CIUDADANO DEL SIGLO XXI

CIUDADANO DEL SIGLO XXI

El trabajador de la época llamada industrial quedó representado por un overol azul, algunas manchas de grasa y un cuerpo musculoso. En la era del computador se representa más bien a un técnico, vestido de bata blanca, limpio y no musculoso sino inteligente. En la dimensión industrial se producía en masa sobre un original, un carro, una fotografía. Hoy, en la era digital, no se reproduce, se duplica, o acaso, se clona; no se masifica se globaliza. Pasamos de una cultura de la máquina a otra de la imagen, de las imágenes del mundo, de los datos que diseñan paisajes. Ya no vemos el mundo como mapa, sino que hacemos croquis personales de muchos mundos. Lo urbano, que pudo ser macro, se torna microurbano, que aprendemos por una pantalla, sea del computador, del televisor o el video, captado en nuestras pequeñas aldeas dentro de ciudades inmensas. Lo urbano ya no significa igual a ciudad. La urbanización del mundo traduce que los sistemas de comunicación y los modos de vida afectan allende e

21 de noviembre 1999 , 12:00 a.m.

Nos desprendemos de un sistema concebido para lograr un dominio espacial del universo donde la materia es lo fundamental, producir un objeto, hacia otro donde prima una técnica de lo inmaterial y por tanto el tiempo como medida: la velocidad y el saber concentrados en un chip que sobrepasa la posible elaboración verbal de los humanos. Los nuevos museos urbanos ya no sólo para archivar el pasado, fetichizarlo, sino para explorar el futuro, adivinarlo. La ciudad imaginada, en su invisibilidad, se convierte en el marco más poderoso para captar la otra, esa real que caminamos todos los días.

El ciudadano del siglo XXI hace, pues, de la tecnología su realidad más natural. Pero tanta definición tecnológica también nos está llevando a la otra orilla: aquella del artesano, de la vida de hogar utilizando el computador para toda actividad; de la pequeña industria de productos caseros, de la comida sana, de los grupos de meditación, de las religiones grupales. Los grandes sistemas de comunicación como la televisión, o de producción como la globalización, ceden a usos locales y domésticos. El ciudadano posindustrial se enfrenta a un paso definitorio: de la simulación del espacio (por ejemplo la TV) pasa a vivir la mimesis del tiempo (por ejemplo internet). Paso del hardware, cultura de la máquina, al software cultura de la programación. Paso de la ciudad real a aquella imaginada. Dominio del pensamiento sobre la materia y, por tanto, la cultura y su reflexión se tornan fundamentales para dimensionar el nuevo tiempo. El nuevo milenio ya ha comenzado.

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