CÓMO LAS LEGUMBRES S SALVARON LA CIVILIZACIÓN

CÓMO LAS LEGUMBRES S SALVARON LA CIVILIZACIÓN

Umberto Eco En 1918, a la edad de 40 años, mi abuelo materno se vio afectado por una forma de gripe vírica, conocida comúnmente como gripe española, que diezmaba gran parte de Europa. Murió en una semana, a pesar de todos los esfuerzos de tres médicos. En 1972, a la edad de 40, me vi afectado por una grave enfermedad que parecía muy similar a la española . Gracias a la penicilina, tras una semana ya estaba en pie. Así que es fácil comprender porqué, dejando de lado la energía atómica, los viajes espaciales y el ordenador, sigo pensando que el invento más importante de nuestro siglo es la penicilina (y en general, todos los medicamentos que hacen posible que la gente alcance los 80 años, mientras que en el pasado podrían haber muerto a los 50 ó 60).

21 de noviembre 1999 , 12:00 a. m.

Resulta difícil determinar el invento tecnológico o descubrimiento científico más importante del siglo, y más aún cuando no tenemos claras las fechas de un invento determinado. Hay muchas cosas que los lectores enumerarían entre los logros más interesantes de este siglo, cuando de hecho datan del siglo anterior al nuestro: por ejemplo, el automóvil, el rascacielos, el tren subterráneo, la dinamo, la turbina. También se puede añadir a esta lista la máquina de escribir, el gramófono, el dictáfono, la máquina de coser, la nevera, además de los alimentos enlatados, la leche pasteurizada, el encendedor (junto con el cigarrillo), el ascensor, la lavadora, el borrador, el papel secante, el ventilador, la maquinilla de afeitar, la cama empotrada, el sillón de barbero, el fósforo de seguridad, el impermeable, el imperdible, las bebidas gaseosas, las bicicletas con marchas y neumáticos, el tranvía eléctrico, las fibras sintéticas y los grandes almacenes en los que se venden tales productos, y si me dejan seguir- la bombilla eléctrica, el teléfono, el telégrafo, la radio, la fotografía. Además, Babbage inventó una calculadora que podía efectuar múltiples sumas por minuto, con lo que nos preparó para la llegada del ordenador.

Tratándose de milenios, el cálculo se vuelve aún más difícil. Para el origen de la pólvora y de la brújula, sólo nos podemos guiar por leyendas. E incluso entonces sólo podemos estar seguros de que existían determinados instrumentos, por ejemplo, en el siglo XII, porque aparecen representados en un cuadro de la época, pero no podemos asegurar que no existieran en el siglo anterior. Pongo sobre el tapete estos problemas porque quiero hablar de algunos inventos que aparecieron a principios de nuestro milenio, aunque es posible que algunos de ellos hicieran un tímido debut en los últimos dos siglos del milenio anterior sin que nadie les prestara mucha atención. En cualquier caso, se trata de inventos que cambiaron los últimos mil años.

Si tuviera que hablar de los inventos que sin duda alguna aparecieron en los primeros siglos tras el año 1000, inmediatamente tendría la tentación de citar el timón trasero. Echenle un vistazo a la tira de historietas más famosa de la historia, The tapestry of queen Mathilde (El tapiz de la reina Matilde), también conocido como el Tapiz Bayeux (por la ciudad en la que se conserva). Este trabajo nos cuenta minuto a minuto el desembarco normando en Inglaterra, incluyendo la batalla de Hastings. Se ve cómo llegan las tropas de Guillermo el Conquistador en un barco vikingo, y se puede apreciar que estos barcos tienen un remo lateral por timón, fijado en la parte de atrás (de hecho, este tipo de barco contaba con dos remos de ese tipo, uno a cada lado). Así es como orientaban las naves como mínimo en el 1066. Pero con estos timones laterales era imposible virar de bordo, o navegar contra el viento, ofreciéndole a la fuerza del viento primero un flanco, y después el otro. Además, resultaba difícil navegar con mar gruesa.

Con todo, entre los siglos XII y XIII se desarrolló el timón moderno. Fijándolo a la parte posterior del barco con bisagr, como una puerta, se movía justo por debajo de la superficie del agua y sólo hacía falta un hombre para manejarlo, gracias a una caña del timón en cubierta. Como siempre, las fechas son dudosas, pero se encuentra un instrumento a caballo entre el timón giratorio y un remo fijo en la parte posterior en un bajorrelieve de la catedral de Winchester; data del 1180, apenas 100 años después del Tapiz Bayeaux.

Por qué es tan importante el timón? Basta con decir que sin este invento Colón no podría haber llegado a América, y la historia del resto del milenio habría sido muy distinta. Sin embargo, me gustaría comentar una serie de inventos que, más que caracterizar este milenio, nos han permitido celebrar su conclusión. Sin estos inventos quizá no habríamos llegado a nacer.

