RECOMENDACIONES DE NIXON

RECOMENDACIONES DE NIXON

Se ha iniciado la ardua y compleja negociación política entre el Estado y la guerrilla, en medio de las incertidumbres de una guerra que va a ser más intensa que nunca. A pesar de quienes se empeñan en no verlo, la verdadera lucha de clases empezará ahora, a medida que se tramite cada uno de los puntos sustantivos de la agenda. Junto con nuestros mejores deseos para los negociadores, nos permitimos hacer algunas recomendaciones basadas en las que el presidente Richard Nixon proponía grabar en los muros del Salón Oval, para que las siguieran sus sucesores en las conversaciones con los soviéticos. Estas eran sus recomendaciones, con nuestros comentarios.

29 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

1. Estar siempre dispuesto a negociar, pero nunca negociar sin estar preparado. Infortunadamente, en Colombia ni el Estado ni la sociedad tienen una visión clara de lo que se espera como fin de juego : es decir, cuál es el país de postguerra deseado. Por lo pronto, inquieta preguntarse si el Gobierno tiene una propuesta de procedimientos para negociar. Las Farc ya la tienen: se avanzará en la agenda si cada punto acordado es ejecutado y cumplido a cabalidad por el Gobierno, bajo su verificación armada. Así, aspiran a convertirse en el cogobierno nacional durante la negociación.

2. No ser nunca belicoso, pero siempre firme. Sin embargo, la firmeza debe estar respaldada de una creíble capacidad de contención y disuasión. No se puede seguir percibiendo la fuerza pública y el gasto en seguridad como enemigos de la paz. Más bien, se debe entender que la debilidad militar del Estado es la principal condición para que la guerra se prolongue. Su fortaleza podría acortar el camino de la paz.

3. Recordar siempre que los acuerdos se deben hacer públicos, pero se negocian en privado. No buscar nunca publicidad que pueda destruir la capacidad de obtener resultados. No confundir el procedimiento con el resultado. Una cosa son los acuerdos públicos y otra cosa los acuerdos discutidos públicamente. Lo primero es necesario, lo segundo no funciona.

4. No dar nunca unilateralmente lo que puede utilizarse para negociar. Es lo que el Gobierno no logró desde el comienzo: hacer que su adversario siempre dé algo a cambio de lo que obtiene. Es muy peligroso seguir haciendo concesiones unilaterales, solo para demostrarle buena voluntad a la guerrilla. La negociación es un asunto político, no de relaciones públicas. Un adversario tan duro como las Farc nunca paga esas concesiones. Por el contrario, las percibe como síntoma de debilidad y como el costo obvio que el Gobierno debe asumir para que la guerrilla le conceda la gracia de seguir dialogando.

5. No permitir que el adversario subestime lo que haríamos en respuesta a un reto. Si bien no hay que dejar que el adversario sepa lo que vamos a hacer, es aún más importante no decirle nunca por adelantado lo que no haríamos. Por ejemplo, la suspensión de los diálogos y el fin del despeje no se pueden descartar como instrumentos de presión. Pero si el adversario sabe que, pase lo que pase, el Gobierno no va a romper la negociación y la guerrilla va a seguir ocupando el área despejada, no se medirán en sus abusos ni en sus posiciones de fuerza. Si uno no está dispuesto a pararse, no se debe sentar a la mesa. Esta ha sido la actitud de la guerrilla y con ella le ha ganado al Gobierno todas las pruebas de fuerza.

6. Dejar siempre al adversario una posición de retirada que le permita salvar la cara . Esto es importante cuando se ha recuperado la iniciativa en el proceso. Mientras tanto, hay que preocuparse de salvar la propia cara, sin quedárselo debiendo a la guerrilla, como sucedió cuando el Gobierno dijo que el despeje era ilimitado y en medio del rechazo general a este anuncio las Farc tuvieron que decir que ellas lo consideraban inconveniente.

7. Dejarse siempre espacio propio para maniobrar. La primera obligación es no enredarse a sí mismo con exigencias insostenibles que se tendrán que echar luego para atrás, porque se ha renunciado previamente a presionar a fondo, y el adversario lo sabe. En esto el Gobierno parece tener dificultad para aprender. Un poco más de cálculo reposado de la siguiente jugada y menos afán para salir del paso le vendrían bien.

Puede que estas recomendaciones no garanticen el éxito inmediato de las negociaciones, pero tal vez ayuden a prevenir su fracaso prematuro. También podrían contribuir a fortalecer el proceso mediante un aumento de la confianza ciudadana en el Gobierno, pues nada atenta más contra sus posibilidades de éxito que su progresivo aislamiento. No hay que olvidar que la legitimidad del proceso es la única garantía de que el resultado de la negociación sea respetado y duradero

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.