LAS GRACIAS DEL DIABLO

LAS GRACIAS DEL DIABLO

Su aparición no es gratuita. Los realizadores criollos se valen de un argumento: acción es lo que se vive a diario en Colombia (asaltos, persecuciones y tiroteos). Sin embargo, la verdad negra del país hace que la ficción sea un tenue reflejo.

27 de octubre 1999 , 12:00 a.m.

A la televisión colombiana, hace unos 15 años, se le exigía dejar de lado las insulsas historias de amor o las anécdotas de pueblo para comprometerse con la realidad. El acontecer cotidiano hizo que, por ejemplo, Carlos Duplat en el dramatizado Cuando quiero llorar no lloro (popularmente conocido como Los victorinos ), historia del venezolano Miguel Otero Silva, alterara el cotarro público.

Las historia de tres muchachos de diferentes clases sociales y que vivían al margen de la ley, (delincuencia, guerrilla y narcotráfico) fue matizada con hechos de acción, para algunos de violencia, especialmente en el último e inolvidable capítulo. En un banco se cumple una profecía: cuando Victorino conozca a Victorino, Victorino morirá . Hubo disparos y sangre, pero recreados con sapiencia y recato. Esta serie está clasificada como una de las mejores de los últimos años.

Pasaron muchos años para volver a ver algo semejante. Esta vez de la mano de Armando Barbosa y, claro, los libretos de Mauricio Navas y Mauricio Miranda, La mujer del presidente regaló momentos de tensión y riesgo. Las escenas: la muerte de Robin y la fuga de Buendía de la cárcel. Este drama que señaló sin temores a los problemas de la justicia en Colombia. Igualmente es considerado como de lo mejor de la TV colombiana en mucho tiempo.

Este año aparecieron dos telenovelas, con bastante acción, que han pugnado en lo alto por la gran audiencia: Por qué Diablos? y El fiscal.

La primera, criticada por el lenguaje y la violencia que recrea, pero alabada por la intensidad que maneja. Su manejo de cámaras es casi cinematográfico. Sergio Osorio su director comenta: La violencia y la acción, si no son gratuitas, se hacen creíbles. Toda escena funciona si respeta su contexto .

El fiscal, otra serie que analiza la justicia colombiana sin miramientos, basó buena parte de su éxito en la acción. Su director Kepa Amuchástegui señala una escena, grabada en un día y que salió al aire por tres minutos, como memorable: el día que Rojas elimina al sicario J.J.

El país reciente obligó a que la televisión colombiana supiera de acción.

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