DRAMA DE 1.600 ENFERMOS MENTALES

DRAMA DE 1.600 ENFERMOS MENTALES

Las paladas de tierra chocaban contra el ataúd. Una a una fueron tapando el féretro en el que estaba Lucy, una joven de 21 años de edad, que sufría de retardo mental agudo.

21 de junio 1999 , 12:00 a.m.

Murió el pasado 10 de junio luego de permanecer doce años interna en el Centro Femenino Especial José Joaquín Vargas, de Sibaté (Cundinamarca).

Y fue enterrada allí, ya que este centro, al igual que La Colonia y el hospital neurosiquiátrico Julio Manrique, donde atienden 1.600 pacientes, tiene cementerio por aquello de que el que entra no vuelve a salir , como le pasó a Lucy.

La gente entra por el resto de la vida , sostiene Fredy Tovar Contreras, médico de la Universidad Nacional y coordinador de la casa José Joaquín Vargas.

La frase se ha convertido casi que un lema, apoyado por estadísticas donde no aparecen casos de pacientes recuperados. Al contrario, cada año, ingresan en promedio 20, gracias a los 20 cupos que han dejado los pacientes que mueren en el mismo lapso.

El gerente de la Beneficencia de Cundinamarca, Alex Vernot, encargado del funcionamiento de estos centros, no duda en hacer una cruda autocrítica y calificar los sitios como depósitos humanos .

Los tratamientos A veces -añade Vernot- se limita a cumplir con las necesidades básicas de comida, droga y vestido , cuando en realidad el tratamiento implicaría una formulación integral de resocialización, asistencia sicológica y opciones de trabajo ocupacional.

Durante una semana, el médico español Tibursio Angosto Saura, asesor de la Organización Panamericana de la Salud, realizó una valoración de lo que está ocurriendo en el hospital Julio Manrique. Sus conclusiones atacan dos frentes. Uno el aislamiento de los pacientes en un mundo que no les permite volver a la sociedad. El otro, la excesiva dependencia de los enfermos.

El fin de la rehabilitación es que el paciente sea autónomo y viva por su cuenta. No que siga dependiendo de la institución , afirma Angosto.

José Gabino Martínez, representante del ministerio de Agricultura de Cuba, y quien ha trabajado durante cinco meses en Sibaté, dice que en los centros hay una situación por resolver: Aquí el tratamiento del enfermo no tiene un contenido ocupacional y pienso que eso no es correcto . A su juicio, la rehabilitación será imposible mientras los pacientes se vean limitados a dormir, desayunar, almorzar y comer.

A Gabino la resulta difícil creer que no se estén utilizando cerca de 500 hectáreas que tienen los centros de salud mental. Su país lleva 15 años aprovechando la tierra y rehabilitando a los pacientes siquiátricos a través de terapias agropecuarias. Es decir, de actividades agrícolas que los vinculan con el entorno social, los hacen sentirse útiles y elevan su autoestima.

En el Julio Manrique, sólo 180 de los 470 pacientes se ocupan en labores como la fabricación de colchones, escobas y muebles. Los demás, literalmente vegetan y esa es la peor parte del drama..

El ejemplo a seguir es Trieste, un pueblo ubicado cerca de la ciudad italiana de Venecia. Tenía un manicomio con dos mil pacientes. Los pacientes fueron integrados a la comunidad. Hoy es un centro de investigación , cuenta Tovar.

El paso inicial fue la concientización de la gente. Pero nuestra sociedad -agrega Tovar- no está interesada en rehabilitarlos, sino en quitárselos de encima .

En el José Joaquín Vargas, el 80 por ciento de los pacientes no recibe ninguna visita. La familia hasta llora cuando viene a pedir el cupo, pero ingresa el paciente y desaparecen , dice Martha Viveros, funcionaria de la oficina de Trabajo Social de la Beneficencia de Cundinamarca.

Los dejan botados como le ocurrió hace 56 años a Aracelly Salinas hace 56 años. Hoy vive en el José Joaquín Vargas porque su familia no aceptó que hubiera nacido sin nariz y sin sus extremidades superiores e inferiores.

El español Tibursio Angosto opina que una de las mayores dificultades es que la población suele ser temerosa frente al enfermo mental. Existe el estigma que es una persona violenta y eso no es cierto. No es más violento que los supuestamente normales, y los colombianos lo conocen muy bien , añade.

La Beneficencia ha anunciado las primeras medidas, además de las comunidades religiosas, se fortalecerá el equipo de profesionales especialistas. Como complemento se suscribirá un convenio con el gobierno de Cuba para convertir las tierras de los centros de salud mental en granjas productivas y de efectiva rehabilitación.

Se está haciendo un estudio socio económico de las familias de los pacientes para revaluar las mensualidades que pagan. Aquí hay gente que viene cada mes en un Mercedes a pagar en monedas 700 pesos , dice Fredy Tovar. El objetivo, más allá de las mensualidades, sin embargo, es que vuelvan a hacerse partícipes de los procesos de recuperación.

** Corte exige solidaridad de familias La discusión se originó a raíz de una decisión del Instituto de Seguro Social, donde ordenaba que dos pacientes que sufrían de esquizofrenia continuaran su tratamiento siquiátrico en casa con una vigilancia médica especial.

Los familiares de inmediato protestaron e interpusieron una tutela, donde afirmaban que temían que la agresividad propia de la enfermedad de su allegado lo llevara a cometer un ataque contra sí mismos o contra sus seres cercanos.

También alegaban no tener el tiempo suficiente para darles a sus parientes la atención necesaria.

Pero la Corte Constitucional, con ponencia del magistrado Carlos Gaviria Díaz, no encontró razonable al reclamo.

Advirtió que por encima del temor está el deber de solidaridad que tenemos unos con otros.

Y agrega: Es cierto que en el caso de trastornos mentales nos enfrentamos a comportamientos que nos resultan extraños y que difícilmente podemos explicar; empero no es el temor y el alejamiento la manera de encarar estos hechos.

No son la indiferencia y el rechazo las formas de responder a las necesidades de quienes por el afecto y por la sangre nos resultan más cercanos .

** Los treinta rescatados del olvido* Gonzalo tuvo que decirle adiós a su mejor amigo: Francisco.

Hace año y medio dejó el anexo siquiátrico de una de las cárceles del país, donde todas las tardes charlaba con Francisco. Era su única ocupación.

En cumplimiento de una decisión de la Corte Constitucional, que buscaba garantizar un tratamiento que permitiera el reintegro a la sociedad, Gonzalo y otros 60 pacientes fueron trasladados a unidades de cuidados especiales.

Gonzalo está ahora en la Fundación para la Salud, la Bioética y el Ambiente (Funsabiam), en Bogotá. Fue difícil dejar al mejor amiguito, pero aquí los trabajitos son buenos y no hay problema de nada. En el anexo era peligroso, dice Gonzalo, quien ahora se dedica a hacer escobas.

Son 17 pacientes que cuentan con un médico general, un siquiatra, un sicólogo, 13 enfermeros, un odontólogo, un trabajador social, un terapeuta y un abogado que los asesora en sus respectivos procesos.

Hemos entregado 30 pacientes a la sociedad, útiles y en sus cabales. Ya no son los parias dentro de los parias , afirma Hilda Demmer directora de la Fundación.

En los anexos siquiátricos de las cárceles del país aún continúan 200 enfermos mentales.

*Reportería de Martha Rincón

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