LA DEMOCRATIZACIÓN DE LAS EMPRESAS

LA DEMOCRATIZACIÓN DE LAS EMPRESAS

Uno de los problemas que aqueja al mercado de valores colombiano es la falta de profundidad. Y este mal es absolutamente evidente en el mercado accionario. La profundidad se puede medir de diferentes maneras algunas subjetivas, como la representatividad de las industrias que se cotizan en bolsa frente a la actividad económica de un país.

13 de septiembre 1999 , 12:00 a. m.

Otra manera un poco más objetiva es tomar la capitalización bursátil (es decir la suma del valor en bolsa de todas las empresas que allí cotizan) y dividirla por el tamaño de la economía (medido según el PIB).

Entonces, como el primer paso sería tomar el tamaño de la capitalización bursátil (también llamada market cap), en América Latina nos encontramos que hay mercados tan grandes como Brasil y Méjico cuyo valor de empresas listadas en Bolsa (141 y 118 miles de millones de dólares, respectivamente) supera incluso el PIB total de nuestro país. Y cuando le adicionamos el cálculo de dividir cada market cap por el tamaño de la economía para poder comparar manzanas con manzanas-, vemos que Colombia, si se confronta con sus similares latinoamericanos, tiene un mercado accionario insignificante para su economía.

Mientras la razón de profundidad del mercado mejicano es del 34 por ciento y la del chileno está en un extremo del 117 por ciento, empujado por la participación de los fondos de pensiones locales, la del colombiano a duras penas llega al 12 por ciento (contando con un market cap de 10 mil millones de dólares).

Las principales razones por las cuales Colombia se encuentra tan atrasado en sus mercados de capitales, radican en un círculo vicioso: los emisores no acuden a emitir acciones, pues no encuentran demanda que haga posible la financiación por esta vía; y en términos generales, los inversionistas son apáticos a la inversión en acciones, debido a que no ven un mercado profundo.

Por eso, cualquier intento que se haga para que Colombia salga de este subdesarrollo bursátil debe ser mirado con optimismo. En el transcurso de la semana pasada se dio a conocer la noticia de que el Grupo Aval flotaría el 10 por ciento de su propiedad acudiendo a los pequeños inversionistas, usufructuando su red de distribución bancaria.

Aparentemente, el objetivo es que cualquier persona pueda tener fácilmente acceso a la propiedad de uno de los conglomerados financieros más grandes del país. Esta experiencia fue vivida de manera exitosa en el Perú con el proceso de privatizaciones, donde el común de los ciudadanos (con financiación incluida) sintieron que se beneficiaban de la prosperidad de su país.

Si a Colombia se le compara con otros países emergentes y aún más con Estados Unidos, donde una gran mayoría de hogares posee acciones, el grado de participación de los inversionistas en el mercado accionario es mínimo. Si por lo menos el primer paso de lograr involucrar a los pequeños inversionistas se logra y a eso se le suma la participación de los inversionistas de largo plazo por naturaleza (fondos de pensiones), seguramente la mitad del círculo vicioso de este mercado se rompería.

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