PARA LA PAZ

Parodiando a Neruda, es tan corto el espacio y es tanto lo que hay que decir , que a veces no encuentra uno cómo empezar un artículo y a continuación enflautar mil ideas en los dos mil trescientos caracteres asignados. Incipiam. Les sobra razón a Eduardo Sarmiento y a Carlos Lemos Simmonds. El modelo económico iniciado por la administración Gaviria, y continuado con frenesí por el gobierno del cambio, hace rato que, gracias al equipo que lo dirige, se fue por el abismo. Y el país con él.

29 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Yo bautizaría al equipo económico del gobierno del cambio, incluida la Junta del Banco de la República, como la La Liga de la Acción , pues son idénticos a ese grupo patético de muñecos ineptos que protagonizan este segmento de Kablam. La Liga de la Acción, digo, el equipo económico del gobierno del cambio, ha conseguido, tras mucha brega y esfuerzos muy intensos, crear quinientos mil nuevos desempleos en año y dos meses; dejar sin casa a más de un millón de deudores de upac; arruinar la educación; cerrar los hospitales; feriar las empresas estatales que son, o eran, patrimonio de los colombianos; liquidar el mercado interno y hacer polvo nuestras fuerzas productivas. Puede pedirse más acción? Como bien lo expresa Carlos Lemos, una mala economía genera tanta violencia como la subversión .

Los colombianos queremos paz. Quedó archidemostrado con la gran marcha del 24, en que más de diez millones de compatriotas refrendaron en las calles su decisión de rechazar la violencia, en todas sus formas, y de conquistar la tolerancia. Es un primer paso. Ahora, que pretender paz sin bienestar equivale a preparar lechona sin marrano. Y bienestar es lo que no tendremos en Colombia mientras se insista en aplicar el salvaje modelo neoliberal.

Paradoja. Ninguno de los que estamos en la oposición desea que el presidente Andrés Pastrana fracase en su gobierno. El más empeñado en fracasar parece ser el propio mandatario. Ha cerrado sus oídos a los buenos consejos, sólo quiere escuchar las voces de sirena que lo empujan al peligro y rehúsa verse en otro espejo que no sea el de los halagos. La paz exige, señor Presidente, además de su perseverancia admirable, y por todos aplaudida, de avanzar en el diálogo con los insurgentes, un cambio a fondo en la política económica, donde lo que prime sea el bienestar colectivo y no el rentabilismo. Y... qué diablos!... se me acabaron los dos mil trescientos caracteres.

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