EMPODERAMIENTO

Cuando se ha hecho mención en pasados escritos sobre subjetividad y Colombia Federal, estamos pensando en mecanismos para empoderar a los colombianos. El esquema asistencialista bajo el cual unos pocos pertenecientes al establecimiento son responsables de nuestros problemas o proveedores de soluciones, debe erradicarse de nuestro pensamiento o mejor de nuestro comportamiento.

13 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Seguimos creyendo en caudillos y redentores, convencidos de que los demás tienen la obligación de hacer algo por nosotros. Por ejemplo, me preocupa que muchas de las universidades colombianas tienen como misión la formación de líderes, en lugar de formar personas que tengan las herramientas para decidir libremente qué quieren hacer con sus vidas.

Tengo mucho escepticismo respecto de las miles de iniciativas que pululan en el país para ayudar a las minorías, las cuales se fundamentan principalmente en capacitaciones colectivas, siguiendo metodologías de cátedra según las cuales un interlocutor revisa conceptos teóricos con una comunidad.

Puede que muchos de esos programas se constituyan en la única alternativa para alguna gente que no tiene más, pero dudo sobre su efectividad para lograr el empoderamiento que promueva el crecimiento y la fuerza para actuar en lo que cada cual decida. Seguimos formando líderes, madres comunitarias, técnicos y otros oficios, pero no seres humanos que puedan moverse libremente escogiendo y exigiendo ante un mundo cruel y cambiante.

El empoderamiento se ha utilizado mucho por las feministas, buscando despertar a la mujer del letargo de sumisión que ha caracterizado su vida por muchos años. El concepto es valioso y debe hacerse extensivo a todos los colombianos. Empoderamiento nada tiene que ver con individualismo, egoísmo, aislamiento o separatismo. Por el contrario, una sociedad de individuos empoderados que han decidido libremente es una sociedad sana, fuerte, sólida y clara.

Una región empoderada, que se conozca y se defina por sus habitantes, de acuerdo con sus necesidades, es mucho más productiva que una región que se siente abandonada de un gobierno central, frustrada por falta de reconocimiento, a la espera que otros decidan y actúen. Tanto en el ámbito de individuos como de regiones podremos hablar de alianzas, redistribución de beneficios y capital social cuando todos, tomemos conciencia de lo que somos y lo que necesitamos con claridad de que cada uno necesita cosas diferentes.

Démonos una tregua de diplomacia. Cuestionemos todo el establecimiento, las formas de hablarnos, los conductos para lograr nuestros objetivos, el acartonamiento de la relación humana que se orquesta desde Bogotá. Rompamos con el esquema y no temamos hablar para replantearnos todo otra vez. Desordenemos el tablero para reubicar las fichas.

Cambiemos de temas de discusión, oxigenemos el debate. Revisemos viejos esquemas descartados, propongamos nuevos nunca planteados, es decir, EMPODEREMONOS!.

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