EL EJEMPLO DE MOGOTES

EL EJEMPLO DE MOGOTES

En un emocionante acto en el Teatro Colón, el Pueblo de Mogotes, Santander, recibió ayer el Premio Nacional de Paz, convocado hace seis meses por EL TIEMPO, El Espectador, El Colombiano, la revista Semana y la fundación alemana Fescol. Es la primera vez que se otorga este premio, ideado con el objeto de destacar la labor de personas u organizaciones dedicadas a desarrollar procesos de paz locales o nacionales, que contribuyan a resolver el conflicto armado en Colombia.

29 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

Resulta interesante recoger las razones que llevaron al jurado compuesto por ocho personas de las más altas calidades intelectuales y humanas a premiar a los 11.500 habitantes del pequeño pueblo de Mogotes, en la provincia santandereana de Guanentá, que reaccionaron colectivamente ante la toma del pueblo y la retención de su alcalde por el Eln, en diciembre del 1997. La presión unificada de los ciudadanos de Mogotes logró la liberación del alcalde, a quien luego le revocaron el mandato por corrupto y por el incumplimiento de sus deberes. La comunidad redactó entonces un proyecto de desarrollo que recogía las necesidades locales y, con el compromiso de cumplirlo por parte de los candidatos a la alcaldía, convocaron a una nueva elección.

Se trata de una experiencia realmente aleccionadora, que refleja un admirable nivel de participación popular y solidaridad cívica para reclamar y ejercer acciones de gobierno y de justicia social, al mismo tiempo que se rechaza la violencia y la intimidación armada. Como bien lo resalta el acta del jurado, el caso de Mogotes no solo demuestra la validez de las vías legales y la importancia de la organización comunitaria, sino que constituye un valioso ejemplo para quienes buscan modelos para construir la paz a partir del consenso de la sociedad civil, del sector público, con la participación activa de la comunidad.

En la entrega del Premio Nacional de Paz también se destacaron otras significativas experiencias. Es el caso de las comunidades de paz de Urabá, por su esfuerzo y trabajo no violento en defensa de su derecho a no ser involucradas en el conflicto armado. Se trata, además, de comunidades desplazadas por la violencia que han iniciado un proceso de reconstrucción de identidad y de sus valores culturales. Se reconoció, asimismo, la valiosa experiencia de las comunidades indígenas del Cauca, a través del proyecto Nasa, para reclamar su derecho a la tierra y proclamar su neutralidad como expresión de su identidad cultural.

Reconocimiento especial recibieron las figuras de Jaime Garzón y Jesús Antonio Bejarano, víctimas absurdas de la creciente intolerancia y de la degradación del conflicto armado, que serán recordados siempre como dos colombianos que cada cual a su manera dieron lo mejor de sí mismos en procura de la paz para su país.

La idea del Premio nació de una reflexión colectiva acerca del papel que, más allá del puramente informativo, deben desempeñar los medios de comunicación en relación con el proceso de paz y el atroz conflicto que vive Colombia. Partíamos de la íntima convicción de que a lo largo y ancho del ensangrentado territorio, miles de colombianos trabajan discreta y calladamente en la construcción de proyectos de vida.

No nos equivocamos. Las más de 280 postulaciones recibidas, provenientes de todos los rincones del país, confirman que una vasta comunidad de colombianos no solo reclaman la paz, sino que trabajan todos los días para sembrarla.

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