EL MEJOR INSTRUMENTO MUSICAL: LA VOZ HUMANA

EL MEJOR INSTRUMENTO MUSICAL: LA VOZ HUMANA

De todos los dones de la naturaleza que los seres humanos han tenido que adaptar para transformarlos en instrumentos musicales, ninguno ha demostrado ser más versátil y sublime que el más común de todos ellos: la voz humana. En solitario, formando parte de un coro, cantando a modo de oración o en impetuosos arranques de sonidos sin palabras, la voz es una bendita paradoja, pues utiliza el mismo medio que el habla para permitirnos escapar de los límites del lenguaje.

31 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Como saben todos los músicos, los atributos físicos de la voz definen nuestras ideas musicales más básicas: los directores aconsejan de forma rutinaria a los miembros de la orquesta que respiren y canten. Todas las emociones que asociamos con la música están unidas al sonido vocalizado alto, suave, áspero, lírico igual que muchos instrumentos musicales, cuyos fabricantes llevan mucho tiempo luchando con la inevitable tiranía de la voz. Tanto el sitar, como los cálamos, los órganos de tubos, los acordeones y los saxofones (por no hablar de los sintetizadores ni de los ordenadores) reconocen la primacía de la voz humana aun cuando la evitan, la amplifican o la distorsionan. Violinistas como Paganini, Kreisler o Heifet se esforzaron en reproducir la etérea ilusión de la voz; los guitarristas utilizan el vibrato para emular sus tonos cálidos; los instrumentos de metal encuentran su sonido más glorioso cuando responden a los coros. El piano, ese advenedizo de fabricación moderna, ha intentado acomodarse a la voz, dando a la vez un acompañamiento de percusión al lirismo vocal y hechizando a los pianistas para abordar la formidable tarea de simular la línea de la voz.

Ni siquiera las exigencias de los tiempos modernos, con el obsesivo Sprechstimme de Schoenberg o la sonoridad grotescamente amplificada del heavy metal han sido capaces de agotar la infinita capacidad de la voz humana. Combinada con todo tipo de lenguajes, instrumentos y configuraciones melódicas, penetra en el ámbito de lo ordinario para imprimir en las mentes de los oyentes un sentido de la humanidad que es exclusivamente suyo.

Leon Botstein es director musical de la American Symphony Orchestra.

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