EL OPTIMISMO TIENE RABIA

EL OPTIMISMO TIENE RABIA

En su edición del viernes pasado, EL TIEMPO dedica 48 páginas al optimismo. Pero no al optimismo moderado que es de buen recibo, sino al optimismo vehemente, militante, exultante. Rabiosamente optimistas, se titula el animoso suplemento.

20 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Yo no sé si me produce optimismo o pesimismo observar que hasta las cosas positivas necesitan una edición especial en el periódico. Preferiría ver que las noticias sobre el país que no se amilana aparecen mezcladas con las otras masacres, asesinatos, robos, etc. como parte del gran mosaico nacional de cosas admirables y horripilantes.

Como sé que la información de nuestros medios desatiende los grandes contextos, doy la bienvenida a las interesantes noticias de Rabiosamente optimistas. Aunque aparezcan en corral aparte, y aunque ellas que son tan noticiosas como las demás deban entrar por la puerta de atrás y en rebaño discriminado.

Lo que más me interesa como lector, al recorrer las páginas del suplemento, es ver allí a colombianos anónimos que trabajan y cumplen. Podría haber sido un desfile de excepciones rutilantes grandes deportistas, grandes artistas, grandes pintores, pero no: lo que aparece, sobre todo, es un homenaje al colombiano desconocido. Descontados unos diez nombres de éxito y otros tantos de difícil clasificación, aparecen 46 de compatriotas cuya existencia ignorábamos: el que ayuda a las parejas sin hijos, el que inventó la plancha de gas, el que fabrica veladoras, el que exporta escobas, el que promueve el turismo en la zona cafetera, el que asiste a los viejos, el que construyó un cable distribuidor de arepas, el sicario que promueve la Marcha del Perdón, el tallador que perdió las dos manos, Con informes como este, cómo puede uno ser pesimista? Las minorías mandan Si hay una verdad optimista es que Colombia sobrevive gracias a esos millones de colombianos anónimos que ven desmejorar su ya precaria situación, que aguantan palo del sistema upac, que sufren la inseguridad, que padecen el desempleo, que votan puntualmente y puntualmente son engañados, que gozan con los triunfos de la Selección Colombia, que salen a la calle a cumplir en forma silenciosa su cuota de vida diaria y que acuden, como lo harán el 24, al desfile del No Más y al concierto de ilustres cantantes entre ellos mi compadre Alberto Cortez por la paz nacional.

Este es un país de minorías sostenidas por mayorías. Una minoría gobierna, una minoría hace la guerra, una minoría trafica con droga, una minoría asalta en las calles, una minoría roba en los puestos públicos, una minoría vive con comodidades económicas... Y una inmensa y callada mayoría lleva en sus espaldas a esas incontables minorías.

Si Colombia aún existe, no es por su clase dirigente, ni por quienes defienden sus ideas con las armas, sino por 28 o 29 millones de colombianos que sostienen la caña y solo vemos en la prensa cuando aparece un curioso suplemento sobre el optimismo.

Según el día y según la hora Optimista decía Edmund Burke es el que cree que todo es hermoso, hasta la fealdad.

Pesimista decía Elbert Hubbard es un hombre al que le ha tocado vivir con un optimista.

El optimismo agregaba James Branch Cabell proclama que vivimos en el mejor de los mundos posibles; y el pesimismo teme que eso es verdad.

Es torpe y maniqueo dividir el mundo entre optimistas y pesimistas, cuando, entre ambos extremos, caben otras posibilidades. Existe, por supuesto, el realista: el individuo que no se deja contagiar por el optimismo ni el pesimismo, sino que pretende conservar una visión proporcionada de las situaciones.

Y existe también un prototipo que es típico ejemplar colombiano. El ciclotímico, aquel cuya esperanza oscila al vaivén de las noticias del día: puede amanecer radiante y acostarse derrotado. O levantarse con ganas de reinaugurar el salto de Tequendama, y a las tres de la tarde creer que todo tiene arreglo, y el país también.

Yo, que no soy líder político ni religioso y que dejé atrás la edad en la que hay que caerles bien a todos los lectores, me proclamo ciclotímico extremo. Tan extremo, que no sé si soy optimista ciclotímico o pesimista ciclotímico. Depende del mes, del día y hasta de la hora.

El más peligroso de Occidente Por ejemplo: esta columna empezó con un trino optimista, pero voy a finalizarla recogiendo un deprimente comentario de la revista española Viajar (octubre de 1999), donde cataloga a Colombia como el país más peligroso del hemisferio occidental: El asesinato dice es la segunda causa de muerte en Bogotá, solo por detrás de los accidentes de los coches. Cada 30 minutos alguien es asesinado en sus calles. Además, 153 hogares colombianos son asaltados cada día por bandas organizadas. Colombia tiene el ranking más alto de asesinatos. Grupos de narcotraficantes, sicarios y diferentes organizaciones guerrilleras campean a sus anchas por todo el país Hay riesgo de atracos y secuestros.

Con informes como este, cómo puede uno ser optimista?

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