Hace mil años nos encontrábamos en plena Edad Media. Por supuesto, Edad Media es una convención escolástica. Por ejemplo, en determinados países, entre los que se incluye Italia, el término Edad Media se utiliza incluso cuando el autor se refiere a la época de Dante y Petrarca; en otros países, los eruditos ya hablan de estos años como del Renacimiento. Para aclarar un poco las cosas, digamos que al menos hay dos Edades Medias : una que data desde la caída del Imperio Romano (siglo V después de Cristo) hasta el año 999, y la otra que empieza en el año 1000 y continúa al menos hasta el siglo XV.

Ahora la Edad Media anterior al año 1000 se merece el apelativo de Edad de las Tinieblas, término que sin el menor cuidado se utiliza para referirse a los siglos comprendidos entre el siglo V y el XIV. Digo que se lo merece , no porque esa época estuviera llena de condenas a la hoguera, porque también hubo muchas llamas y hogueras en los tan civilizados siglos XVII y XVIII (no nos olvidemos de La letra escarlata), ni porque las creencias supersticiosas estuvieran tan extendidas, porque en lo que se refiere a supersticiones aunque por motivos distintos- nuestra propia Nueva Era no le va a la zaga a ninguna otra.

No, se merecen el apelativo de Edad de las Tinieblas porque las invasiones bárbaras que tuvieron lugar en esta época mantuvieron Europa acosada durante siglos y fueron destruyendo gradualmente la civilización romana. Las ciudades se quedaron desiertas, en ruinas; las grandes rutas, abandonadas, desaparecieron bajo la maraña de maleza; y técnicas fundamentales, como la minería y la cantería, cayeron en el olvido. Ya no se cultivaban las tierras y, al menos hasta la reforma feudal de Carlomagno, terrenos enteros que se dedicaban a la agricultura se convirtieron en bosque.

En este sentido, la Edad Media anterior al año 1000 d. C. fue un período de indigencia, de hambre, de inseguridad. En su espléndida obra La civilisation de liOccident médiévale, rica en observaciones sobre la vida diaria en la Edad Media, Jacques Le Goff ilustró la inmensa pobreza de esta época recordando los cuentos populares. En una de esas historias aparece un santo por arte de magia para recuperar una hoz que se le había caído accidentalmente a un campesino dentro de un pozo. En una época en la que el hierro se había convertido en un material poco frecuente, la pérdida de una hoz habría sido terrible, porque habría impedido al campesino continuar con la siega: la hoja de la hoz era insustituible.

Según fue disminuyendo la población y se fue haciendo físicamente menos fuerte, las enfermedades endémicas (tuberculosis, lepra, úlceras, eczemas, tumores) y espantosas epidemias como la plaga fueron segando vidas. Siempre resulta arriesgado aventurar cálculos demográficos para los milenios pasados, pero según algunos eruditos, la población de Europa en el siglo VII se había reducido a unos 14 millones de habitantes; otros proponen 17 millones para el siglo VIII. La escasa población combinada con la poca tierra cultivada hizo que prácticamente todo el mundo estuviera desnutrido.

Sin embargo, según se acercaba el segundo milenio, las cifras cambiaron, la población creció. Algunos expertos calculan un total de 22 millones de europeos en el 950; otros hablan de 42 millones en el 1000. En el siglo XVI, la población de Europa rondaba obre un punto: en los cinco siglos posteriores al año 1 000, la población europea se dobló, o incluso se triplicó.

Es difícil señalar las causas para la explosión demográfica europea; entre los siglos XI y XIII tuvieron lugar transformaciones radicales en la vida política, el arte, la economía y, como veremos, en la tecnología. Este nuevo arranque de energía física e ideas resultaba evidente para los que vivían e}s años del primer milenio, empezó a escribir su famosa Historiarum (también conocida como Los Cinco Libros de las Historias) unos treinta años después. El monje no tenía una visión especialmente alegre de la vida, y habla de una epidemia de hambre en el 1033, y describe atroces ejemplos de canibalismo entre los campesinos más pobres. Pero de alguna forma intuía que, con el año 1000, nacía un nuevo espíritu en el mundo, y que las cosas que hasta entonces habían ido muy mal- estaban dando un giro positivo.

Así brotó su visión en un pasaje casi lírico, que aún sigue destacando en los anales de la Edad Media. En él narraba cómo, a finales del milenio, la tierra de repente empezó a florecer, como un prado en primavera: Ya había entrado el tercer año tras el 1000 cuando, en todo el mundo, pero especialmente en Italia y las regiones de la Galia, hubo una renovación de basílicas cada nación cristiana rivalizaba por conseguir la más bonita. Parecía que la propia tierra, animándose y sacudiéndose los años de encima, se volvía a revestir de un blanco manto de iglesias .

