CHIQUIVA

Empataba Millonarios el juego de anoche en El Campín frente a Tuluá. Había más de un enredo en los azules cuando el primer tiempo se había consumado sin goles y con poco fútbol.

28 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Pero surgió la combinación de la que habla el título de esta nota. Anoche ganó Millos con un rotundo 3-0 y lo hizo gracias a Chiquiva , que no es otra cosa que la fusión que se puede hacer del técnico Luis Chiqui García y Andrés Chitiva.

García, que supo de dos disparos del visitante que hicieron temblar los palos del arquero Héctor Burgues y de las escasas visitas azules al área de Néstor Lotártaro, revisó sus apuntes.

Y llamó al pelado Chitiva para que acabara de una vez por todas con la resistencia. Lo ubicó en la izquierda y fue cuestión de segundos observar cómo el férreo Tuluá se despedazaba.

Minuto 6. El luchador Daniel Tílger penetró al área, recibió la pelota y disparó fuerte. Lotártaro atajó a medias. El rebote llegó a los pies del veloz Chitiva, que golpeó con la pierna izquierda. Entre ese racimo de gente que había en el área del arco norte, apareció la pierna de Bónner Mosquera. Y fue gol. Y estalló la tribuna azul. Y el pelado lo gritó como si fuera suyo y buscó al Chiqui , su compañero de fórmula.

El grandote defensa Silvino Caicedo quiso intimidar al jovencito, que era el único de los 22 que daba la impresión de jugar en la cancha del barrio Fontibón.

En uno de sus desbordes por la izquierda se produjo un tiro de esquina. Minuto 12, decía el reloj. Cobro alto. Chitiva se levantó. La pelota siguió de largo hasta caer a los pies de Juan Carlos Jaramillo, que se acomodó, pateó rasante y con la leve ayuda de la desafortunada pierna de Silvino aumentó la ventaja.

Y volvió el estallido en la tribuna. El tambor de la barra de occidental, el grito sostenido de los Comandos, el silencio de un hincha azul de occidental, a quien le dicen el Ministro de Educación porque de su boca salen todos los improperios imaginables e inimaginables.

Bastaron 12 minutos para derribar al contrario. Tuluá, de ahí en adelante, no fue más. Era todo para Millos, que no deja de luchar, que sostiene a brazo partido su invicto número 23, que comparte el primer lugar con Junior, que avanza convencido pese a las dificultades que le tejan.

En Millos funcionaba Guillermo Rivera, que peleaba cada bola en la mitad. Mosquera le soltaba la pelota al escurridizo Chitiva, que se daba el lujo de inventar pases cortos y al vacío en busca de Tílger.

En Millos, La Guama Cardona pasaba al ataque con firmeza y metía miedo en cada tiro libre. Tuluá casi ni existía. Tílger, que luchó y luchó por el gol sin conseguirlo, perdió uno con el arco solo, tras haber eludido al arquero.

Y la tribuna era una fiesta. Los ambientes festivos relajan y provocan descuidos. Eso ocurrió por minutos con la zaga azul (mal partido de Javier Martínez). Así sucedería en el minuto 38. Falta de Oscar Cortés sobre el delantero Néstor Salazar. El mismo lo cobró y él mismo lo desvió.

El visitante se había entregado. Los aplausos caían para Chiqui y para Chitiva. Excelente combinación. Después hubo palmas para Rivera, que, extenuado, le dejó el campo libre a un ilustre desconocido: Omar Guerra, de Valledupar.

Quién se iba a imaginar, en medio de la fiesta, que expirando el juego, hubiese un lanzamiento de esquina, cobrara Cardona y Guerra, el ilustre desconocido, cabeceara el tercero.

Fue la noche de los chicos. La del Chiqui , la de Chitiva, la de Guerra. Avanza Millos, sólido en la tabla. Y la fórmula se llama Chiquiva . Así de simple.

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