara y cuerpo, dicen que ese ser que recorre los pasillos del Paraninfo y que atemoriza con sus pasos y ruidos es nada menos que fray Rafael de la Serna, primer rector de ese colegio.

Como todo fantasma famoso, tampoco le faltan detractores terrenales. En un edificio de estos, cualquier viento abre y cierra ventanas. Yo subo sola y a cualquier hora a la torre y nunca me han asustado , dice Sonia Montoya, de la sección de Historia del Museo Universitario.

Las historias de la figura del fraile y los relatos de quienes han sido espantados fueron registradas el año pasado en un video de 15 minutos, realizado por alumnos de la misma universidad.

Los muchachos se disfrazaron de monjes para contar las sorpresas que más se conocen del fantasma, como la que cuenta un control de la emisora universitaria, que en dos ocasiones fue testigo de cómo se apagaron los equipos sin que él moviera ni un solo botón.

Lamentos en Calibío Popayán Arnobio, el mayordomo que desde hace 13 años se encarga de mantener bellos los jardines de la hacienda Calibío, en el norte de Popayán, cuenta cómo se acostumbró a vivir en medio de ruidos, lamentos y sombras.

Eran las 6 de la tarde y me senté en una banca del corredor posterior cuando de pronto sentí que alguien se me tiró encima. Quedé como sin respiración porque fue fuerte pero no vi nada , relata este hombre de piel morena que además da la información a los turistas que visitan el lugar.

En otra oportunidad dice estaba viendo televisión en el segundo piso cuando vi la sombra de un gigante. Esperé a que pasara sin decir nada y casi sin respirar, hasta que se fue .

Aquí silban, tocan puertas, las abren y cierran de repente y hasta se oyen las campanas de la capilla. Al principio iba y me aseguraba de que no fueran ladrones y además me asustaba pero ya entendí que es casi normal y habitual .

Y es que Calibío es uno de los parajes que hizo historia en la región. En la casona, construida aproximadamente en 1790, estuvo como huésped el Libertador Simón Bolívar en dos oportunidades y además fue escenario de la batalla entre el ejército del general republicano Antonio Nariño y el brigadier general español Juan Sámano, en 1815.

Perteneciente a una de las familias más prestigiosas de la región, Calibío era como una despensa. Allí llegaban semanalmente los indios meseros con ganado de otras partes, sal del Patía, pan de azúcar del Valle y hasta nieve del volcán Puracé para hacer el salpicón.

Los rústicos aposentos de la primera planta o cuadra servían de alojamiento de los mayordomos y aquellos cuyo piso era de tierra eran para los negros esclavos.

En la hermosa construcción de pisos de ladrillo y piedra de cantera tallada, techos de teja sobre cañabrava y gran solar, todavía se escuchan los lamentos de los esclavos y el jolgorio de la abundancia.

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