MUERTE A 45.000 PIES

MUERTE A 45.000 PIES

Eran las 8:30 de la mañana del lunes pasado, en el aeropuerto de Orlando (E.U.). El golfista Payne Stewart y cuatro pasajeros abordaron el avión. Horas más tarde, su esposa, Tracey Stewart, seguiría en un video la loca travesía de la aeronave que terminó con la muerte de sus ocupantes. (VER GRAFICA: EL MISTERIO DEL ACCIDENTE DEL LEARJET)

27 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

El Learjet de 10 plazas se fue elevando y no tardaría en perderse de vista. En aproximadamente dos horas debía aterrizar en Dallas, donde Stewart, ganador de dos Abiertos de Estados Unidos, dueño de un gran sentido del humor, e inigualable en los campos de golf a la hora de lucir gorra y pantalones bombachos, se alistaría para jugar un torneo más.

Pasaron los minutos y la nave perdió contacto con la torre de control cuando atravesaba por Gainesville (Florida) y además desvió el rumbo.

Era evidente que algo grave había sucedido. Chris Hamilton, piloto de un avión de guerra F-15, partió en busca de la nave perdida. Igual misión le fue encomendada a un cazabombardero F-16, que participaba en un vuelo de entrenamiento en la base Eglin, de la Florida. Minutos después se unió otro F-15.

Hamilton avisó que había observado la nave en tranquilo vuelo, pero con las ventanas impregnadas de escarcha, lo que indicaba que el aparato había perdido presión en la cabina.

Qué había ocurrido? La nave volaba a 45 mil pies de altura, unos 13.716 metros. Su velocidad era de 850 kilómetros. Afuera la temperatura era de menos 60 grados centígrados.

Lo único claro, por ahora, es que el avión se había despresurizado. Y si fue a 45 mil pies, sus ocupantes apenas tuvieron 15 ó 20 segundos para reaccionar. Los pájaros voladores tienen unas máquinas de ciclaje que giran a 60 revoluciones por minuto y así capturan el poco oxígeno que hay a semejante altura. Luego lo inyectan a la cabina. Y es como si la nave volara a cinco o seis mil pies de altura, donde el oxígeno es abundante y no se necesita presurización.

Muchas preguntas Falló el sistema de presurización? No hay una última palabra. Este tiene dos mecanismos automáticos para evitar un escape de oxígeno y la consiguiente despresurización, y otro manual, que opera la tripulación. En estos casos, las máscaras de oxígeno caen de inmediato y pasa el peligro. Si los mecanismos fallan, se debe iniciar un descenso.

En este vuelo de la muerte, son más las preguntas que las respuestas. Hubo despresurización explosiva como producto, por ejemplo, de la ruptura del fuselaje? El piloto Hamilton relató que no había visto un daño visible en la nave mientras volaba.

Hubo despresurización lenta? Se abrió una válvula del fuselaje, en la barriga del avión, y por allí, lentamente, se escapó el aire? Hubo un incendio a bordo o un cortocircuito, que desató una humareda y terminó asfixiando a los ocupantes? Hubo un agujero que despresurizó la cabina en segundos y congeló a pasajeros y tripulantes? Por qué volaba tan alto, si con 18 mil pies era suficiente? Simples preguntas e hipótesis. Pero la respuesta ha quedado en manos de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos. Dentro de dos o tres años se llegará a las causas probables del accidente.

Tal vez en ese tiempo habrá una respuesta para la señora Tracey Stewart, que debió soportar el video que transmitió la televisión. Ella vio cómo su esposo se desviaba, cómo atravesaba Georgia, Alabama, Tennessee y se alejaba de Dallas, de ella y de sus dos hijos, Chelsea y Aaron.

Y tuvo arrestos para marcarle al celular una y otra vez, sin respuesta alguna. Y volvió al video, y vio ese ataúd aéreo que sobrepasaba Illinois, Missouri, Iowa y Minnessota.

En la Casa Blanca monitoreaban el vuelo, pues existía el riesgo de que la nave, sin nadie al comando, se estrellara en un lugar habitado. En caso extremo debía ser derribada y la orden hubiese partido del propio Bill Clinton, amigo personal de Payne.

La señora Tracey desistió de marcar al celular. El Learjet, con el piloto automático operando y con el combustible agotado, fue descendiendo hasta chocar con tierra en la esquina noroeste de Dakota del Sur, en Mina.

En un pedazo ennegrecido de pasto quedaron los escombros de metal retorcido, el recuerdo de Stewart, la frase del investigador de siniestros Robert Francis, que dijo que no se puede suponer únicamente que la cabina perdió presión, quedaron muchas dudas.

Y Tracey quiere hasta la última respuesta de un video que jamás hubiese querido ver.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.