UN NUEVO ARRANQUE

La década de los noventa en Colombia ha sido una época de intensos y crecientes desequilibrios macroeconómicos originados en un exceso de crecimiento de gasto público y privado no sostenible. En el ambiente de una economía más abierta tras los procesos de apertura, liberación cambiaria y liberación financiera ello desembocó en el colapso del ahorro interno, en un fuerte endeudamiento público y privado y en necesidades crecientes de recursos de financiamiento externo para sostener ese exceso de gasto.

25 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

En la fase del boom económico y crediticio se percibía erróneamente que se podía sostener un ritmo ininterrumpido de expansión basado en altos niveles de endeudamiento apoyados, además, en las expectativas de cuantiosos ingresos petroleros futuros por lo cual no se prestó atención suficiente a los desajustes macroeconómicos que se estaban acumulando. El boom abarcó: elevado crecimiento del crédito, burbuja de incremento en el precio de los activos, alto endeudamiento empresarial, intenso endeudamiento de los hogares en consumo y vivienda, financiamiento público con base en privatizaciones y deuda interna y externa. Todos se endeudaron.

Ante el recalentamiento de la economía, a partir de 1995 se pusieron en marcha políticas más restrictivas, destinadas a buscar lo que se denominó un aterrizaje suave de la economía y a recuperar la tasa de cambio real que se había revaluado fuertemente en los años anteriores. El fin de la fase de boom desnudó las debilidades y vulnerabilidades de la economía del periodo anterior. El crecimiento de la economía cayó al 2% en 1996, después de los niveles promedio del 5,5% en el período 1992-1995. El sector de la construcción empezó un proceso de estancamiento y crisis. Se inició una etapa de debilitamiento del sector productivo y del sistema financiero. A ello se sumó la inestabilidad producida por la crisis política interna.

En consecuencia, la creciente vulnerabilidad interna a lo largo de la década ha tenido los siguientes componentes centrales: a.Deterioro creciente de la balanza de pagos b.Apreciación de la tasa de cambio real c.Elevado endeudamiento público y privado, interno y externo d.Crecimiento no sostenible en el precio de los activos e.Crisis de ahorro interno y dependencia fuerte de recursos externos f.Fuerte debilitamiento del sistema financiero g.Inestabilidad política Tras una corta fase de recuperación en 1997, y sin lograr corregirse los altos desequilibrios en las áreas externa y fiscal, desde la segunda mitad de dicho año la economía recibió los impactos de los choques externos resultantes primero de la crisis asiática y más adelante de la debacle rusa. Los choques externos se manifestaron en los siguientes aspectos: a. Disminución en los términos de intercambio b. Menor financiamiento externo y más costoso c. Salida de capitales d. Recesión de los países vecinos e. Expectativas negativas de las agencias calificadoras de riesgo f. Crecientes presiones cambiarias La combinación de los desequilibrios internos y los choques externos desembocaron finalmente en la crisis económica y de desempleo por la que atraviesa la economía. Como resultado del alto endeudamiento anterior de la economía y de las restricciones de financiamiento externo, se ha producido un intenso proceso de ajuste en el gasto (alta contracción de la demanda), al cual se ha sumado una fuerte contracción en la oferta de financiamiento interno ante la crisis financiera. Los choques externos afectaron a todas las economías latinoamericanas pero su intensidad ha sido mayor en Colombia debido, precisamente, a sus más altos desequilibrios internos.

El proceso de ajuste, con sus efectos sobre el producto y el empleo ha estado marcado por los siguientes hechos: a. Menor financiación y mayores recursos para servir deuda. Los ingresos de la Cuenta de Capital y Financiera como % del PIB han caído de 6,1 en 1997 a 4,6 en 1998 y a 2,7 en 1999. En el mismo período, la inversión extranjera: 5,2%; 2,9%; 1,3%.

b. Ante freno de recursos externos, mayores expectativas de devaluación con efectos sobre las tasas de interés.

c. Defensa cambiaria mediante venta de reservas internacionales y aumento de tasas de interés con efectos contraccionistas sobre gasto privado.

d. Crisis de empresas altamente endeudadas, pérdida en el valor de sus activos y que no encuentran nuevas posibilidades de refinanciación de sus deudas.

e. Crisis de hogares con alto endeudamiento de consumo e hipotecario, con caída en el precio real de las viviendas y con acentuación del desempleo.

f. Debilitamiento patrimonial y de liquidez del sistema financiero. Genera restricción crediticia: insolvencia de deudores; deterioro de rentabilidad; pérdida de valor de los activos y garantías.

El reajuste, con todo, ha producido importantes correcciones en varios de los desequilibrios: a. Acentuada disminución en el déficit de balanza de pagos: de un promedio de 5,5% en años anteriores a un 3,2% en 1999.

b. Fuerte caída en la tasa de inflación de niveles del 20% al 10% anual.

c. Sinceramiento en precios de activos.

d. Recuperación de la tasa de cambio real.

Las anteriores consideraciones permiten responder a dos de las críticas más superficiales que se han hecho a la política económica de 1998: a. Que el Banco de la República elevó las tasas de interés sin medida ni prudencia y es el responsable de la recesión. Lo que el análisis anterior permite mostrar es que la elevación de las tasas de interés fue el resultado de un complejo de fuerzas originadas en los desequilibrios internos y en los choques externos: las presiones de devaluación, el mayor riesgo del país ante sus desajustes, la debilidad de subsectores financieros importantes con sus consiguientes problemas de riesgo y liquidez , las restricciones en el acceso a financiamiento y los impactos de la defensa de la estabilidad cambiaria.

b. Que la defensa de la banda cambiaria, en asocio con las altas tasas de interés, postró la economía. Un análisis serio, por el contrario, permite constatar que los parámetros cambiarios vigentes evitaron crisis más profundas, como las que se han producido en otros países. La experiencia internacional también muestra que los problemas no surgen del régimen cambiario existente, sino de los fundamentos macroeconómicos en los cuales se soporta. Países con sistemas cambiarios fijos, flexibles o de flotación sucia han sufrido los embates de la crisis y un estudio reciente del BID señala, incluso, que el sistema existente en Colombia ha permitido una respuesta más flexible.

De esta forma, el ajuste que fue brutal en otros países, con impactos violentos en la producción y en el sistema financiero y con sobreajustes cambiarios y en las tasas de interés, pudo atenuarse en Colombia mediante una combinación más pragmática y gradual entre tasa de cambio, uso de reservas internacionales y tasas de interés. Desgraciadamente, en este proceso, los ajustes fiscales requeridos para colocar las finanzas públicas sobre una trayectoria sostenible no fueron posibles y por ello hubo un recargo excesivo en otras variables e instrumentos de política.

La política económica En este entorno, el actual diseño y ejecución de la política económica ha enfrentado varios dilemas, que no son fáciles de resolver. Se ha buscado minimizar los costos de la política adoptada.

a. La vulnerabilidad e inestabilidad interna (económica y política) en un entorno internacional de crisis y restricciones podría conducir a intensificar las expectativas de devaluación y a fuertes ataques contra el peso, a corridas eventuales de depósitos del sistema financiero (que lo debilitarían más).

b. Recurrir a una política monetaria más restrictiva agudizaría problemas del sector financiero y recesión.

c. Liberar los parámetros cambiarios ocasionaría sobre-ajustes, afectando aún más la solvencia de sistema financiero y de sectores fuertemente endeudados, trayendo un período de más altas tasas de interés y de excesos de devaluación (como se ha visto en otros países).

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