ENFRENTADOS POR UN BALÓN

ENFRENTADOS POR UN BALÓN

Los policías, cargados con dos cajas de gaseosa y cerveza, patinan sobre el barranco pantanoso que da paso la cancha del barrio La Peña, pero logran mantenerse en pie. Deben demostrarles a los pandilleros que son hombres de palabra. (VER INFOGRAFIA: POLICIAS Y PANDILLEROS EN LA CANCHA).

27 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

- El equipo que pierda gasta la cerveza , había dicho el líder de la Banda de la 21 , cuando se pactaron las reglas del partido de microfútbol.

Hagamos algo más elegante. Como nosotros estamos de servicio y no podemos tomar licor, ustedes nos gastan la gaseosa y nosotros les gastamos cerveza , le había propuesto el teniente Jovany Becerra.

Las cajas que guardan la promesa se acomodan, finalmente, bajo un banco de tablas. Ahí no las toca la lluvia.

El arquero de los policías todavía no llega, y los pandilleros prestan temporalmente uno de sus muchachos para que salve a los patrulleros de los goles de la banda. El árbitro da el pitazo de arranque.

Para llegar a la misma cancha y patear el mismo balón, los integrantes de la pandilla también tuvieron que demostrar cosas.

Que ya no daban bala, y que el rugido de los carros de la leche y la gaseosa escalando las lomas del oriente bogotano, no provocaba un plan de asalto en la 21. El número de la calle le dio el nombre a la banda.

El compromiso llegó después del pacto de convivencia que impulsó la Policía Comunitaria entre las pandillas de El Parejo, La Peña, Julio César Turbay y Los Laches.

Vino un muchacho y me comentó lo del proceso. Puse la cara y después les dije a los duros que había posibilidad de hacer las paces pa dejarnos de matar, y así comenzó todo , relata el líder del grupo, que no deja de seguir con la mirada el partido de microfútbol.

El balón se escurre y la patada del pandillero que lo sigue, pega en el pie de un policía. Lléveselo pal CAI , grita alguien que está en la barra de La 21 . Los únicos que no ríen a carcajadas son los 10 muchachos que luchan el gol en la cancha.

La embarraron Apenas pasa la algarabía, el líder de la pandilla retoma la palabra y hace confesiones: Nosotros cogíamos tiendas y restaurantes de otros lados. Si había murracos (muertos), pues se perdía un muchacho y listo, o si había que matar al del restaurante se mataba también .

La alineación al lado de la gente legal se daba a cambio de que Misión Bogotá les consiguiera trabajo. Además, debía cumplirles con la capacitación en talleres de mecánica, electricidad y con actividades que les sirvieran para montar microempresas.

De hecho, cada muchacho entregó su hoja de vida. Pero la embarraron. Esta es la hora en que no ha hecho nada. Para qué promete lo que no puede cumplir?, preguntan los que están junto a la malla animando el juego.

Algunos todavía salen del barrio para robar. Dicen que no pueden dejar morir a sus hijos de hambre.

Sin embargo, el partido a nadie le parece un juego de la ley contra el hampa. Somos iguales, pero crecimos en circunstancias distintas , afirma un policía.

El asunto no es de alcahuetería, aseguran patrulleros y pandilleros. Los unos evitan hostigamientos y los otros respetan la presencia del verde oliva. En La Peña ya no hay carreras cuando en la esquina asoma la parca (la patrulla).

Los pandilleros han hecho cuatro goles cuando el juez marca el final del partido. Los policías ninguno. Ex perseguidos y antiguos perseguidores se acercan juntos hasta el patrullero Freider Romero, que para cumplir el pacto, empieza a destapar gaseosas y cervezas.

Nuevos acercamientos Los integrantes de la Banda de la 21 todavía piensan en una reconciliación definitiva con la sociedad. Reconocen que el contacto con la Policía Comunitaria terminó con la guerra entre pandillas, que hasta el año pasado, cuando comenzó el pacto de convivencia, había dejado cerca de 20 muertos.

Sin embargo, afirman que no pueden dejar la delincuencia totalmente si no tienen trabajo.

Al referirse a las observaciones de los jóvenes la directora de Misión Bogotá, Claudia Vásquez, dice que no ha sido posible ubicarlos laboralmente a todos, pero asegura que 13 de los 30 comprometidos con los pactos de convivencia están trabajando.

Esperan llamar a otros muchachos, que harían labores de guías cívicas en el centro o trabajarían en el estadio. Lo que no puede hacer Misión Bogotá es solucionar el asunto de los antecedentes penales , añade la funcionaria.

Los inconvenientes con Misión Bogotá generaron resistencia entre los pandilleros, pero el teniente Jovany Becerra y los patrulleros Freider Romero y Walter Sosa, en representación de la Policía Comunitaria, han logrado nuevos acercamientos. Ha sido muy difícil ganarnos la confianza de ellos , afirma el teniente Becerra.

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