FÁBRICA DE AVISPAS PARA LOS CULTIVOS

FÁBRICA DE AVISPAS PARA LOS CULTIVOS

Aunque el control biológico de plagas no es un concepto innovador en el campo tecnológico, tiene poco uso en los cultivos de los Llanos Orientales, en los cuales sigue predominando la aplicación de productos químicos, que aumentan considerablemente los costos de producción y rompen con el equilibrio ecológico.

22 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Sin embargo, hay personas que han optado por el control biológico como única arma para combatir a los insectos dañinos. Uno de ellos es el ingeniero agrónomo, José Gregorio Quimbayo, gerente de la Corporación Algodonera de los Llanos Orientales (CoralLlanos), quien luego de casi diez años de ensayos e investigaciones sacó al mercado una avispa que ataca a los principales enemigos de cultivos como el arroz, el maíz, el sorgo, la soya, caña de azúcar y la palma africana.

El año pasado, sus avispas se aplicaron con éxito en cerca de 10 mil hectáreas de arroz y para finalizar 1999 espera haber beneficiado a otras 15 mil hectáreas del grano, atacadas comúnmente por plagas como la Diatraea chacharalis y la Diatraea indiginalia.

Lo curioso del asunto es que la producción de avispas se ha hecho casi a ojo, con tecnología rudimentaria y, lo más importante, luego de varios años de trabajo en el territorio llanero con miras a garantizar su efectividad.

Pero para producir las avispas, el gerente de CoralLlanos tiene dos modestos laboratorios, uno de los cuales funciona en inmediaciones del barrio La Azotea y el otro en la granja Campoalegre, propiedad de la Gobernación del Meta, que ha cedido un espacio para adelantar la investigación.

Paradójicamente, para producir las avispas (Trichograma exigum, pretiosum o atopovirillia) se necesita primero producir la plaga que se quiere atacar.

Esta tarea se cumple en el sector de La Azotea, donde las condiciones climáticas son más aptas para producir la plaga. De ahí que se cuente con dos sedes de investigación. Allí funciona una amplia bodega, en cuyo interior se dispone de varias canecas (cada una con seis gabinetes) que contienen granos que trigo que sirven de alimento a la plaga, mientras ésta se reproduce.

La idea es que la plaga produzca, en el término de un mes, tres gramos de huevos por gabinete, los cuales son recogidos en tarros especialmente adaptados para el efecto.

Huevos a la cartulina Con un cernidor se separan los huevos, los cuales se deben mantener a una temperatura de 5 grados centígrados. En total se producen unos 4 mil huevos por pulgada cuadrada, los cuales luego de un breve proceso de limpieza se adhieren a unas cartulinas previamente embadurnadas de un pegante natural.

Una vez se realiza este proceso, la cartulina queda parecida a un papel de lija, ya que toda su superficie está cubierta de diminutos huevos, los cuales se llevan a la granja Campoalegre, donde se realiza el proceso de parasitación. Para esta etapa el proceso cambia de escenario debido a que se requiere de mayor temperatura.

En dicho lugar, los huevos que se encuentran en las cartulinas son introducidos en varios frascos en cuyo interior se encuentran las avispas, que se encargan de parasitar los huevos de la plaga. Este proceso se cumple en cuarto oscuro y puede durar ocho días.

Entre tanto, José Gregorio Quimbayo hace una evaluación de las condiciones del cultivo para determinar el momento exacto en el que se deben depositar los huevos parasitados por la avispa, que generalmente funcionan bien cuando eclosionan al sexto día. La avispa se debe liberar a los 15 días de haber germinado el cultivo (para el caso del arroz).

Para entonces la cartulina ha sido cortada en pequeñas tiras e introducida en el interior de una bolsa, la cual es colocada en el cultivo cada 35 metros cuadrados. Cada paquete contiene unas 10 mil avispas. En total se hacen cuatro liberaciones cada 8 días, que salen a parasitar los huevos de la plaga de manera natural, rompiendo el ciclo de la diatraea.

En términos económicos, el tratamiento cuesta 27.000 pesos por hectárea, evita la utilización de insecticidas, disminuye la mano de obra y por lo tanto contribuye a bajar los costos de producción y a darle más rentabilidad al cultivo.

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