LA PAZ EN CÁPSULA

LA PAZ EN CÁPSULA

La paz no se consigue a la vuelta de la esquina. Pero como tampoco es ciencia ficción, tarde o temprano la alcanzaremos. Mientras llega podemos imaginar cómo se logró y contárselo a la generación del 2100, en el siguiente registro que dejamos en una cápsula.

08 de octubre 1999 , 12:00 a. m.

La paz nos costó sudor, sangre y lágrimas y casi un cuarto de siglo. Después de muchas dilaciones, fue definitivo reconocer un país con rabo de paja. Un país que se relajó éticamente, complaciente y con una cascada de justificaciones para todo.

Como unos monopolizaban la riqueza, otros sacaban su tajada. Mientras unos acaparaban el poder político, otros buscaban desbancarlos para lo mismo, o sin una carta de navegación clara. Como unos asaltaban el erario, otros pescaban en río revuelto.

Como había un narcotráfico poderoso que penetró la economía, la sociedad y sus instituciones, algunos lo usufructuaban desde la política. Mientras unos mataban a sus adversarios políticos o de otra índole, los otros respondían con lo mismo. Cualquiera que asomara la cabeza para promover una salida era héroe muerto.

Cada sector tenía su propia zona de distensión. Hasta sectores de la academia se radicalizaron y tenían las suyas para dogmatizar sobre economía y política. El país se llenó de esas zonas y aumentó la tensión.

Las normas y las instituciones que se creaban, reproducían lo mismo. Los acuerdos se pactaban sabiendo de antemano que no se cumplían. Lo peor era que creíamos que íbamos bien y nos comíamos el cuento.

Cuando se sumaba todo eso, el resultado era inequidad, corrupción, pobreza, impunidad, confusión, caos institucional y político y un Estado sin legitimidad. Pero se hizo el milagro. Cada sector quemó su rabo de paja, se despojó de sus intereses y se creó una sola zona de distensión en armonía con los demás, la de Colombia, para soñar libremente.

El país se autointervino con cascos azules, amarillos y rojos. La capacidad creativa de los colombianos se puso al servicio del país. La economía creció con equidad y el poder se redistribuyó. Así fue que Colombia empezó a construirse como una de las naciones más prósperas de Latinoamérica.

Con el tiempo, algunos de los protagonistas del proceso de paz se convirtieron en catedráticos y asesores de gobiernos de otros países; apacibles propietarios de granjas agroindustriales y biotecnológicas en las verdes campiñas antes sembradas de coca y pobreza, o socios de empresas aéreas como la que dejó a sus herederos la compañía Tiror G. Air.

*Investigador

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