Secciones
Síguenos en:
TRAVESÍA DE SOÑADORES

TRAVESÍA DE SOÑADORES

En una lluviosa madrugada de abril del año pasado, Misael Torres vio morir a una anciana en una fría sala del Instituto de los Seguros Sociales (ISS). Eran las 4 de la mañana y Torres se recuperaba de una dolencia, cuando el arqueado cuerpo de la mujer se estiró lentamente. Su arrugado rostro y sus labios se tornaron blancos, sus ojos se agrandaron, suspiró y se quedó quieta para siempre.

A Torres se le olvidó el dolor. Impresionado, comprendió que en el acto del que había sido testigo excepcional estaban los rasgos esenciales de su personaje para la obra Memoria y olvido de Ursula Iguarán.

La pieza se le convirtió a él y a su cómplice de sueños, el poeta Juan Carlos Moyano, en una obsesión. Ambos, después de trabajar durante más de una década en llave, se fijaron la tarea de construir una obra de gran alcance.

El proyecto de Torres y Moyano debía conservar la esencia básica de otros trabajos: imaginación en el montaje y grandes espacios para la puesta en escena.

Empezaron por fundar el colectivo Cien Años de Soledad. Luego, a escribir. Moyano hizo la dramaturgia. La primera fase fue desarmar el libro de Gabriel García Márquez para armar la propuesta.

Tomaron a Ursula Iguarán como eje de la obra porque, para los dos, ella es la clave de la saga de los Buendía. La columna vertebral de Cien años de Soledad. En ella están reflejados el carácter y la soledad, el amor y el pragmatismo de las mujeres del país.

Con el texto listo, tuvieron el pretexto para llamar a los demás actores, 16 en total. Después, arribaron dos músicos, cuatro técnicos y tres ayudantes de escena. Todos se metieron de lleno a trabajar con el método del laboratorio; la producción artesanal, en el mejor sentido de la palabra. La propuesta conjugaba perfectamente con el universo macondiano. Los Melquiades fueron todos: andaron de sitio en sitio pidiendo ayuda.

El pintor Javier Lasso y el escultor Guillermo Forero, diestros como pocos en el manejo de la guadua, hicieron con este económico material el catalejo, el Cristo, la cocina, las paredes, los muebles. Silvia Casas, diseñadora, rebuscó centenares de bodegas de ropa hasta que encontró el sitio más barato de Bogotá para hacer el vestuario. Una industria metálica les prestó los andamios para hacer el resto de la escenografía.

El maquillaje lo encontraron en las plazas de mercado: miel, salvado, levadura de cerveza. El rebusque fue la fórmula más usada.

Torres decidió interpretar a Ursula porque buscaban un personaje de rasgos fuertes, decidido, y por querer hacer el papel del sexo opuesto, un reto profesional para los actores.

Luego, siguieron jornadas continuas en las que el colectivo trabajó hasta quedar exhausto.

Ahora están en el Festival Iberoamericano de Bogotá. En la Plaza de Bolívar, montaron su escenario para mostrar, en una hora y cincuenta minutos, la agonía de Ursula, que sale a morirse con su vestido blanco y su pañolón negro, en una mecedora grande.

En un minuto de tiempo ficticio, recuerda algunos de los personajes que marcaron su vida: el coronel Aureliano Buendía, José Arcadio II, Aureliano Babilonia, Pilar Ternera, Amaranta, Pietro Crespi, Remedios La Bella, Amaranta, Ursula, Petra Cotes, Renata Remedios y Rebeca. EL JARDIN DECEREZOS Teatro Colón, 8 p.m.

En una de sus narraciones, Anton Chejov describió el drama de una familia y el cambio de sus relaciones a partir de la venta de un jardín. Quince personajes participan en el posible negocio de ese terreno sembrado de cerezos. La dueña es una viuda insegura que no sabe qué hacer. Lo único que tiene claro es que desea ir a París, tras su amante, sin importarle la situación en que terminen sus hijos.

La historia de El jardín de los cerezos es una pieza tradicional del teatro ruso. Desde hoy, y hasta el viernes 17, estará en el Festival Iberoamericano, presentada por el Teatro de Arte de Moscú.

La tradición dramática de este grupo se asienta en dos de sus fundadores: Konstantin Stanislavsky y Nemirovich Danchenko, que decidieron cambiar la vieja teatralidad a finales del siglo pasado. Ambos incluyeron en su repertorio teatral las obras de Chejov.

Con renovaciones que responden a las necesidades del teatro contemporáneo, Yuri Efreimov, único discípulo de Stanislavsky que permanece con vida, es quien dirige el montaje. LA DAMA DE LAS CAMELIAS Teatro Taller de Colombia, 6 p.m.

La tradicional obra de Alejandro Dumas es solo el punto de partida del montaje que realiza el Teatro de Títeres Peukalopotti, de Finlandia. El clásico francés y el moderno montaje que realiza este grupo, dirigido por Kristina Hurmerinta, solo tienen en común el tema del amor y el sacrificio y la asociación entre la mujer y las camelias.

La versión de La dama de las camelias, que se presenta a partir de hoy, pretende hacer una elegía de la tolerancia y el humanismo. En el pequeño escenario parece que el pasado, el presente y el futuro se unieran en un solo punto, rompiendo con los esquemas convencionales.

El grupo, que permanece en una constante búsqueda de nuevos lenguajes artísticos, realiza sus montajes sin hacer distinciones entre niños y adultos. Los dos tienen su espacio.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.