El florecimiento del arte románico (que es de lo que hablaba Radulphus) no surgió de repente en el 1003; Radulphus escribía más como poeta que como historiador. Pero hablaba de la rivalidad de poder y prestigio entre varias ciudades-Estado; hablaba de las nuevas técnicas arquitectónicas y del resurgimiento económico, porque no se pueden construir iglesias así sin que haya riqueza detrás; hablaba de iglesias concebidas con mayores dimensiones que sus predecesoras, de iglesias capaces de acomodar a una población creciente.

Como es natural, se puede decir que, con las reformas de Carlomagno, con la construcción del imperio germano, con el rejuvenecimiento de las ciudades y el nacimiento de los municipios, la situación económica también mejoró. Pero no sería también posible decir lo contrario, que la situación política evolucionó, que las ciudades volvieron a florecer, porque algo mejoró la vida diaria y las condiciones laborales? En los siglos anteriores al 1000, se fue adoptando lentamente un nuevo sistema de rotación de cultivos trienal, que hizo posible que la tierra diera más frutos. Pero el cultivo requiere herramientas y animales, y también en este frente hubo adelantos. Justo antes del año 1000, a los caballos se les empezó a poner herraduras de hierro (hasta ese momento llevaban los cascos vendados con tela) y estribos. Por supuesto, esto último iba más en beneficio de los caballeros que de los campesinos. Para los campesinos lo que resultó revolucionario fue el invento de un nuevo tipo de collar para caballos, bueyes y otros animales de carga. Los antiguos collares ponían toda la tensión sobre los músculos del cuello del animal, poniendo en un aprieto sus tráqueas. El nuevo collar involucraba los músculos del pecho, con lo que se incrementaba la eficacia del animal al menos en dos tercios, y hacía posible que, para determinadas tareas, el caballo sustituyera al buey (los bueyes eran más adecuados para el tipo antiguo de collar, pero también trabajaban a un ritmo más lento que los caballos). Además, mientras que en el pasado los caballos trabajaban juntos en línea horizontal, en ese momento se podían juntar en una única fila, con lo que se incrementaba significativamente su capacidad de tiro. En aquel entonces también cambiaron las formas de arar. El arado pasó a tener dos ruedas y dos hojas, una para cortar la tierra y otra la reja del arado- para darle la vuelta. Aunque los pueblos nórdicos ya conocían esta máquina en el siglo II a. C., no se extendió por Europa hasta el siglo XII.

Pero en realidad de lo que quiero hablar es de las judías, y no sólo de las judías, sino también de los guisantes y las lentejas. Todos estos frutos de la tierra son ricos en proteínas vegetales, como sabrá todo el que emprenda un régimen bajo en carnes, porque los especialistas en nutrición insistirán sin duda en que un buen plato de lentejas o de guisantes tiene el mismo valor nutritivo que un grueso y jugoso filete. Pero los pobres, en aquella remota Edad Media, no comían carne, salvo que se las apañaran para criar unos pollos o se dedicaran a la caza (las presas del bosque eran propiedad de los señores). Y como ya he mencionado anteriormente, esta pobre dieta engendró una población mal nutrida, delgada, enfermiza, poco longeva e incapaz de atender los campos. Por eso, cuando en el siglo X se empezó a extender el cultivo de legumbres, tuvo un efecto profundo en toda Europa. Los trabajadores pudieron comer más proteínas; como resultado, se hicieron más robustos, vivieron más años, crearon más hijos y repoblaron el continente.

Creemos que los inventos y descubrimientos que han cambiado nuestras vidas dependen de máquinas complejas. Pero el hecho es que aún estamos aquí me refiero a nosotros los europeos, pero también los descendientes de los Padres Peregrinos y los conquistadores españoles- gracias a las judías. Sin las judías, la población europea no se habría doblado en unos siglos, hoy no seríamos cientos de millones y algunos de nosotros, incluso los lectores de este artículo, no existirían. Algunos filósofos afirman que eso sería mejor, pero no estoy muy seguro de que todo el mundo esté de acuerdo.

Y qué pasa con los no europeos? No tengo conocimiento de la historia de las judías en otros continentes, pero seguro que incluso sin las judías europeas, la historia de esos continentes habría sido distinta, de igual forma que la historia comercial de Europa no habría sido la misma sin la seda china y las especias indias.

Sobre todo, me parece que esta historia de las judías actualmente tiene algún significado para nosotros. En primer lugar, nos indica qué problemas ecológicos hay que tomarse en serio. En segundo lugar, hace mucho que sabemos que si occidente comiera arroz tostado sin moler, con su cáscara y todo (que, por otra parte, está delicioso), podríamos consumir menos comida, y mejor.

Pero, quién piensa en eso? Todo el mundo dirá que el más grande invento del milenio es la televisión o el microprocesador. Pero estaría bien que también aprendiéramos a aprender algo de la Edad de las Tinieblas.

Umberto Eco, profesor de semiótica en la Universidad de Bolonia, es autor de El nombre de la rosa.

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