AVALANCHA SEPULTÓ A CINCO PERSONAS

AVALANCHA SEPULTÓ A CINCO PERSONAS

En medio de la oscuridad de la noche, Alexander, un niño de 9 años, pedía desesperado que lo sacaran del barro. Sus gritos movieron a su padre, Germán Cárdenas, quien se encontraba aprisionado entre las piedras, a llegar hasta él y salvarlo, pero ni el tiempo ni las fuerzas le alcanzaron para hacer lo mismo con su esposa, Elsy Gómez y su hija Daniela, de 4 años, que fueron sepultadas por el alud. (VER MAPA: LUGAR DE LA AVALANCHA)

27 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

De su esposa solo alcanzó a oír cuando exclamó: Dios mío qué es esto , en momentos en que ya la tierra se precipitaba con un zumbido aterrador sobre un grupo de viviendas ubicadas al borde de la carretera hacia el nordeste antioqueño, a la altura de la vereda El Machete, del municipio de Guadalupe, a 140 kilómetros de Medellín.

En el sitio donde habitaba la familia Cárdenas, los vecinos clavaron una cruz donde presumen que quedaba la alcoba del matrimonio. En la casa vecina, donde habitaba la familia Hernández, murieron Gloria, de 22, y su hija de 2 años, Jeniffer. La quinta víctima fue Henry Acevedo.

Las aguas de la quebrada Azufral o El Andén, que corre por encima de la montaña, crecidas por las últimas lluvias caídas en la región durante tres días consecutivos se represaron a su paso por El Cañón de Guadalupe, y con su fuerza contenida causaron una avalancha que tierra y lodo que sepultó a cuatro viviendas y alcanzó a afectar otras 15, dejando unas 25 familias damnificadas.

Los habitantes de la vereda, asentados a la largo de la carretera, dormían a las 2:50 de la mañana cuando en medio de un torrencial aguacero, el alud con un ruido como de trueno se precipitó sobre las viviendas, atrapando en el interior a sus ocupantes.

El taponamiento de la quebrada, que suele correr tranquila, hizo que las aguas se partieran en dos brazos y arrasaran parte de la montaña, desprendiendo la tierra sobre la carretera. A lo largo de cinco kilómetros se produjeron ocho derrumbes, bloqueando el paso hacia el nororiente del departamento.

A su paso, la avalancha dejó una gran cantidad de árboles derribados y cables de la luz tirados por el suelo, mientras que la colada amarilla del lodazal amenazaba con tragarse a los socorristas.

Aunque inicialmente, autoridades y vecinos del sector presumían que bajo la tierra yacía sepultado un número mayor de personas, los familiares solo confirmaron la muerte de los cinco ya mencionados.

Con heridas, otras siete personas lograron salvar sus vidas y en dos helicópteros, fueron remitidas a centros asistenciales de Medellín y el Valle de Aburrá, donde se encuentran fuera de peligro.

Son ellos, Alexander Cárdenas, de 9 años; Anderson Acevedo, de 2 años; Blanca María Osorio, de 24; César Fonnegra, de 23; Hernán Cárdenas, de 30, y Sixto Antonio Urrego, de 38. El menor Jhonatan Alexis Hernández, de 4 años, es atendido en el centro de salud de Guadalupe.

La mayoría eran agricultores, de familias muy humildes, dedicados al cultivo de maíz y yuca principalmente.

Muy cerca del sitio de la tragedia y sin que las obras resultaran afectadas, Empresas Públicas de Medellín construye la Central Hidroeléctrica de Guadalupe IV. El gerente general de Empresas Públicas de Medellín, Ramiro Valencia Cossio, dispuso que todo el personal y maquinaria de la entidad en la zona quedara habilitado para colaborar en la superación de la emergencia.

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