MOHANDAS K. GANDHI O EL PACIFISMO

MOHANDAS K. GANDHI O EL PACIFISMO

En la primavera de 1930, Mohandas K. Gandhi el antiguo abogado tan poco atractivo dirigió a un pequeño grupo de seguidores en una marcha de unos 385 km por la India, desde Sabarmati a Dandi, en la costa, para protestar contra la imposición del gobierno británico de un pequeño impuesto sobre la sal. Dondequiera que fuera, los agricultores y los campesinos se congregaban cada vez en mayor número para escuchar su mensaje de liberación personal y nacional. Cuando llegó a la costa, donde hizo sal de forma ilegal hirviendo agua marina, su viaje ya había movilizado a miles de indios que se oponían a la política de los británicos y dejó pasmado al propio Imperio demostrando, prácticamente por primera vez en la historia, el enorme poder de la revolución pacífica y noviolenta. El alterado virrey británico escribió a Londres que la influencia personal de Gandhi amenaza con crear una posición de auténtico bochorno... Ya ha tenido un éxito considerable al minar la autoridad del gobierno.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

La satyagraha (la palabra que utilizaba Gandhi para designar los actos de resistencia no violenta al servicio de la verdad moral) de la sal fue uno de los primeros acontecimientos importantes de su campaña de 17 años de duración para liberar a la India del dominio británico. Pero el final del colonialismo en sí, pensaba Gandhi, no bastaba para crear la sociedad justa que Gandhi imaginaba para la India. También insistía en el final de la intocabilidad la forma de discriminación y de ostracismo social más extremada de la sociedad india -, así como en la igualdad religiosa y sexual. Gandhi ha sido elevado de tal manera a la categoría de mito desde su asesinato, en 1948, que casi ha desaparecido el hombre de carne y hueso. Pero merece la posición que ocupa como resonante símbolo de uno de los fenómenos más importantes de la historia moderna: el ataque simultáneo al colonialismo y a la opresión de los individuos, que ha transformado a gran parte del mundo del siglo XX.

En términos convencionales, la gran lucha por los derechos humanos no es la revolución más importante del milenio. La Revolución Industrial transformó la vida del mundo de una forma más fundamental. Tampoco ha sido la que ha tenido más éxito. Los ideales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 sigue siendo poco más que unas pías esperanzas, si es que llega a tanto, en muchas partes del globo. Pero, de las muchas revoluciones que ha habido desde el principio de la historia moderna, la revolución de los derechos humanos parece ser la más atractiva desde el punto de vista moral y la más apremiante para el mundo de nuestra época.

La lucha por los derechos humanos tiene una larga historia. Hunde sus raíces en la antigedad, en el Renacimiento, la Reforma y la Ilustración. Encontró su expresión en las revoluciones norteamericana y francesa. Estuvo tras uno de los grandes proyectos morales del siglo XIX, la abolición de la esclavitud, y, por consiguiente, fue una parte fundamental de la Guerra Civil Norteamericana. Pero el siglo XX ha conocido una notable expansión tanto de la idea como, en muchas naciones, de la realidad de los derechos humanos. El fin del colonialismo oficial prácticamente en todo el mundo y la extensión de al menos algunas formas de democracia a una gran parte de los pueblos del mundo es producto de esta revolución. También lo es el esfuerzo de las sociedades, ejemplificado por el movimiento de los derechos civiles en Norteamérica, la lucha contra el apartheid en Suráfrica, los levantamientos contra los regímenes comunistas en Europa del Este, el movimiento por la democracia en China, el movimiento feminista, los movimientos de liberación de gays y lesbianas y muchos otros, con el fin de ampliar los derechos y las libertades individuales y de acabar con modelos de discriminación y de opresión que tienen siglos de antigedad.

Muchas grandes revoluciones crean enormes aspiraciones que raramente colman, y algunas las traicionan totalmente. La Revolución Norteamericana marcó claramente los límites a las nociones de libertad que la inspiraron, al excluir a los afroamericanos, a los indígenas de Norteamérica y, en una medida considerable, a las mujeres. La Revolución Francesa dio lugar a un frenesí de ira asesina seguido por casi otro siglo de monarquía. Las Revoluciones Rusa y China dieron lugar a la tiranía, a la opresión y al estancamiento. Sin embargo, la revolución de los derechos humanos, no sólo ha creado aspiraciones, sino que es una aspiración en sí. Las ideas que ha impreso en las mentes de hombres y mujeres de todo el mundo a pesar de los muchos aspectos en que dichas ideas siguen sin ser una realidad son quizá la fuerza más poderosa e inspiradora de la historia moderna.

** Alan Brinkley es profesor de historia de la Universidad de Columbia y es autor de Liberalism and Its Discontents.

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