TIEMPO Y VIDA

Para darte cuenta del valor de un año, conversa con un estudiante que ha fallado un examen final. Para tomar conciencia del valor de un mes, pregúntale a la madre que da a luz un bebé prematuro. Para apreciar el valor de una semana, charla con el editor de un diario o de una revista semanal. Para caer en la cuenta sobre el valor de un día, imagina a un sentenciado a muerte en la víspera de su ejecución. Para apreciar el valor de una hora, piensa en dos enamorados que solo tienen 60 minutos para verse en una estación de tren. Para tomar conciencia del valor de un minuto, pregúntale a aquel que acaba de perder un vuelo internacional. Para darte cuenta del valor de un segundo, charla con aquel que, por esta fracción de tiempo, se salvó de un accidente mortal. Para apreciar lo que vale una milésima de segundo, habla con el atleta que sólo pudo ganar la medalla de plata. El tiempo es mucho más que oro, el tiempo es vida. Y sólo eres dueño de una fracción de tiempo: el ahora.

21 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Se necesitan años para aprender a valorar los segundos y nos creemos dueños del tiempo cuando solo poseemos un ahora que huye. Por eso dice Dante en su Divina comedia que el tiempo pasa sin que los seres humanos nos apercibamos de ello .

Nos hace bien tomar conciencia de que un momento nos puede hacer felices o desgraciados; un solo instante, uno solo. Si lo pensamos bien, en qué situaciones valoramos el tiempo, que no es más que la misma vida que fluye y se nos escapa? Apreciamos en su justa medida el valor del tiempo en un hospital, en una emergencia, en una funeraria o en un cementerio. Deberíamos detenernos con frecuencia ante un reloj de arena para meditar despacio y vernos como transeúntes peregrinos. También nosotros, como las aves, somos migratorios y estamos de paso. La vida es la suma de muchos adioses. Hay que recordar lo que decían los sabios en la antigua Roma: Carpe diem , cuida el día, porque cada día es una vida en miniatura. El hoy y el ayer son las piedras con las que construimos la vida , según el poeta Henry Longfellow.

Un médico me dijo una vez que todos, al igual que los desahuciados, tenemos los días contados, aunque nos cuesta aceptarlo. Es un golpe seco, pero es una gran verdad, ya que no somos dueños ni siquiera del ahora, que sólo es agua que se escapa de las manos. Decimos que el tiempo pasa, pero somos nosotros los que pasamos y, en palabras de Galileo, los únicos años que tenemos no son los que hemos vivido, sino los que nos quedan por delante. Los vividos no los tenemos y ya los gastamos como se gastan las monedas , afirmaba el físico italiano. En suma, somos peregrinos y saber vivir es cuidar el día: Carpe diem .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.