MÁS ALLÁ DEL SEXO

MÁS ALLÁ DEL SEXO

Uno de los grandes problemas escolásticos de la Edad Media tenía que ver con la resurrección. Para un católico creyente era evidente la promesa de que los muertos vivirían de nuevo el día del juicio final, y era entendida así como literalmente suena. Uno resucitaría en el mismo cuerpo que tuvo en vida.

27 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Pero si por casualidad uno era devorado por un caníbal? Resucitaría entonces la víctima cuya carne se incorporaría a la del caníbal o solamente el victimario volvería a vivir? Según Tomás de Aquino, ambos resucitarían, pero añade solo en sus partes más esenciales y más propias. Es fácil sonreír. Ahora se libra otra confrontación sobre nuestros cuerpos: es nuestro sexo algo decidido biológicamente o es una construcción social? Por un lado están los que defienden decididamente que las cualidades que consideramos como masculinas y femeninas son dadas por la naturaleza, que la diferencia corporal también proporciona una diferencia mental. Y por otro lado están los que insisten decididamente en que la masculinidad y la feminidad son solamente una invención social y cultural. Como teorías científicas, ambas son totalmente aceptables, tan aceptables como lo eran los cuestionamientos de Tomás dentro de un orden religioso mundano.

Es legítimo que el experto en ciencias naturales trate de averiguar si hay razones biológicas en la forma en que hombres y mujeres se comportan en diferentes situaciones; e igual de razonable es el hecho de que el experto en asuntos sociales investigue en qué medida las identidades sexuales pueden ser derivadas de estructuras de poder social. Todas las hipótesis son posibles.

Lo que es absurdo es la idea de que esas teorías puedan tener una importancia significativa en la vida real, por fuera de los laboratorios y de los salones de conferencias. En nuestra vida, tal como la vivimos, hay papeles masculinos y papeles femeninos como realidades históricas. Si estos han sido inventados por Walt Disney o están en la estructura de nuestro ADN, es una cuestión académica.

Existen porque los necesitamos, por lo menos hasta que la propagación de la especie humana sea uno de nuestros intereses más importantes. Prescindiendo de si estos son condicionados biológicamente o construidos socialmente, constituyen poderosas formas de identidad que no se dejan sacar a un lado en el primer intento.

Antes de tratar de abolir los papeles masculinos y femeninos parece más razonable discutir cuándo y cómo vamos a ser hombre y mujer y cuándo no vamos a serlo. Es en este punto donde los biólogos rigurosos son peligrosos: ellos se apoyan en el hecho evidente de que el ser humano es un ser biológico con la afirmación normativa de que debe portarse como tal. Pero, como el filósofo inglés David Hume dijo hace varios siglos: Ought never follows from is .

El verdadero problema está en el reparto desigual de identidades sociales. Para las personas adultas que tienen muchas identidades en que moverse, los papeles masculinos y femeninos son a menudo una parte manejable de la existencia y le dan sabor a la vida: uno es hombre o mujer, pero uno también es ciudadano, vecino, compañero de trabajo, miembro de asociación... Es más difícil para las personas que han quedado atrapadas en identidades de una sola dimensión o han sido obligadas a ingresar en ellas. Ser solamente su sexo al igual que ser solamente sueco o filatelista o docente en francés antiguo es destructivo para la personalidad.

En las relaciones masculinas y femeninas siempre habrá tensiones porque tienen que ver con poder. Pero pelear por si vamos o no vamos a ser masculinos o femeninos no tiene sentido. Somos hombres o mujeres pero al mismo tiempo esto es solo el comienzo de lo que implica ser humano. Aunque bajo la suposición de que yo resucitara, lo haría con gusto en mi propio cuerpo. Por lo menos en las partes más esenciales y más propias.

* Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia

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