UN CONCURSO POPULISTA

UN CONCURSO POPULISTA

29 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Cuando oí a uno de los más connotados constituyentistas decir que el articulado de la nueva Constitución podría producir una carcajada internacional, recordé la historia de Pedro, un amigo que durante sus tiempos de estudiante montó un día una bulliciosa fiesta en su casa y su mamá le pidió, en privado, que bajaran el tono, amenazando con que si no lo hacían se les iba a aparecer disfrazada con su bata de india guajira. Pedro, burlón, le contestó: Mamá, se van a reír de ti . Y la sabia señora le respondió: Sí, Pedro, tus amigos sí, pero tú no.

Es la sensación que produce la Constituyente. El mundo se reirá de los venezolanos, pero nosotros no tendremos motivo para risas. A nosotros nos tocará sufrir las consecuencias de un enorme disparate.

No puede ser de otra manera. Una constitución escrita en semanas, en medio de un gran desorden y por gente que está en campaña para optar a diversos cargos públicos, no puede resultar de otra manera. El gobierno y sus partidarios en la Asamblea perdieron una oportunidad de oro con la confección de la nueva constitución y mostrarles al pueblo y al mundo entero cómo se pueden hacer las cosas en Venezuela de manera muy distinta a como se han hecho en el pasado. Era la oportunidad para convocar a un gran debate nacional, ordenado y productivo, de donde saliera lo mejor del país y reflejarlo en su Carta Magna. Era la oportunidad de mostrar lo mejor que tenemos, de revisar ampliamente la experiencia internacional en materia constitucional, de analizar y discutir a fondo nuestra propia experiencia nacional en esa materia. Era esa la oportunidad, de contraponer esquemas alternativos de desarrollo económico, de comparar visiones distintas sobre lo que debe ser el papel del Estado en la economía y en la sociedad. Era la oportunidad de hacer un balance de lo que han sido varias experiencias de reformas administrativas por las que ya hemos pasado. Era la oportunidad de un auténtico ejercicio democrático, al cual por cierto el gobierno está siempre aspirando, pero cuando tiene una oportunidad como esta, la desperdicia.

A los constituyentistas lamentablemente no les sucedió como a los apóstoles. Sobre ellos no descendió el Espíritu Santo en forma de lengua de fuego para iluminarlos. Al contrario, han logrado convertir la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en una especie de concurso de oportunismo, populismo, protagonismo y exhibicionismo, por ver quién introduce la disposición más radical o más populista o más bizarra. Todo en medio de la mayor incultura, tanto en lo jurídico, como en lo económico y lo social.

Podría decirse que me estoy adelantando a los acontecimientos. No ha sido aprobado el texto ni tampoco ratificado en referéndum ni mucho menos ha sido aplicado para saber si sus consecuencias son tan graves como pienso. Pero los indicadores son demasiados evidentes. Desde su preámbulo, incomprensible e insólito, a la redacción de los artículos. Los conceptos políticos, sociales y económicos completamente desfasados. Su longitud. Su falta de coherencia. La ínfima calidad de las discusiones. El aceleramiento con que se la quiere aprobar. Lo que rodea a la ANC hace concluir lo peor.

De ser aprobada, tendremos que soportarla por muchos años. Pero queda la alternativa de rechazarla. El que tenga ojos que vea. El que tenga oídos que oiga. Estamos viendo y oyendo. Todo indica que de ser aprobados estos textos los hasta ahora conocidos harán un país más inviable que el actual.

Hasta ahora nadie parece tener dudas de que cualquier cosa que salga de la ANC será ratificada. Pero y si la mayoría dice NO? Esta alternativa comienza a tomar validez.

Creo que esa es la respuesta responsable que los venezolanos debemos dar a la propuesta de nueva constitución que se está elaborando: NO. Un NO rotundo. Hay muchos cambios que hacer, que requieren modificaciones en la actual constitución, pero con desorden, caos y anarquía no podremos exitosamente superar los problemas del país. Ni la constitución se improvisa, ni tampoco debe improvisar el gobierno.

Un NO a la propuesta de constitución podría ser una primera señal al gobierno para hacerle entender que el grave deterioro producido por su falta de capacidad administrativa e indefinición en materia de políticas, no debe ni puede ser compensado a punta de circo, especialmente si la calidad del circo es la misma de la Asamblea Constituyente. (Aipe) * Presidente del Banco Venezolano de Crédito

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