VERSOS PARA EL MAR

VERSOS PARA EL MAR

Rafael Alberti, último exponente vivo de la llamada Generación del 27 y uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX, no consiguió hacer realidad su sueño de alcanzar el próximo milenio. Ayer jueves, poco antes de la una de madrugada, la muerte lo sorprendió en su casa de El Puerto de Santa María, en la bahía de Cádiz, donde había nacido hace 96 años. Un paro cardiorrespiratiorio produjo el deceso.

29 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

El cadáver de Alberti fue incinerado ayer por la tarde en la vecina población de Chiclana. No hubo capilla ardiente: él no la quería. Sus cenizas serán arrojadas hoy sobre las aguas atlánticas de la bahía a la que tantas veces cantó. Era su deseo. Uno de los primeros en manifestar por escrito su pésame a Aitana, única hija del poeta, y a su viuda, María Asunción Mateo, con quien contrajo segundas nupcias en 1990, fue el rey Juan Carlos de España.

La vida de Rafael Alberti puede calificarse de intensa y prolífica. Nacido el 16 de diciembre de 1902 en el seno de una familia acomodada y de ancestros italianos e irlandeses, vive una infancia feliz en la costa andaluza hasta que, a sus 14 años, se marcha con sus padres y hermanos a Madrid. Es entonces cuando lo deslumbra el Museo del Prado y descubre su gusto por pintar, una pasión que no abandonaría jamás.

Alberti incursiona en el mundo de las letras en 1924, año en que por consejo médico tiene que trasladarse a las afueras de Madrid. Su primera selección de poemas, Marinero en tierra, da en 1925 un auténtico aldabonazo al ganar el Premio Nacional de Literatura de cuyo jurado forman parte Antonio Machado y Ramón Menéndez Pidal. Dos años después, organiza con Gerardo Diego la conmemoración del tricentenario de la muerte de Góngora, a la que asisten varios poetas que empiezan a ser conocidos como de la Generación del 27.

En 1930, Alberti se casa con María Teresa León, que había dejado a su esposo y sus dos hijos por unirse al poeta, y se afilia junto a ella al Partido Comunista. Cuatro años más tarde, de regreso de un viaje por Rusia, funda la revista Octubre y les da cabida a numerosos escritores de izquierda. Todo cambia el 18 de julio de 1936: el general Francisco Franco comanda un levantamiento militar. Alberti y su esposa, de viaje en la isla de Ibiza, se ven obligados a ocultarse.

De vuelta en Madrid, corre al Museo del Prado para salvar varias joyas pictóricas de las bombas que caen sobre la ciudad. Pero en marzo de 1939, cuando Franco controla el poder, debe marcharse al exilio. Primero a París, donde trabaja como locutor y vive junto a Pablo Neruda. Luego, a Argentina, en la que pasa 24 años y donde publica el primer tomo de su poemario La arboleda perdida. Por último, en 1963, a Roma, de donde retorna a su país el 27 de abril de 1977, año y medio después de la muerte del dictador. Me fui de España con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta en señal de concordia , dijo al aterrizar en el aeropuerto madrileño de Barajas.

Entonces recorre España dando recitales y recibiendo doctorados honoris causa y premios como el Cervantes (como dato curioso, por ser él de ideología republicana no acepta el Príncipe de Asturias). Desde 1992, con 50 obras de poesía, prosa y teatro en su haber, Alberti vuelve a El Puerto para leer, caminar, tomar vino. Y morir. Ayer.

La Generación del 27 Recibe el nombre de Generación del 27 aquel grupo de poetas célebres que hicieron presencia en las letras españolas desde mediados de los años 20 hasta los bien entrados los 30 e incluso más allá. Para la mayor parte de los académicos, sus máximos exponentes fueron Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Manuel Altolaguirre y Rafael Alberti.

Habían bebido en las fuentes de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, pero intentaron inspirarse en antiguas baladas, estrofas y canciones, así como en los complicados versos del poeta Luis de Góngora y Argote, nacido en Córdoba (Andalucía, España) en 1551 y muerto en la misma ciudad el 23 de mayo de 1627. Su idea era introducir en la poesía el mundo las imágenes y no sólo resaltar aspectos como la razón y la lógica.

Fue precisamente la conmemoración en el Ateneo de Sevilla del tricentenario del fallecimiento de Góngora, organizada por Alberti y Diego con el ánimo de reivindicar al cordobés, lo que dio pie al nombre de esa generación de poetas, que también convivieron con personajes del cine, como Luis Buñuel, y de la pintura, como Salvador Dalí.

Estos son algunos de sus máximos exponentes: Vicente Aleixandre: (1898-1984). Premio Nóbel de literatura en 1977, autor de el libro Espadas como labios con el que ganó premio Nacional de Literatura en 1934.

Federico García Lorca: (1898-1936). Es el escritor español más famoso del siglo XX, entre sus escritos se destacan El romancero gitano, La casa de Bernarda Alba y Yerma. Murió asesinado durante los primeros días de la Guerra Civil española.

Pedro Salinas: (1891-1951). Tradujo escritos de Paul Valéry y Marcel Proust a la lengua castellana. Es el autor de obras como Presagios, que publicó en 1924, Fábula y signo en 1931 y Razón de amor en 1934.

Jorge Guillén: (1893-1984). Sus escritos son un ejemplo de poesía casi pura, en la que abunda el espíritu geométrico del que hablaba Valéry. Entre sus escritos más importantes se cuentan: Cántico, que publicó en 1928, y Clamor con el que ganó en 1976 el premio Cervantes.

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