UN DESAMOR

Llegó septiembre, mes del amor y la amistad. No todos comparten su celebración porque, sumado a otros eventos del mismo corte a lo largo del año, terminan vaciando los ya menguados bolsillos.

10 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

A pesar de las razonables disculpas de algunos en el sentido de enaltecer a diario esos sentimientos, el ritual socio-comercial se impone. Y se celebra, no siempre a regañadientes, sobre todo si existe la necesidad de expresarlos o de adular a personas influyentes.

Pero lo que cuento a continuación es un raro caso de desamor. Es alguien que se cansó del amor y no le interesa, obviamente, festejarlo. El amor le sabe a cacho. Con la idea de recoger consejos para apoyarlo, este es su rollo: Muy excitante la conquista y muy deliciosa la relación al principio. Qué rico sentirse admirado y envidiado. Percibía las ínfulas que despertaba mi compañía. Me sentía como galán de cine.

Pero el encanto se fue apagando y de la luna de miel sólo me ha quedado un terrible empalago. No es para menos, tengo que andar posando en la calle, restaurantes, oficinas, supermercados, cines, reuniones, salones de belleza, clubes, carros, sin faltar la peligrosa excéntrica que me acose en los aviones. Qué mamera! Tanto repique aquí y allá me achanta. Peor si mi depre la confunden con una libido más baja que la credibilidad del proceso de paz en la derecha y en USA, con una disfunción en mi menú, o que, contrario al caso del ciclista Santiago Botero, crean que mi bloqueo se debe a un bajo nivel de testosterona.

Me reconforta cuando escucho compasivamente: pobrecito, el trabajo lo tiene estresado. Los más incisivos insinúan una revisión de mi batería prostática o una recarga estimulante. Pero les aseguro que ese no es mi problema.

Mi situación se agrava a tal punto que mi presencia causa accidentes de tránsito. Es que a todo momento me llevan de la mano, no me sueltan ni para ir al baño. Me siento impregnado de bacterias, como la E. coli y su asqueroso olor.

Increíble, solo descanso al lado de joyas, un par de copas y un sobre abierto de condones en la mesa de noche de un motel. Pero no falta el maniático(ca) que me deja prendido para atender la agenda o sacar el pretexto de una pinchada o un trancón (suenan parecido). Porque con tanto uso y abuso debo decirles que soy el sufrido celular. No más! Quiero liberarme de tanto manoseo.

*Investigador

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