UN ACTO DE FE EN COLOMBIA

UN ACTO DE FE EN COLOMBIA

El balance del siglo que termina no es para Colombia lo positivo que hubiera podido ser. A pesar del avance en varios indicadores macroeconómicos -tamaño y crecimiento del PIB, ingreso per capita, reservas internacionales, inversión extranjera, infraestructura física, comercio exterior, presupuesto público y patrimonio nacional-, lo cierto es que nuestro desempeño relativo deja mucho que desear, numerosas naciones progresaron más que Colombia en los últimos cien años.

08 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

En materia social, a pesar de grandes logros en la cobertura de salud, educación, servicios públicos, y en bastante menor grado en los campos de la justicia y la seguridad, lo cierto es que tenemos todavía un déficit amplio, una abultada deuda social.

En el terreno político, la evaluación de lo sucedido desde 1900 tampoco rinde resultados satisfactorios. En lo positivo hay que registrar la superación de la violencia entre los partidos tradicionales como también merece reconocimiento especial la nueva carta de navegación -la constitución del 91- que fija metas ambiciosas y principios dignos, a la altura de lo que debe guiar a una sociedad civilizada. Además vale la pena destacar la solidez de nuestra democracia que resistió -con una sola interrupción hace ya casi medio siglo- las duras pruebas a la que fue sometida a lo largo de los cien años. Y la mejor noticia en el plano político es que la sociedad civil ya no es tan solo un concepto sino una creciente fuerza viva que se está convirtiendo en el más poderoso agente de cambio hacia un mejor futuro. Pero no podemos sentirnos complacidos: las instituciones deben fortalecerse, la mayoría de los políticos atiende sus intereses y no los de la comunidad, la apatía electoral persiste, la corrupción es alarmante, los partidos políticos están débiles, y la más grave, la absurda violencia nos carcome día a a día con impresionante crueldad.

Ante un cuadro tan desolador se podría creer que el panorama para el siglo XXI es desalentador. Podría pensarse que no hay nada qué hacer, que Colombia va rumbo al caos, que las tendencias apuntan hacia un negro porvenir para nuestra agobiada nación.

Sin embargo, no es esa la visión que tenemos del futuro. Así como somos francos en declarar nuestro inconformismo por los resultados de un siglo en buena parte desperdiciado, somos igualmente sinceros en confesar nuestra inquebrantable fe, nuestra confianza plena en que vendrán tiempos mejores. Cuáles son entonces las razones que alimentan nuestra esperanza?.

En esencia, hay una sola gran justificación de nuestro optimismo: hemos aprendido -o estamos aprendiendo- las duras lecciones de los fracasos y las derrotas que nos han castigado con severidad en estos últimos cien años.

Hemos aprendido que el desarrollo económico sostenido y saludable sólo será posible mediante el trabajo honrado de todos los colombianos durante toda una vida. Hemos aprendido que la educación y la salud son los pilares fundamentales del progreso social y que hasta que todos los colombianos no tengan acceso pleno y de calidad a estos servicios, no podremos avanzar.

Hemos aprendido que mientras el interés particular prevalezca sobre el bienestar colectivo, nada lograremos. Hemos aprendido que somos un país pobre pero con un gran potencial y que para salir de la pobreza debemos ahorrar para poder invertir.

Hemos aprendido que hay que hablar menos y hacer más. Hemos aprendido que el vacío que deja la pasividad de la gente buena es ocupado por los actos destructivos de la gente mala. Hemos aprendido que solo si respetamos las leyes -todas las leyes, todos los ciudadanos, todo el tiempo- podremos ganarle la partida a la anarquía. Hemos aprendido que si nuestras empresas no se manejan con austeridad, con obsesión por los clientes, con herramientas modernas y con el recurso humano como su mayor ventaja competitiva, no será posible subsistir y crecer.

* Director de Portafolio. Palabras pronunciadas en la ceremonia de entrega de premios Portafolio empresarial 1999 y de los reconocimientos a la mejor empresa y empresario de Colombia en el siglo XX.

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