NO SOLO MURIÓ GARZÓN

NO SOLO MURIÓ GARZÓN

Dioselina Tibaná

19 de agosto 1999 , 12:00 a. m.

Las virtudes de esta cocinera nada tenían que ver con suculentos platos servidos con estrictos rigores de etiqueta. La cualidad mayor era su lengua (no en salsa, ni su fino paladar) que revelaba los secretos enrojecedores que se producían en la casa presidencial. Allí la confianza con sus jefes era tal que se refería a ellos como el doctor Don Gordito y la señora Yaquin . Este personaje alcanzó una trascendencia inusitada, al punto que fue tema de reflexión por parte de los más desatacados columnistas del país. Una revista llegó a catalogarla como una de las mujeres más importantes de la década de los 90.

Néstor Elí El eficiente portero del edificio Colombia. En su lugar de vigilante y recepcionista fue un auténtico celador del proceso 8.000. Su actitud, sustentada con humor, fue tal vez la más crítica, directa y mordaz que se haya presentado contra el gobierno de Ernesto Samper. Un teléfono le bastaba para que sus impertinentes charlas (fingidas, claro está) con personajes de la vida pública le dieron el tono picaresco a sus mensajes. Cuando sus diálogos estaban llegando a la parte más álgida, cortaba la conversación porque al edificio estaban llegando los señores periodistas . En esos momentos acuñó una muletilla famosa: sopas, sopas...

Emerson de Francisco Llegó a la televisión como un absoluto desconocido. Con el correr de las emisiones del noticiero que presentaba, Zoociedad, se descubrió que estábamos ante un clon bufón del presentador William Restrepo. Era el periodista atípico (reía, nunca atinaba con la fecha de transmisión del informativo, se transformaba de sopetón en un personaje de la vida nacional). Esta caracterización seguramente quedará registrada por enseñar el camino del humor político. A través de su noticiero y de secciones como La última palabra , Llamada de medianoche , Lo mismo que antes , pasaron los acontecimientos difíciles de este país.

Heriberto De la calle No es un secreto que todo lustrabotas tiene dibujada de manera particular el mundo que lo rodea. Heriberto no era la excepción. Por su caja de embolar, una especie de banquillo popular, circularon verdades y picardías que representaban las inquietudes de los colombianos de la calle, es decir, de aquellos que navegan en la vida sobre la fragilidad de un salario mínimo. Su sonrisa dispareja, su expresión humilde y honesta, era acompañada de un lenguaje brusco , válido porque estaba desprovisto de dobles intenciones, que se tomó la televisión sin rubor. Heriberto le dio brillo a lo popular.

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