Secciones
Síguenos en:
EL ARTE DEL METAL

EL ARTE DEL METAL

Mientras habla, Jean Luc Courcoult director de la Compañía Royal de Luxe prende un cigarrillo, bebe un vaso de whisky, saca una carpeta con fotos, se acomoda las gafas de marco rojo y se pasa las manos por su escasa cabellera. La conversación con él es agradable porque sus respuestas son rápidas, concretas y matizadas de humor. El problema lo tienen los fotógrafos. Como no se está quieto, es difícil enfocarlo.

La imagen que proyecta es semejante a sus obras. Muchos ángulos para ver. Con un eje central, pero con una figura, un personaje, una historia distinta en cada rincón del escenario.

De características similares son los treinta integrantes de su Compañía, que presenta La verdadera historia de Francia. Son enemigos de la quietud. Incluso Courcoult confiesa que asiste poco a teatro porque no se siente bien estando dos horas en una silla de una sala cerrada.

En cambio, es feliz en un taller. Allí encuentra su elemento preferido: el metal. Le gusta hacer máquinas. Imaginarlas. Darles vida y luego, destruirlas para hacer otras. En cierta forma, tiene mucho de colombiano porque dice que es un rebuscador de profesión, con énfasis en el reciclaje.

La escenografía básica de La verdadera historia de Francia es un libro de 10 toneladas de peso construido en madera, plástico, láminas, tuercas, cables, tornillos, entre otros materiales. De siete metros de largo por cuatro metros de ancho, contiene 12 páginas en metro y medio de espesor.

Para el espectáculo del Festival Iberoamericano de Teatro, el libro se coloca en la Plaza de Bolívar y se van pasando cada una de las páginas que ilustran aspectos importantes de la historia francesa.

Sin embargo, son hechos relatados sin la rigurosidad de los académicos, sino de acuerdo a los conocimientos esenciales de un ciudadano francés. Es decir afirma sonriendo, una historia distinta. Porque allá cada uno se la imagina a su manera. Diferente a la que enseñan en las escuelas .

Eso lo comprobaron en una charla del grupo, durante las festividades del Bicentenario de la Revolución Francesa. En un círculo, cada uno de los actores empezó a hablar sobre los acontecimientos. Su versión era contraria a la de la persona que lo había antecedido y diametralmente opuesta al relato siguiente.

Eso les dio para reír un buen rato y para imponerse el reto de llevar esos hechos imaginarios a la escena, es decir, a la calle, porque consideran que en esos espacios más populares, hay mayores posibilidades de imaginar. Norma de un colectivo acostumbrado a hacer un tipo de arte que bordea los límites de la locura.

Hace varios años, por ejemplo, en un festival de Toulouse norte de Francia, hicieron un tenedor de más de 10 metros de altura con el mismo material y la forma exacta de un cubierto normal.

Cuando la ciudad dormía, fueron con una máquina y le clavaron el tenedor a un bus en una importante avenida. El utensilio atravesó toda la carrocería del vehículo. Parecía un pasaboca cualquiera a punto de ser degustado por un gigante.

El hecho conmocionó la ciudad. Los automovilistas se detenían. Se bajaban de sus carros y, perplejos, se acercaban a comprobar lo que veían sus ojos. Luego, se quedaban boquiabiertos mirando al cielo por espacio de varios minutos, como buscando al hambriento tragabuses. Todo concluyó cuando los integrantes de la Compañía aparecieron en escena y confirmaron que ese bus era para ser engullido.

Lo prepararon, lo condimentaron, lo asaron y lo sirvieron a los miles de espectadores que se congregaron bajo la luz de las llamas.

La muestra es una prueba del ingenio de este grupo, que lleva trabajando 13 años con el metódo de la creación colectiva y el gesto como arma principal. Al principio, en las calles donde recibían el pago en monedas, y luego, en parques con obras cortas, en lagos donde hacían conciertos acuáticos, en árboles donde montaron una casa con todos los servicios y se fueron a vivir durante tres días continuos.

En fin, hasta que se hicieron conocidos y empezaron a ser contratados por festivales internacionales.

En su primera presentación en Colombia, en una hora, los artistas pasan las páginas que mostrarán su propia versión de Luis XIV, Juana de Arco, la historia de los castillos, la creación del globo, la Revolución Francesa, La Inquisición, la Primera Guerra Mundial, entre otros temas.

De las páginas saldrán los protagonistas, que ocupan el escenario al compás de la música original de Michel Auggier, con el vestuario de Marilou Mayeur y la coreografía de Mary Underwood. Mientras todos juegan con las máquinas inventadas por la Compañía.

Ellos vienen dentro de la muestra de Cargo 92, que para el colectivo no debe ser la celebración del descubrimiento sino, ante todo, un buen pretexto para el intercambio cultural. En su caso, traen una historia que dictarán en una clase donde se raja el que no se divierta.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.