VIVIMOS COMO MICOS

VIVIMOS COMO MICOS

A los 28 años de edad Roosvelt Díaz Domínguez no ha tenido la fortuna de pasar por un aula de clases.

26 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Apenas acaba de conocer Granada y Villavicencio, pues desde niño fue jornalero y en los dos últimos años y medio guerrillero.

Nunca salió de las montañas de Vistahermosa y Uribe donde sus primeros pasos los dio al lado del machete, el azadón y las vacas.

La vida no le dio otra posibilidad y hace dos años y medio lo convencieron para que hiciera parte de la guerrilla.

En el frente 27 de las Farc dejó de llamarse Roosvelt como lo bautizaron sus padres, le empezaron a decir Aristides . Le dieron charlas políticas, lo entrenaron para la guerra y le dieron como su eterno compañero un fusil.

Con su arma de dotación recorrió Vistahermosa y Uribe: la pasábamos recorriendo caminos, vivíamos como micos, de montaña en montaña .

Dice que prestó seguridad en las incursiones de la guerrilla en Toledo, San Juan y Uribe. No conoció al Mono Jojoy ni a Tirofijo , pero conoció a cerca de 30 niños de once, doce y trece años que fueron reclutados por los subversivos y preparados para la guerra.

También observó que a las guerrilleras que quedan embarazadas les dan unas pastas para que aborten.

En los últimos días que estuvo en la guerrilla lloraba mucho, pues se sentía aburrido y marginado por los demás compañeros del frente subversivo.

Su preocupación fue mayor cuando se enteró que dos sobrinos estaban prestando servicio militar en el Ejército, con el propósito de obtener la libreta militar. Eso lo podría estar investigando la subversión.

Eso lo llevó a pensar que en cualquier momento el comandante del frente guerrillero le hiciera un consejo de guerra. Cuando eso pasa, pues no se vuelve a saber del guerrillero, sólo dicen que se encuentra en la montaña .

Durante los últimos días estaba en el retén de seguridad en Vistahermosa y una noche se decidió a fugarse de la guerrilla. Una noche salió en ropa interior con el fusil y la ropa en la mano en momentos que llovía sobre la población.

El lunes llegó a Granada hacía las 5:30 de la mañana, después de caminar durante cuatro días. A unos cien metros de donde vio una luz que daba sombra a unos uniformados escondió el fusil en una alcantarilla.

Era el Batallón 21 Pantano de Vargas, que tiene como sede Granada, a donde se entregó.

Ahora sólo pide que lo ayuden pues no quiere regresar a las filas de la guerrilla, pues le cogió rabia porque lo trataban mal, le decían groserías y sobre todo porque tiene miedo de perder su vida.

El brigadier general Francisco René Pedraza Peláez, comandante de la Séptima Brigada del Ejército aseguró que el pecado de este guerrillero es ser analfabeta.

Roosvelt no sabe que futuro le espera, lo único cierto es que quedó a disposición de la Fiscalía Regional de Oriente.

Pie de foto: Roosvelt apenas aprendió a contar los primeros números con los proyectiles de dotación para el fusil que le entregó la guerrilla.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.