CARLOS GUSTAVO ARRIETA FILÓSOFO EN LA SOMBRA

CARLOS GUSTAVO ARRIETA FILÓSOFO EN LA SOMBRA

Primero quiso ser piloto. Luego decidió que se haría inventor y pensó que de la mano de la ingeniería podría traspasar el umbral de lo simple, leve y cotidiano para aproximarse a terrenos abonados al hallazgo de cosas sorprendentes... Un año en la universidad, en medio de cálculos matemáticos y fórmulas exactas, le sirvió para convencerse de que sus inclinaciones tenían otra dirección: el análisis de los fenómenos sociales a través de la óptica del derecho y la dialéctica filosófica, los cuales le resultaban apasionantes.

14 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Entonces, el joven aquel que a sus 17 años había dicho, en contravía de la tradición familiar, que la abogacía le parecía jartísima , se fue a la facultad de derecho y, más tarde, llegó al exclusivo foro de Harvard.

Ciencia jurídica y economía han estimulado, desde entonces, sus inquietudes intelectuales... No fue por azar que a los 24 años, cuando ya orientaba una cátedra en los Andes sobre comercio internacional y régimen cambiario, trabajara como asesor del Ministerio de Hacienda.

En medio del rigor de los textos y la aparente aridez de los temas que le son afines, nunca renunció a descubrir cosas, a estudiar nuevas tendencias del derecho y a explorar fórmulas de interpretación. Muchas veces se ha presentado como un finalista , es decir, como el hombre aquel que explora en busca del fin último de las normas que sirven de apoyo a la justicia.

Con la complicidad de sus pocos momentos de ocio, que en él son un simple cambio de actividad, escribe especulaciones literarias y filosóficas siempre inéditas. A la imprenta han ido temas más formales: Letras de derecho económico o Respuesta institucional y financiera al desarrollo urbano en Colombia, por ejemplo.

Es bogotano, nació el 30 de agosto de 1950, pero está orgulloso de sus ancestros costeño y santandereano. Su refinamiento no riñe con el espíritu alegre y su carácter franco.

Un poco de jazz para relajarse y de Bach para reflexionar. Langostinos para comer sin acelere. Eso sí, nunca va a la cocina, excepto para ayudarle a su esposa a disponer los platos. Mientras ella y el horno trabajan, el aguarda con un whisky en la mano.

Por fuera de su mundo hiperactivo jornadas de 12 y 13 horas procura ofrecerles todo el tiempo disponible a su esposa y a Camila, Santiago y Helena, sus hijos.

Sólo pudo ir cumplidamente a almorzar a casa durante los siete meses que trabajó como consejero de Estado. Como investigador de cátedra, como abogado litigante y, ahora, como Procurador General de la Nación, rara vez ha vuelto a hacerlo.

Pensar un nuevo modelo de fiscalización y de control de gestión como jefe del Ministerio Público y enfilar baterías en defensa del interés común son ahora las metas de Carlos Gustavo Arrieta.

Atrás quedaron los sueños de Icaro y los trances de genialidad del arrepentido estudiante de ingeniería.

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