EL MEJOR POEMA: HAMLET

EL MEJOR POEMA: HAMLET

El poema más grande del milenio? No cometo ninguna traición contra la poesía lírica si cito a Hamlet, una obra tan lírica como dramática. Sus actos carnales, sangrientos y antinaturales, / juicios accidentales, matanzas fortuitas cito de la obra forman la línea argumental, pero su estructura lírica nos da el libro y el volumen de la gran conciencia de Hamlet, trágica y burlona, arqueándose como una brillante telaraña sobre la acción dramática. Si bien el Hamlet dramático es el resultado de un asesinato, el Hamlet lírico es el resultado de todas las muertes: la muerte andando como un fantasma, desenterrada, en forma de calavera, desplomándose tras un tapiz, flotando en un arroyo, colgando del señuelo de una espada, esperando en un cáliz envenenado.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Hamlet cree sólo en la muerte, no en el más allá cristiano que era parte de la ideología de su siglo. Para él, la única cuestión es Ser o no ser. La mortalidad es una de las cosas que lo desasosiegan, la otra es el asesinato, y, al final, apenas tiene importancia si la muerte viene a través del asesinato, pues lo que veja a Hamlet es la mortalidad en sí. Incluso la carne de un rey puede progresar por los intestinos de un mendigo; al final, a todos los seres humanos les llega el momento de la muerte, de la carroña que besa el sol y del omnívoro gusano.

Czeslaw Milosz, con desagrado e ironía, considera el momento cultural europeo al que pertenece Hamlet como un tiempo en el que surge una pequeña parte de la aristocracia que cultiva la literatura y el arte, que es elegante y que se libera de las supersticiones más burdas. Esas burdas supersticiones siguen revistiendo el fantasma del padre de Hamlet, influyendo en Hamlet desde fuera, y Shakespeare da muestras de ternura por la sorpresa medieval de los centinelas ante la paz reinante en Navidad, cuando no aparece ningún fantasma, esta época es así de santa y así de misericordiosa. Pero Hamlet, por su parte aun después de haber visto al fantasma -, no habla más que de malos sueños que pueden venir durante el sueño nocturno. Los restos de sus creencias han sido eliminados por su mordaz aprendizaje universitario. En su repudio del consuelo cristiano, Hamlet marca un punto de inflexión en nuestro milenio occidental: el momento en el cual el escepticismo reflexivo que tanto desagradaba a Milosz (quien, sin embargo, lo comparte) se convierte en dominante desde el punto de vista intelectual. Tras el colapso de la autoridad religiosa viene la revolución social: El dedo del pie del campesino se aproxima tanto al talón del cortesano que llega a molestarle.

De entre las grandes obras de Shakespeare, Hamlet es la única guiada por una sola conciencia lírica. Los Macbeth son dos; Hal y Falstaff son dos; Marco Antonio y Cleopatra son dos; Desdémona, Otelo y Yago son un trío; y Lear está lleno de parejas y tríos. Hamlet no tiene hermanos, mujer ni lugarteniente que persiga la venganza junto a él: su soledad reflexiva y su estado lírico dan pie a sus monólogos.

Hamlet está siempre en el centro: el resto de los personajes están ahí para provocar, repudiar o interrumpir sus brillantes cascadas de lenguaje. Los directores reflejan esta forma lírica en el cuadro final de los personajes sobre el escenario: Hamlet está en el centro (con Horacio a su lado), y a su alrededor, vemos los cuerpos de Claudio, Gertrudis y Laertes. Por los lados rondan los otros muertos de la obra: Fortinbras padre (asesinado por Hamlet padre); Hamlet padre (asesinado por Claudio); Polonio, Rosencrantz y Guildenstern (asesinados los dos últimos de una solo golpe de mano por Hamlet); y Ofelia, que ha cometido suicidio. Por tanto, Hamlet es nuestro principal poema poscristiano, que rechaza tanto la línea argumental redentora del cristianismo según la cual Dios convierte al mal en bien y la jerarquía política estable implícita en la creencia cristiana de que la autoridad real procede de Dios. Como tantos otros poemas líricos, Hamlet tiene una estructura llena de recursos: el golpe mortal se repite en la suerte que corren todos los personajes principales; el morboso espectáculo para tontos y la trampa de ratones dan la réplica al argumento principal; y las tumbas abiertas de los inocentes Yorick y Ofelia sirven como símbolos abiertos del continuo estribillo de dolor de la tragedia. Emily Dickinson escribió: Aquel que ha encontrado a Shakespeare ha encontrado su Futuro. Lo que encontramos en este gran poema dramático, mientras oímos el acompañamiento lírico de Hamlet meditando en la escena con los sepultureros, es nuestra propia angustia.

** Helen Vendler es profesora de literatura inglesa en la Universidad de Harvard y acaba de publicar Seamus Heaney.

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